martes, 25 de abril de 2017

Dime, Mary Robison

Todo buen aficionado a los relatos y a la literatura norteamericana conocerá con toda seguridad a autores como Raymond Carver, Richard Ford o Tobias Wolff, representantes del llamado "realismo sucio", ese movimiento que se desarrolló sobre todo en los años 70 y que se caracteriza por la búsqueda del minimalismo en la narración. Todos los elementos que construyen el relato, personajes, situaciones, escenarios...son descritos y presentados bajo un mínimo de características. Apenas hay descripciones por lo que adjetivos y adverbios, son reducidos al mínimo indispensable mientras que el estilo directo y los diálogos cobran una gran importancia.
Lo cotidiano, escenas hogareñas, familiares, relaciones entre amigos, amantes, padres e hijos, el día a día, el trabajo, el amor, el sexo...lo que vivimos a diario es la materia prima que el "realismo sucio" transforma en literatura, con más o menos crudeza, benevolencia o ironía según el autor.
A este interesante movimiento también se adscriben escritores como John Fante, Charles Bukowski o Chuck  Palahniuk por citar los más conocidos pero...¿hay también mujeres escritoras formando parte de esta corriente literaria?...


Afortunadamente, haberlas, haylas, pero como suele ser habitual, la visibilidad y el reconocimiento, al menos, popular, es mucho menor que el de sus colegas masculinos. Escritoras como Ann Beattie, Amy Hempel, Lydia Davis, Deborah Eisenberg o la misma Mary Robison de la que hoy hablaremos, podrían considerarse herederas de este movimiento que cada una reinterpreta y desarrolla con estilo propio.


De entre todas ella, Mary Robison es considerada fundadora del minimalismo y una excelente prueba de ello son estos treinta relatos recogidos en el volumen "Dime", publicado por Alba editorial, una selección de todos los que ha escrito Robison a lo largo de veinticinco años de carrera literaria, publicados muchos de ellos por primera vez en la revista "The New Yorker".


El primer efecto que provoca la lectura de los relatos de Robison es parecido al que podemos sentir al enfrentarnos por primera vez a un cuadro impresionista que, según vamos observando con detenimiento nos va sugiriendo cada vez nuevos matices, texturas y colores. Hay relatos que parecen simples esbozos, meras pinceladas que sugieren más que no dicen, personajes que parecen surgidos de la nada, interactuando en espacios apenas descritos que entablan diálogos que empiezan y terminan cuando el lector menos lo espera. Pero resulta curioso que al acabar de leer cualquiera de estos treintena cuentos, sentimos la necesidad de  releerlos de nuevo porque la perplejidad que en algún momento nos provocan se convierte en un toque de atención que mueve el interés por releer la historia y conectar de nuevo y mejor, con los personajes y lo que nos cuentan. Y nos cuentan mucho, porque si algo caracteriza el estilo de Robison es el impecable y magistral uso del diálogo, un diálogo que suele ser rápido, ágil, realista pero también en algún momento, y según quién lo maneja, peculiar y un tanto extraño.
Hacía mucho tiempo que una narración sin apenas contexto ni descripciones no nos enganchaba como lo han hecho estos relatos. No tenemos apenas información de los escenarios ni de los mismos personajes, todo se define a través de los diálogos y éstos resultan un prodigio de acierto y efectividad, porque para narrarnos las historias que a Robison le interesa, no le hace falta apenas ningún recurso narrativo más.


No importa ni el antes ni el después de lo que se nos relata. Da lo mismo, no es relevante para lo que la escritora nos cuenta. Casi como a través del objetivo de una cámara se nos muestra una escena, unos personajes que hablan e interactúan y aun sin apenas descripciones, nos hacemos una idea muy precisa, prácticamente, cinematográfica de la acción y de lo que se nos quiere comunicar.

Los personajes de estos cuentos son personas normales y corrientes, sin grandes aventuras ni acontecimientos especiales en sus trayectorias,  hombres y mujeres de todas las edades y condiciones que pasan por la vida con su mochila de problemas más o menos cargada y con más o menos capacidades para resolverlos. No son los sórdidos perdedores de Carver, ni los desafortunados seres que suelen protagonizar los cuentos de Ford, las criaturas de Robison forman parte de la amplia familia de la Humanidad, podríamos ser cualquiera de nosotros, cualquier ser humano anónimo en cualquier momento de su vida. 

