miércoles, 16 de mayo de 2018

"Insumisa", Yevguenia Yarolávskaia-Markón

Un centenar de páginas en las que cabe toda una vida: "la vida de una estudiante de liceo revolucionaria, llena de sueños, la compañera de un gran hombre y poeta, Aleksandr Yarolavski, una eterna viajera, una antirreligiosa itinerante, periodista de "Rul", vendedora callejera de periódicos, ladrona reincidente, adivina, vagabunda..."

Ella es Yevguenia Yaroslávskaia-Markón, de nombre imposible y vida aún más increíble que a las puertas de cumplir los 30, escribió "bajo su puño y letra" este texto autobiográfico que ella misma tituló simple y redundantemente: "Mi autobiografía". No le dio demasiadas vueltas al título, igual que se advierte una cierta prisa en la narración y una total o apenas atención por el estilo. No busquemos un valor literario a este texto que nos trae Armaenia Editorial, con el muy acertado título de "Insumisa", busquemos autenticidad, contenido, ideología, testimonio histórico, social y político de alguien que vivió en la URRS de los años 30. Pero cuidado, aun con el marco histórico de referencia real de la época, lo que Y. (permitidme que abrevie el nombre) nos cuenta no es tanto la historia de su país como la suya propia, y aunque resulta muy interesante todo el bagaje político, filosófico y revolucionario que explica, creo que lo más interesante de esta pequeña obra es la vida personal de Y. en la calle, junto a los marginados, los delincuentes, ladrones, prostitutas...que ella considera deben abanderar la verdadera revolución y provocar el verdadero cambio, derrocando al gobierno ruso.

El periplo de Y. fue intenso, accidentado y turbulento. Con 29 años fue arrestada y acusada de alta traición, terrorismo, propagación de ideas contrarrevolucionarias, robo, y complicidad de huida de su marido (también buscado por el gobierno ruso), entre otros cargos, por lo que fue sentenciada a muerte y fusilada poco tiempo después de haber escrito esta curiosa autobiografía. ¿Qué le quedaba ya a la joven moscovita más que la posibilidad de dejar por escrito su breve pero azarosa e intensa vida?

Fue Irina Fliege, historiadora y activista rusa, directora del centro de investigación e información Memorial de San Petersburgo, la que descubrió casualmente el manuscrito en 1996, en los archivos del Servicio Federal de Seguridad de la región de Arjanguelsk, "treinta y nueve hojas de caligrafía densa y apretujada" que "contienen multitud de errores gramaticales" pues lo más probable es que "el texto se escribió del tirón, sin correcciones". No se encontró, si lo hubo, ningún borrador, pero sí una fecha: 3 de febrero de 1931. Nos consta que apenas 5 meses después de que el manuscrito fuera terminado, el 20 de junio, Y. fue fusilada.

Más allá de los sentimientos y opiniones que puedan generar las actitudes y actividades políticas de Y., su filosofía de vida y, especialmente, sus andanzas entre los marginados y parias de la sociedad rusa, estremece a cualquiera leer este breve texto y mirar después a los ojos de esta muchacha de expresión grave y mirada intensa que parece desafiarnos desde la portada del libro.

Enriquecida su narración con un Prólogo del escritor Olivier Rolin que contextualiza y valora con precisión y acierto la vida de Y. y la información adicional que nos proporciona Irina Fliege, "Insumisa" es sin duda, otro nuevo acierto de Armaenia Editorial.



Fotografía de Boulevard literario    


domingo, 13 de mayo de 2018

"Pájaros de lluvia", Clarissa Goenawan

Dicen en la LA Review of Books que ""Pájaros de lluvia" evoca en muchas ocasiones el surrealismo de Murakami, las pesadillescas descripciones de Abe, la juventud alienada de Yoshimoto y los desventurados amantes de Kawabata.". Ante semejantes comparaciones uno no puede evitar crearse grandes expectativas aun con la prudencia que se le debe presuponer a un posible marqueting o a la parcialidad del crítico o la publicación literaria en cuestión, pero el argumento parece interesante y como gracias a AdN Alianza de novelas he descubierto a dos magníficos escritores como son Edith Pearlman ("Miel del desierto") y Stephen Barry ("Días sin final"), me decido a leer la novela.