No encontraremos en estos relatos ni grandes alegrías, ni grandes fracasos, ni grandes historias ni sórdidas tragedias, tan solo momentos que por su propia sencillez y por el estilo con que los cuenta la autora, brillan con luz propia y nos ayudan a conocer un poco más a nuestros semejantes y por extensión, a nosotros mismos. La pura esencia y finalidad de la buena literatura, tan real como la vida misma.  



Fotografía del Boulevard literario





miércoles, 19 de abril de 2017

Buenos días, guapa, Maxie Wander

A mediados de los años 70, la editorial Der Morgen, propuso al escritor Fred Wander, un reportaje sobre las mujeres alemanas de la RDA. Afortunadamente, Wander tuvo la brillante intuición de delegar el encargo en su mujer, Maxie, que se entregó en cuerpo y alma a la elaboración del proyecto.

Éste consistió en entrevistar y recoger el testimonio de 19 mujeres de las más diferentes edades y profesiones; mujeres del campo y de la ciudad; solteras, casadas, con o sin hijos...un amplio espectro que trata de trazar un retrato de la situación de las alemanas en la RDA en los años 70.

Pero lo que podría ser un simple ensayo, una recopilación de datos y estadísticas, se convierte, bajo la escritura sutil y certera de Maxie Wander, en una selección de 19 voces que dan vida a 19 relatos, 19 historias que independientemente o en su totalidad, enganchan y consiguen trasmitir más información que la que se desprendería de una lista infinita de datos trasladados de la voz al papel, y todo, gracias al posterior tratamiento literario y emocional que Wander aplica al texto.

Se nota al leer "Buenos días, guapa" que es como se titula este libro que ahora publica errata naturae, que durante las entrevistas debió establecerse una corriente de complicidad y comodidad que contribuyó sin duda a que los testimonios recogidos fluyeran con facilidad, incluso con un grado de intimidad mucho mayor al que la misma editorial que encargó el proyecto, hubiera imaginado. Quizá con Fred Wander, el resultado hubiera sido otro, mejor o peor, no lo sabremos nunca, pero lo que nos atreveríamos a decir es que debido a la condición de mujer de Maxie y a esa sensibilidad que se percibe al redactar las entrevistas, la conexión entre escritora y testimonios debió resultar decisiva para la gestación del texto.

19 son las elegidas y la elección, como decíamos cubre un amplio abanico de edades y condiciones. 9 de ellas son jóvenes adolescentes o veinteañeras, chicas que a pesar de sus pocos años demuestran una extraordinaria madurez y un intenso bagaje vital, algunas, y una notable torpeza emocional, otras. Precoces en el sexo, ingenuas e inquietas, han aprendido a vivir a base de experiencias y desencantos. Ni más ni menos que como aprendemos todos, de ahí lo fácil que resulte empatizar con estas mujeres pues aun cuando el contexto socio-cultural y político difiera del nuestro, sus inquietudes, sentimientos, emociones, problemas, alegrías y sinsabores resultan universales.

Quien no conecte con estas jóvenes, quizá entenderá mejor a las 7 entrevistadas que van de los 30 a los 40 y tantos años. En estas entrevistas, el peso de la historia y la política son mayores. Por esto, y por la misma edad de los testimonios, estas 7 entrevistas son más extensas y más profundas. Se ahonda por un lado, en las relaciones personales, especialmente, las relaciones con el sexo opuesto, amantes, novios y maridos; y por otra parte, en las inquietudes intelectuales y profesionales de cada mujer, que a menudo entran en conflicto con la pareja y el cuidado de los hijos. ¿Os resulta familiar?

El broche a las entrevistas lo ponen las dos últimas, cuyas protagonistas tienen 74 y 92 años y son dos mujeres diametralmente opuestas pero con vidas igualmente complejas y admirables. Es en sus testimonios sobre los que más pesa la sombra de la guerra y el fascismo, y en los que se aprecia con toda su riqueza los registros lingüísticos y los giros que Wander a lo largo de la obra intenta dotar a sus entrevistadas, componiendo un retrato lo más fidedigno y ajustado de ellas.