Nada más empezar, me cuesta encontrar información sobre su autora. Una pequeña fotografía en blanco y negro de una joven asiática de edad indefinida me mira sonriente, entre dulce y traviesa, desde la solapa del libro. No hay fecha de nacimiento. Sólo se nos dice de ella que "le encantan los días lluviosos, los libros bonitos y el té verde caliente"...¿ y eso es todo?, ¿no hay nada más interesante sobre Clarissa Goenawan? Bueno, la novela que tengo entre manos viene avalada por la concesión de un premio en el Reino Unido y ha sido finalista de varios más, aunque la verdad no me resulta familiar ninguno. Con sinceridad, con los pocos datos que veo, tengo la sensación de que voy a leer una novela más apropiada para un público juvenil que adulto pero voy a darle una oportunidad.

Cuando llevo leídas apenas 20 páginas ya se me han disparado todas las alarmas: página 9: "Mientras deslizaba la puerta del cuarto de baño, miré el tocador. La urna permanecía ahí, en silencio". Me pregunto: ¿cómo va estar si no en silencio, una urna funeraria que contiene las cenizas de un difunto?... En la misma página: "Llegué a la comisaria, donde me topé con un joven agente solitario que atendía detrás del mostrador. No había nadie más". A ver, si el agente era "solitario", ¿hace falta especificar que no había nadie más?...Diez páginas más adelante, "Keiko Ishida se había sumido en un sueño irreversible." (Había muerto, vaya) "Ni siquiera un tsunami podría despertarla de su sueño eterno". ¿Me parece solo a mi, bastante mala, para decirlo con delicadeza, esta imagen?...Empiezo a ponerme nerviosa. ¿Dónde están esos parecidos con Murakami, Yoshimoto y demás? Pero estoy dispuesta a llegar al final y sigo leyendo. En la página 137, "La puesta de sol tiñó la playa de cálidos tintes dorados", ¿se puede ser más tópico o yo estoy demasiado quisquillosa? Sea como sea, esto no funciona, ni me convence el estilo, ni me atrapa la historia...de momento, porque para ser justos, conforme avanza la narración, uno se va olvidando o no se va fijando tanto en la calidad literaria del texto que, lo mantengo, a mi juicio, está verde, y se va dejando llevar por la trama en sí y si nos conformamos con eso, "Pájaros de lluvia" funciona correctamente y se deja leer bien... si no somos lectores demasiado exigentes, si buscamos una lectura para pasar el rato o si nuestra media de edad no sobrepasa los veintipocos. No es un mal debut literario pero habrá que ver si Clarissa Goenewan madura como escritora en sus próximas novelas para que su nombre realmente pueda equipararse a esos autores consagrados con los que se la compara. 



Fotografía de Boulevard literario     


viernes, 4 de mayo de 2018

"De vez en cuando, como todo el mundo", Marcelo Lillo

Relatos soberbios por su simplicidad, sobrecogedora y trágica. Lo más sencillo, cotidiano, simple, incluso miserable, se transforma en material literario de alta calidad para ofrecer un espléndido abanico de emociones y comportamientos, retratos minuciosos, tanto de los aspectos más mezquinos como de los más sublimes, del corazón humano.

Todos los cuentos reunidos en "De vez en cuando, como todo el mundo" de Marcelo Lillo, publicados por Lumen, dicen mucho más de lo que está escrito, porque si la información no es explícita, se insinúan y se nos dan las pistas suficientes para llenar vacíos, para pensar, reflexionar y completar esa parte de la vida de los personajes que se calla pero que podemos aventurarnos a imaginar.

Agudísimo observador de la realidad más cercana y posiblemente inspirado por su propia experiencia personal, Lillo maneja con notable destreza y maestría unas herramientas narrativas muy bien adquiridas que le permiten fabular, armar y construir historias inventadas a partir de cimientos reales.

Chejov, Carver, Cheever...como todo escritor concienzudo y exigente, Lillo ha leído y se ha empapado de los grandes, los mejores cuentistas de la historia, pero como todo buen alumno, ha sabido asimilar y aprender de los maestros a fin de forjarse un estilo propio, una voz personal y firme que se aleja de sus referentes y se consolida como un excelente cuentista con estilo propio que nada tiene que envidiar a los maestros, aunque tampoco reniegue de sus enseñanzas.