Que nadie se lleve a error creyendo que este libro es de y para mujeres. Claro que lo es, pero no solo para ellas. Es una obra interesante para historiadores, sociólogos, antropólogos...lectores curiosos, inquietos, que disfruten de un texto interesante y bien escrito, que aun publicado en los 70, sigue teniendo plena vigencia... y lo recomendamos para los hombres, en general, que quieran (y deberían) conocer un poco más a fondo el mundo interior, la mentalidad, los sueños, las emociones, las esperanzas y la lucha diaria que representa aun hoy para las mujeres alemanas, y por extensión, para todas las mujeres del mundo, vivir como quieren para poder llegar a ser lo que quieran.



Fotografía del Boulevard literario


martes, 11 de abril de 2017

"Un día en la vida de una mujer sonriente", Margaret Drabble

A pesar de haber escrito una veintena de novelas, varias obras de teatro, diversos ensayos y estudios monográficos literarios e incluso varios guiones, la escritora británica Margaret Drabble tan sólo ha escrito hasta la fecha 13 cuentos, que son los reunidos en el volumen "Un día en la vida de una mujer sonriente", publicado por la Editorial Impedimenta.

¿Son suficientes poco más de una docena de cuentos para juzgar la calidad de esta autora, muy conocida en su país de origen, pero quizá no tanto en nuestro país, donde probablemente es más famosa su hermana, la también escritora A.S. Byatt?
Resulta aventurado valorar toda la obra de un autor basándonos solo en unos pocos cuentos, pero nos arriesgaríamos a decir que sí, que Drabble es una gran escritora y que estos 13 relatos son una manera perfecta para iniciarse en su escritura y conocer su talento.

Cronológicamente los cuentos están escritos desde 1966 hasta el año 2000, lo cual resulta muy interesante porque permite comprobar que la cronología de las historias va de la mano de la evolución de la propia Drabble, como escritora y como mujer.

En los primeros cuentos se aprecia un estilo más objetivo, un punto de vista que, si bien como mujer que es la autora, tiene una lógica implicación emocional y un amplio conocimiento de la situación femenina en su contexto histórico y socio-cultural, nos cuenta la historia desde fuera. Hay un distanciamiento entre narradora y protagonista, siendo ésta casi siempre una joven anónima. En estos primeros relatos parece que no importa tanto el personaje en sí como tal, sino como ejemplo o prototipo de un gran número de mujeres inglesas de la época, injustamente valoradas por su entorno, con muy baja autoestima y tendencia a tomar más de una copa de vez en cuando.  Drabble despliega situaciones generadas, la mayoría de veces, a partir de matrimonios fracasados, amores rotos, profesiones frustradas, vidas insatisfechas y sin perspectivas claras de futuro, en las que a menudo, los hijos son una posible esperanza al proyectar en ellos el amor y la vida que a sus madres les han sido negados.

Aunque posiblemente haya elementos autobiográficos en todos los relatos, es en los últimos, donde se percibe más la presencia de Drabble como narradora-protagonista. En estos cuentos escritos a partir de los años 90, nos encontramos con mujeres maduras, en plena vejez que, curiosamente en los últimos años de su vida consiguen vislumbrar más esperanza y más ilusión en el tiempo que les queda por vivir, que las protagonistas más jóvenes de los primeros relatos. Será quizá debido a la sabiduría que en mayor o menor grado le llega a uno con la experiencia, en la vejez, pero la actitud vital de Elsa, Emma, Hanna o Mary (ellas sí que tienen nombre propio), asume errores, injusticias y desencantos a cambio de perdón por el pasado, encontrando "la felicidad auténtica y permanente de la contemplación sosegada" y "un interés creciente por los sentimientos comunes y el destino compartido de los seres humanos", como dice en palabras de su admirado Wordsworth, la protagonista del último cuento.

Hay una novela de Vita Sackville-West titulada "Toda pasión apagada" en la que una anciana octogenaria se queda viuda y decide vivir a su aire los pocos años que le quedan. Ha sido inevitable que esta entrañable lady inglesa no nos pasara por la cabeza una y otra vez al leer los relatos de Drabble, y no solo por el enfoque vital que plantea, sino por los escenarios, el idílico y silvestre paisaje del campo británico (la Naturaleza despliega su poder y se convierte en un elemento de interacción esencial en los últimos relatos) y esas viejas mansiones decadentes pero hermosas, posibles metáforas de las mismas vidas de sus moradoras.

Otro referente que se nota en la narrativa de Drabble es Virginia Woolf. Como no pensar en su famosa Miss Dalloway, el leer el cuento que da título al libro, relato en el que acompañamos a su protagonista a lo largo de un día de su vida y en el se condensan y resumen gran parte de los postulados que Drabble pone de manifiesto una y otra vez a lo largo del libro: mujeres aparentemente perfectas, en el hogar, en el trabajo, con el marido, los hijos; bellas, eficientes, felices...tan perfectas que resultan imposibles. Mujeres que en un momento dado se rompen, se quiebran y a partir de la rotura, consiguen recomponer o no, sus pedazos.

Cada uno de los cuentos brilla por sí solo, todos tienen su mensaje y su razón de ser, pero de entre todos ellos destacaríamos el conmovedor "Los regalos de la guerra" y el que da título al libro "Un día en la vida de una mujer sonriente", ambos por su singular potencia narrativa, equilibrada, efectiva y contundente. Y los cuatro últimos relatos, los de madurez, porque después de todo, de todas las peripecias y frustraciones, desengaños, injusticias y maltratos que deben afrontar las heroínas de Drabble, aun hay esperanza para ellas.




viernes, 7 de abril de 2017

"Siempre hemos vivido en el castillo", Shirley Jackson

Shirley Jackson escribió 6 novelas, más de 100 relatos, 2 libros autobiográficos, media docena de cuentos para niños y algunos ensayos, una obra de lo más prolífica si tenemos en cuenta que murió a la edad de 48 años de una ataque al corazón, tras una vida marcada por la neurosis y por enfermedades psicosomáticas, entre las que sufrió: depresión, ansiedad, agorafobia...además de adicción a las anfetaminas, al alcohol y obesidad mórbida.


Hay que reconocer que, aun desconociendo este complejo y poco saludable curriculum vital, las imágenes que encontramos de la escritora tampoco nos transmiten una imagen demasiado serena ni equilibrada. Tras unas vistosas gafas de gato se observa una mirada un punto extraviada, turbia, que con el paso del tiempo parece algo enloquecida.


Sea como sea, los relatos de Shirley Jackson (especialmente destacable el terrible y crudo, "La lotería), o esta novela que nos ocupa, "Siempre hemos vivido en el castillo", publicada por la editorial minúscula, son inquietantes, terroríficos en el sentido más real y menos fantástico con el que un autor pueda escribir.


"Siempre hemos vivido en el castillo" es una muestra perfecta de cómo el lector queda atrapado en una trama donde no hay terror explícito, ni sangre, ni muertos ni fantasmas, ningún elemento sobrenatural que sirva para darnos miedo, y a pesar de todo, vamos leyendo con precaución y temor, porque los personajes, los ambientes, las descripciones nos van conduciendo a través de una historia que se lee con tensión, con el corazón en un puño por la incertidumbre de lo que está por venir.


Sabemos que un suceso del pasado ha marcado el presente de la vida de Merricat Blackwood, de su hermana Constance y del anciano tío Julian, recluidos en un viejo caserón, solos y odiados por sus vecinos. La joven Merricat, siempre acompañada por su gato Jonas, con su carácter taciturno, su mundo personal en el que la magia y las setas venenosas ocupan parte de su tiempo, nos hace imaginar al personaje como una posible bruja, pero ¿lo es?

Hay momentos que incluso la atmósfera de la narración está escrita de tal forma que dudamos de si lo que nos está explicando Jackson es real o es todo imaginario, si los personajes son de carne y hueso o fantasmas. Y es que posiblemente, lo que cautiva y engancha en esta historia es la brillante y certera capacidad de la autora por recrear una atmósfera tan inquietante y sugerente que convierte en terrible lo más banal, en terrorífico lo más cotidiano, en cruel lo aparentemente más normal.