Cada relato es un mordisco que arranca un pedazo de vida. De la indiferencia al desdén, del amor al desprecio. Hay dolor, en algún cuento, mucho dolor, fluyendo en silencio bajo el texto y de repente, cualquier fisura es aprovechada para que brote sin cesar todo lo sentido y nunca dicho. Son relatos construidos entre sombras y silencios. Relatos que nos absorben, nos hacen sufrir, pensar, nos sacuden y nos aturden con las historias que nos cuentan, tan alejadas y a la vez tan cercanas a nosotros. Historias de amor y desamor, de incomprensión e incomunicación, de relaciones entre amantes, entre padres e hijos, entre hermanos, entre amigos, historias de perdedores, de fracasos y pérdidas, pero con un leve pálpito esperanzado que se deja sentir entre líneas. Lillo no se recrea en las descripciones de ambientes y personajes, son suficientes cuatro pinceladas precisas para situarnos en el escenario y para visualizar a los actores. Y si cuatro son los trazos descriptivos, son también apenas cuatro trazos olfativos, recurrentes y casi obsesivos,  el olor a humedad, a rancio, a pobreza y a vejez los que perfuman sus cuentos.

Como micro piezas teatrales las historias se cuentan casi por si mismas. La agilidad de la acción es notable y nos arrastra de un cuento a otro con asombrosa glotonería. Es difícil dejar de leer y sin darnos cuenta, vamos engullendo uno a uno todos los relatos, deseando que no acaben porque aunque el trayecto esté llenos de dificultades y sinsabores, arrastran consigo toda la autenticidad de la vida.



Fotografía de Boulevard literario        

martes, 1 de mayo de 2018

Un domingo en el campo, Pierre Bost

"Un domingo en el campo", además del título, bien podría ser el día y lugar indicados para leer esta breve novela de Pierre Bost, publicada por errata naturae, que se lee en un soplo y se vive como si uno estuviera en plena naturaleza, al sol, rodeado de flores y oyendo el insistente zumbido de las avispas planeando sobre nuestro almuerzo dominical.

Tranquilos y en familia, la escena no puede ser más íntima y entrañable: un abuelo hospitalario, un hijo atento, una nuera discreta y tres nietos bulliciosos reunidos alrededor de una mesa servida con el rigor acomodado por la costumbre de una criada que lleva ya muchos años junto a su señor.

El anciano pintor, Monsieur Ladmiral vive retirado, desde hace años, en su casa de campo, a las afueras de París, con la única compañía de su sirvienta, Mércedès, una buena mujer tan eficaz como desconfiada, que cuida fielmente de Ladmiral, sin perder de vista a los hijos que lo visitan ocasionalmente. Y es que cada domingo, sin falta, acuden a casa del viejo pintor, su hijo Gonzague acompañado de su mujer y sus tres niños. Gonzague, de edad y clase medias, convencional y gris, admira y adora a su padre con una devoción que a veces no es bien recibida por el anciano que se siente sobreprotegido. Se establece así entre ambos, una distancia generada por la torpeza de no saber manejar y expresar correctamente las emociones. Padre e hijo se quieren, pero no acaban de conectar. Media entre ellos una cierta rivalidad, un mal entendimiento disimulado que los aleja a nivel emocional a pasar de estar cerca físicamente.

"Un domingo en el campo" no cuenta nada destacable que no suceda en muchas familias y tampoco hay nada que impida que la narración fluya serena y suavemente...al menos, en apariencia. Y es que bajo esta historia plácida e intrascendente, se percibe una corriente subterránea silenciosa y constante que contiene muchos silencios, sentimientos y frustraciones personales que amenazan por salir. Así que, mientras vamos leyendo, advertimos una sutil posibilidad de que los personajes se sinceren y saquen a la luz sus emociones. La irrupción en escena de la desenvuelta y apasionada Irène, la hija del anciano Ladmiral nos dará nuevas pistas acerca de los verdaderos sentimientos que se establecen entre padre e hijos, entre hermanos y entre cuñadas, desencadenando lo que me ha sugerido, una especie de nueva versión de la famosa Parábola bíblica del Hijo Pródigo. 

"Un domingo en el campo" es pues, un relato breve y delicioso, en el que no suceden grandes acontecimientos ni se desarrollan grandes pasiones, pero cuidado, porque con delicadeza y si perder las formas, en el fondo, queda al descubierto una realidad que no es tan ideal ni sincera como parece...



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sábado, 21 de abril de 2018

"La mujer singular y la ciudad", Vivian Gornick

Después de la magnífica obra autobiográfica, "Apegos feroces" de Vivian Gornick, Sexto Piso España nos trae un nuevo libro también de memorias de esta sagaz y observadora periodista y escritora neoyorquina que, sin dedicarse a escribir novelas, consigue que sus textos de origen e intención memorialista y testimonial, adquieran, por el reparto de personajes y argumentos, un estilo y una esencia muy novelescas.