Igual que sucede en el relato antes mencionado, "La lotería" los verdaderos monstruos son las personas normales y corrientes , los vecinos del barrio, los tenderos de la esquina, la gente con la uno se relaciona a diario sin sospechar que esconden un peligroso potencial para infligirnos daño y hacernos sufrir hasta límites insostenibles. Y no solo ellos, quizá los mismos personajes protagonistas de las historias de Jackson no son trigo limpio, quizá esconden sus propios secretos, sus propias maldades. A nosotros, los lectores, nos tocará descubrirlos. La maldad intrínseca en el género humano es lo que aborda Jackson en sus obras, desplegando el tema a través de distintas situaciones y personajes. No es de extrañar que Stephen King o Donna Tartt reconozcan en ella a una maestra pues magistral es su capacidad para atraparnos en sus historias y dejarnos literalmente sin aliento, exhaustos hasta llegar a la última página...y más allá, pues al terminar "Siempre hemos vivido en el castillo", algo de nosotros queda atrapado entre las paredes de la escondida y medio derruida casa de la familia Blackwood, de la que nos vamos, pero fascinados por su historia, no nos importaría volver...



Fotografía del Boulevard literario


viernes, 31 de marzo de 2017

"Muñeca maldita", Eduardo Hojman

"Muñeca maldita" es la primera novela del periodista, traductor, editor y escritor argentino, afincado en Barcelona, Eduardo Hojman, publicada por Librooks y con la que ha ganado el Premio Primum Fictum 2016.
Aunque , seamos sinceros, los premios no suelen ser una garantía fiable para valorar una obra literaria, en este caso, hay que reconocer que esta novela se ha ganado merecidamente el galardón.


Bajo la aparente presentación como novela negra, "Muñeca maldita" es en realidad, una obra narrativa que trasciende los parámetros propios del género policíaco combinando muchos otros elementos que enriquecen y estructuran una novela más compleja que desarrolla vías argumentales que van más allá de la simple resolución de un crimen. De hecho, a lo largo de la lectura, hay momentos en los que casi olvidamos que hay un asesinato pendiente de resolver.


Cierto que de entrada, el título nos ha hecho pensar en el Marlowe de Raymond Chandler (aunque luego nos enteramos que "Muñeca maldita" viene del verso de un tango), y la ilustración de la portada nos sugiere que la protagonista será una sensual "femme fatal" que despertará todo tipo de pasiones hasta ser asesinada, pero, cuidado, que título y portada no nos lleven a engaño, porque la novela va por otros derroteros y, por fortuna para el lector exigente, es mucho más interesante que una historia típica y repetida del género.


Para empezar pues, que nadie espere una novela policiaca plagada de crímenes, sangre y violencia. Que nadie espere personajes arquetípicos ni situaciones repetidas hasta la saciedad en las novelas negras. Tenemos entre manos una novela que no se conforma con plantear "crimen y castigo".
"Muñeca maldita" arranca con un crimen, sí, el de la profesora universitaria Alicia Vespérale, y a partir de ahí, Hojman nos va presentando a todo el círculo de amigos, amantes, alumnos, colegas que tenía Alicia, a fin de encontrar entre ellos al presunto asesino, pero este abanico de personajes no sólo sirve para este propósito, sino para conocer y poner al descubierto historias, relaciones, sentimientos, rivalidades, deseos y odios a partir de los que se va tejiendo toda la trama.


El escenario, las calles de Buenos Aires, recreadas con unas descripciones muy vívidas, plásticas y sugerentes; calles abarrotadas de gente y de tráfico, azotadas por la lluvia y el viento, castigadas por las altas temperaturas; paisajes urbanos en los que se alterna la noche y el día, la luz, las sombras, el frío y el calor.
En este Buenos Aires, a veces acogedor, otras, inhóspito, se mueven los protagonistas, actores complejos, bien construidos, creíbles y alejados de tópicos, entre los que posiblemente haya un asesino...o no...