Lo mejor de Gornick es su agudísima mirada pero también su oído atento, la capacidad extraordinaria de captar voces, escenas y detalles de su entorno más inmediato, momentos en apariencia intrascendentes y cotidianos que al trasladarlos al papel con su estilo pulido y preciso, cobran pleno sentido y adquieren una dimensión testimonial que los convierte en puros fotogramas, instantáneas fotográficas que curiosamente imaginamos en blanco y negro y que, expuestas en una galería o en un álbum se convertirían en un excelente retrato de la ciudad de Nueva York en los últimos años.

Cómo en "Apegos feroces", Gornick vuelve a pasear por las avenidas y las calles, por los barrios en los que transcurrieron su infancia y su juventud: el Bronx, el West Side...y de nuevo despliega toda su capacidad descriptiva para que el lector la acompañe en sus caminatas y viva y perciba los mismos estímulos y sensaciones que ella. Casi sin darnos cuenta, caminamos a su lado, oímos las voces de la gente, retazos de sus conversaciones; nos confundimos entre ellos y captamos ese carácter tan particular, esa impronta tan especial que transmiten el bullicio y el constante ir y venir de las gentes de la Gran Manzana. Quien haya estado alguna vez en Nueva York seguro que entenderá de qué estamos hablando.

Gornick, como toda buena "flaneur" disfruta a menudo andando sola, vagando sin rumbo fijo, abierta a los estímulos que va encontrando a su paso y que le inspiran luego sus textos. Pero también tiene un interlocutor recurrente, su viejo y fiel amigo Leonard, sofisticado pesimista irredento que sirve a Gornick de apoyo y a la vez de contrapunto para armar y contrastar sus reflexiones más íntimas, aquellas que hacen referencia al amor, la amistad, el misterio que siempre envuelve a toda relación humana, entre hombres y mujeres, entre personas del mismo sexo y en la relación más íntima y personal que puede existir: la relación interior con cada uno de nosotros mismos.

Gornick se define como esa "mujer singular" que da título al libro, una feminista que con el tiempo ha ido evolucionando en su actitud y sus ideales y ha ido puliendo sus opiniones, moldeándose a si misma para conseguir llegar a ser la escritora y la intelectual que es. Un camino que no ha sido fácil y que ha estado lleno de frustraciones y dificultades, de dudas y desengaños. No obstante, la tenacidad y el empeño por construirse a si misma y encontrar una voz propia han dado sus frutos.

"La mujer singular y la ciudad" recorre un espacio físico muy concreto, las calles de Nueva York, pero también es un recorrido histórico y cultural a través de personajes de la vida intelectual y cultural neoyorquina que han influido en Gornick de manera que mientras deambula por la ciudad va intercalando sus historias y enriqueciendo así el texto con anécdotas y referencias literarias. No obstante, cuando se acaba el libro lo que permanece en nuestra memoria lectora son las distintas voces de la gente que la autora ha ido captando y transcribiendo en el texto. Ella misma reconoce su propia necesidad vital de escuchar y convivir con esas voces: "Nueva York no es puestos de trabajo, es una forma de ser. La mayoría de la gente está en Nueva York porque necesita muestras -en grandes cantidades- de expresividad humana; y no la necesitan de vez en cuando, sino todos los días. Eso es lo que necesitan. Los que se van a ciudades más manejables pueden prescindir de ello; los que vienen a Nueva York, no. O tal vez debería decir que soy yo quien no puede." Y posiblemente no pueda porque es a partir de todas esas voces que Gornick crea y transmite su propia voz. Escuchadla, vale mucho la pena. 



Fotografía de Boulevard literario    
   


lunes, 16 de abril de 2018

"Kuebiko", Miguel Ángel Carmona del Barco

«Kuebiko: n. Estado de agotamiento inspirado por un acto de violencia sin sentido, que te obliga a revisar tu concepción de lo que puede ocurrir en este mundo antes de apuntalarte en su centro, como un viejo espantapájaros que estalla dentro de sus costuras, pero que carece de poder para hacer cualquier cosa que no sea quedarse ahí y observar.»
JOHN KOENIG. Diccionario de oscuros padecimientos

Grito profundo en blanco y negro. Grito de rabia, de impotencia, de dolor. Grito ahogado del que no comprende nada. Grito silencioso que rompe los tímpanos en mil pedazos. La inocencia quebrada de un niño cansado de llevar sobre sus frágiles hombros el peso de la maldad y la sinrazón de los adultos.

Desde la portada de la novela, este pequeño Mowgli, más protagonista de "El corazón de las tinieblas" que de "El libro de la selva", nos pone sobreaviso con su ceño fruncido y su alarido salvaje: "Kuebiko" nos va a doler, nos va a sacudir, a remover, a partir el alma; y, a la vez, nos va a emocionar y nos enamorará profundamente con su historia y sus personajes. 

Hace ya un par de años, descubrí a Miguel Ángel Carmona del Barco con "Manual de autoayuda", libro de relatos publicado por Salto de Página. Me cautivó por completo su prosa, su manera de narrar, entretejiendo tristezas y tragos poco amables que a veces nos hace beber la vida, con un estilo contenido pero a la vez cargado de emoción y de un profundo lirismo con el que iba salpicando los cuentos. Esta vez, no son relatos sino una novela la que nos llega de la mano de Pre-Textos, cuyo resultado, felizmente, es igual de bueno a "Manual de autoyuda".

"Kuebiko" es tremenda. Una lectura incómoda que sacude y golpea al lector, dándole pocos momentos de tregua. Desde las primeras líneas nos atrapa y no nos suelta hasta el punto final.
Ésta es la historia de una huida. Huida real de unos personajes que, a raíz de una supuesta guerra civil en España, a mediados del siglo XXI, se ven obligados a dejarlo todo para buscar refugio en otros países de Europa. Huida y búsqueda de un nuevo hogar, una nueva patria, una nueva vida; y a la vez, huida personal de unos personajes con cuentas pendientes con su pasado y con la gente que aman. Acompañarlos en su éxodo accidentado y lleno de penurias, privaciones y penalidades, leyendo cómodamente sentados en nuestro sillón favorito arropados con la calidez de una manta, resulta casi obsceno, indecente. 

"Kuebiko" es pues, un viaje de huida pero también de regreso, tanto físico como emocional. Un proceso de cambio obligado y forzado por la violencia de una guerra que llevará a los protagonistas de un escenario a otro. Viaje de huida pero también de regreso, huida de la patria y regreso a la familia, huida del odio y regreso al amor. Un viaje de pérdidas pero también de reencuentros, de perdón y de comienzos. Un viaje personal del que se llegará distinto al que emprendió el camino. No importa casi ni el contexto, ni el motivo, ni las razones del conflicto, ni casi importa dónde o entre quién. En "Kuebiko" lo que en realidad importa es diseccionar, a golpes de bisturí, con la precisión y el pulso firme de un buen cirujano, el verdadero drama humano, el dolor, el miedo, la violencia y el sufrimiento al que son sometidos las victimas de todo conflicto bélico, esos mal llamados "refugiados", los inocentes que son arrancados de sus pueblos y hogares y lanzados al vacío, solos y sin red.
Esto va de los mecanismos de supervivencia, de instinto, de lucha, de ganas de vivir. Y por encima de todo, esta magnífica novela  va de amor, amor en mayúsculas, amor entre padres e hijos, entre hermanos, entre amigos, entre amantes; ese amor que es la fuerza que nos ayuda a seguir adelante pese a todos los sufrimientos y las adversidades que nos puede deparar la vida y que es la verdadera razón por la que vale la pena vivir. Como decía Neruda: "Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida"

Dividida en 4 partes, cada una de ellas tiene un narrador distinto lo que dota de dinamismo y de diferentes perspectivas al texto. 
En la primera parte, la más extensa, es Ulises quien da voz a los que huyen y va explicando sus peripecias interpelando continuamente a su padre, uno de los personajes que le acompañan hacia el exilio con el que mantiene una tensa y ambivalente relación que pone de manifiesto una situación emocional conflictiva y pendiente de solucionarse. A medida que Ulises nos va contando su historia, iremos descubriendo su pasado y el entramado de acontecimientos y relaciones que hay entre los distintos protagonistas de la novela. En esta primera parte, la narración fluye de manera trepidante, mantiene una tensión que rara vez da tregua al lector. Lo que nos va contando es tan duro y tan brutal que sólo de vez en cuando, alguna pequeña licencia poética, algún destello lírico salpica el texto y nos concede una pequeña bocanada de alivio aunque a su vez, el uso tan delicado y metafórico del lenguaje también sirva para resaltar la crudeza de la trama.
En la segunda parte, el narrador será Tin, el niño acogido por Ulises y su grupo. La estructura narrativa cambia y se transforma en una especie de diario personal explicado de una forma y con un lenguaje adecuado en cierta medida al joven narrador. Es una segunda parte tremendamente dura porque la violencia, explicada por e infringida a los niños siempre resulta más cruel y más injusta.
En la tercera parte, del diario pasamos a una estructura epistolar. Leeremos las cartas de Isabella, el amor de Ulises a quien le escribe confesándole sus sentimientos mientras espera su regreso. El enfoque de esta tercera parte es muy subjetivo, personal e íntimo, un preludio a lo que será la cuarta parte, narrada por Elías, el padre de Ulises que, en apenas un par de páginas, con una emotiva sencillez, pondrá el broche final a una historia que no olvidaremos jamás.