La historia engancha porque Hojman la enriquece con muchos recursos: referencias al contexto histórico y social de la Argentina actual y de los años 70, introduciendo anécdotas y episodios reales que demuestran un riguroso trabajo de documentación (como el de la fotografía del policía abrazando a una madre de Plaza de Mayo); mezcla de géneros dentro de la novela: hay relatos y poemas que van fundiéndose en el hilo narrativo y que aun escritos supuestamente por personajes ficticios, demuestran facetas del propio autor que además de novelista, es cuentista y es poeta.
Hojman demuestra también ser buen conocedor del mundo periodístico y editorial y lo vuelca en el papel dando credibilidad a las situaciones que transcurren en ambos ámbitos.
También maneja con habilidad el punto de vista del narrador, la misma voz, en lugares distintos, desde Buenos Aires y desde Marruecos; relatando pasado y presente, pero sin que el lector se confunda o desoriente. La narración sigue su hilo discursivo siempre hacia delante.
Se agradece el estilo cuidado, con nervio cuando la novela lo exige e incluso con un punto poético y onírico en según que pasajes (muy evocador resulta el sueño del colectivo fantasma) y se agradecen también, esos guiños literarios en las referencias a Borges o en la crítica hacia las nuevas formas de hacer literatura y hacia los nuevos escritores (personaje de Ballesteros).

No faltan pues elementos para que la novela funcione y enganche al lector, no solo de novela negra en particular, sino al lector que aprecie y disfrute la buena literatura, independientemente del género en el que se exprese, pues aquí queda demostrado que lo que algunos consideran un género menor, puede tener tanta calidad literaria como cualquier otro tipo de narrativa.

Sin duda, un buen estreno como novelista que esperamos tenga continuidad.



Fotografía del Boulevard literario





lunes, 27 de marzo de 2017

"Ciudad Esmeralda" de Jennifer Egan

"Ciudad Esmeralda" es un libro de relatos que reúne once cuentos de la escritora norteamericana Jennifer Egan, ganadora del prestigioso Pulitzer por su novela "El tiempo es un canalla" que al igual que "Ciudad Esmeralda", la editorial minúscula ha publicado en nuestro país.

Egan empezó escribiendo y publicando cuentos para distintas revistas y periódicos de su país, hasta lanzar este volumen que nos permite degustar y valorar su quehacer literario en este género , afortunadamente, cada día mejor considerado, que representa el cuento.

El título de esta obra, que pertenece a uno de los relatos que la componen, evoca de entrada a la mítica ciudad de Oz, en la que el brillo, la riqueza y la apariencia, esconden engañosamente la realidad, más prosaica que la magia que nos intenta hacer creer el famoso Mago de Lyman Frank Baum. Esto ya da la pista del sesgo y el cariz que van tomando los cuentos de Egan. El que da título a la obra, narra las vicisitudes de un joven fotógrafo y su novia modelo buscando fama y éxito en la ciudad de los rascacielos, pero New York, igual que la ciudad de Oz, promete más que cumple los sueños de sus habitantes.

Si hay un hilo o una emoción que transcurre a lo largo de todos los relatos y que establece un nexo indisoluble entre ellos es la decepción, el desconcierto, el vacío y la incomprensión que supone para todos los protagonistas de estas once narraciones, el mero hecho de vivir. Todos, en mayor o menor grado, experimentan desazón, angustia y descontento ante la vida que les ha tocado o que han elegido, vivir. No importa si son ricos o pobres, solteros o casados, hombres o mujeres, jóvenes o adultos, los personajes de Egan son seres profundamente insatisfechos que tratan de buscar un rumbo o sentido a su vida pero que se pierden una y otra vez. A veces son las circunstancias, o los demás, o ellos mismos, por su carácter, su inestabilidad emocional o sus obsesiones.

Sea como sea, no hay finales felices. Como mucho, hay finales abiertos, posibilidades, aunque suelen ser mínimas o remotas.

Son cuentos que huyen de la estructura clásica del cuento redondo, con un principio, un desarrollo y un final cerrado. Más bien son retazos, escenas, pinceladas de la vida de unos personajes, vistos a través del ojo desapasionado de la escritora que los crea. Egan nos plantea una situación y se desmarca, parece reprimir su propia emocionalidad para dejar que sea el comportamiento y los sentimientos de sus personajes los que perciba y sienta el lector que deberá extraer sus propias conclusiones e imaginar los posibles desenlaces de las historias que narran cada uno de los cuentos.

De entre todos los relatos, destacaría el que lleva por título, "Una pieza", una muy bien expuesta y resuelta historia de dos hermanos cuya existencia se verá condicionada por una desgracia familiar con imprevisibles consecuencias para ambos.

Ojalá Egan siga publicando relatos porque tras la lectura de "Ciudad Esmeralda", uno se queda con ganas de más.




lunes, 13 de marzo de 2017

El viejo Rivers, Thomas Wolfe

Desde que vi la película "El editor de libros" (cinematográficamente buena, literariamente, cuestionable), con Colin Firth haciendo el papel del editor Maxwell Perkins y a Jude Law interpretando a  Thomas Wolfe, me entraron muchas ganas de leer alguna obra de este autor, hasta ahora, desconocido para mi. Pero investigando sobre la complejidad intelectual del personaje y comprobando en librerías, la extensión y densidad de sus novelas, me desmoralizó un poco leerlo.

Afortunadamente descubrí en el catálogo de Periférica una serie de textos de Wolfe, más breves y asequibles (tanto por tiempo para leer, por economía y creo, incluso, por formación literaria) que nos introducen y nos permiten hacernos una idea bastante aproximada del estilo de este autor norteamericano desbordante y excesivo por lo que parece fue, tanto como persona como escritor, a pesar de que esta breve novela en concreto, como nos apuntan en una nota final los editores de Periférica, tiene un tono muy distinto al resto de la obra de Wolfe.

"El viejo Rivers" (cuyo título juega con el de la famosa canción "Old man river"), es un texto cargado de ironía y crítica hacia un personaje en concreto, Robert Bridges,  uno de los editores del "Scribner's Magazine" que en su día publicó a algunos de los más famosos autores de la llamada Generación Perdida: Hemingway, Scott FitzGerald, Zelda FitzGerald o el mismo Wolfe que se sirve de Bridges para inspirarse en la creación de este entre conmovedor y patético señor Rivers, que también es el vehículo que utiliza Wolfe para criticar el mundo editorial de su época , con el trasfondo de la Depresión del 29 y las graves consecuencias económicas que comportó para la sociedad norteamericana.


La novela es breve, escrita con una prosa trabajada pero ágil, tremendamente pulida y educada, pero cargada de una buena dosis de ironía dirigida a leer la cartilla a los sectores más conservadores y reaccionarios que mandaban y conspiraban en el mundo literario neoyorquino de la época.


"El viejo Rivers", con su aspecto y maneras ya caducas, "sin más talento literario del que cabría holgadamente en el fondo de un dedal, sin más habilidad crítica que la de una maestra rural y sin opiniones más llamativas que las de cualquier dependiente de una tienda (...) había alcanzado una posición a nivel nacional en la que su talento literario se daba por sentado, su habilidad crítica era estimada como una facultad de penetración excepcional y sus opiniones eran ampliamente consideradas y divulgadas con piadosa fidelidad en las páginas del New York Times." 
Alcanzado el reconocimiento social, a Rivers solo le queda ir capeando como puede a los nuevos autores que rompen con la literatura tradicional y que para él suponen un problema a la hora de encajarlos dentro de sus criterios literarios, irse apartando discretamente de los círculos intelectuales y por encima de todo, dejar constancia de su nombre en las páginas del "Who is Who".

Rivers representa los valores de una América ya caduca que deben dejar paso a la modernidad. Wolfe lo tiene claro y arremete sin concesiones contra todo lo que encarna el ya caduco editor pero también resulta imposible que este personaje  ya en el ocaso de su vida profesional y personal no nos inspire una cierta ternura cuando lo imaginamos andando por las calles de Nueva York hacía ese Club Universitario que es su hogar y en el que el solicito Tom le preparará siempre su Old Fashioned, hasta el final de sus días.