"Kuebiko" es de esas lecturas que dejan huella, en mi caso, de los poquísimos libros que no he tenido más remedio que subrayar, (lo que no acostumbro a hacer nunca), casi impelida por una necesidad apremiante de no olvidar frases, fragmentos memorables a los que poder volver una y otra vez. Hay tantas escenas e imágenes que recordar, tantas reflexiones y pasajes que releer que necesitaba señalar, aun con un respetuoso y levísimo trazo de grafito negro, todo el dolor y la belleza que Miguel Ángel Carmona del Barco ha sabido plasmar en esta espléndida novela que ya ha pasado a formar parte de mi más íntimo y preciado bagaje lector. 


Fotografía de Boulevard literario     





miércoles, 4 de abril de 2018

"Días sin final", Sebastian Barry

"Bailamos, nos dimos palmadas en las espaldas unos a otros, contamos viejas historias. Los hombres escuchaban, todo oídos, hasta que estimaban que podían soltar una carcajada. Entonces no creíamos que el tiempo fuera un bien que tuviera fin, sino algo que duraba para siempre; todo se había detenido en ese momento. Es difícil explicar lo que quiero decir con eso. Echas la mirada atrás a todos esos años infinitos en que nunca tuviste ese pensamiento. Ahora lo hago mientras escribo estas palabras en Tennessee. Pienso en los días sin final de mi vida."


Leer "Días sin final" del irlandés Sebastian Barry, que acaba de publicar AdN Alianza de Novelas es viajar en el tiempo, no sólo a la década de 1850, que es cuando transcurre la acción de la novela, sino más cerca, a finales de 1960, principios de los 70, cuando las tardes del domingo transcurrían frente al televisor, fascinados por las películas de indios y vaqueros que, desde las más simplonas a los más grandes clásicos del western, congregaban a la familia entera después de comer. 

Despliegue de extras aullando con plumas y "tomahawks" enfrentándose a violentos vaqueros, cuatreros, colonos, caballos galopando y manadas de bisontes corriendo por extensas praderas, carromatos, chicas de "saloon", sheriff,  pistoleros...y el Norte enfrentado al Sur, los casacas azules, los rebeldes, las tribus masacradas y los negros perseguidos...El Lejano Oeste inundaba los salones de nuestras casas y por unas horas también nosotros tomábamos partido y sucumbíamos a la seducción del Gran Cañón del Colorado, las llanuras sin fin y los cielos anaranjados de las grandes películas, algunas de ellas, inolvidables, dirigidas por un norteamericano de ascendencia irlandesa, John Ford y protagonizadas por otro norteamericano, también de ascendencia irlandesa, John Wayne.

De Irlanda es también el autor de "Días sin final", Sebastian Barry y lo es también su protagonista, Thomas McNultry, un muchacho huérfano que apenas adolescente se ve obligado a buscarse la vida. Su compañero de fatigas será otro joven de su edad, John Cole, que se convertirá en su amigo inseparable, como lo fueron Tom Sawyer y Huckleberry Finn pero su relación seguirá otros derroteros. Vivirán, lucharán y trabajarán juntos, pero también se enamorarán y vivirán una larga e intensa historia de amor. 

Parece ser que Barry tenía en mente desde hacía muchos años, escribir una novela ambientada en el Oeste, en el periplo vital que vivió su propio abuelo y trasmitir de alguna manera sus experiencias y sentimientos desencadenados por la guerra. Cuando el hijo de Barry "salió del armario", el escritor incorporó el tema de la homosexualidad a su protagonista, creando un personaje atípico en una novela de este género que podría resultar chocante, pero Barry maneja la orientación sexual de Thomas y John Cole con tanta sutileza y naturalidad que se incorpora a la historia de una manera absolutamente creíble, dando a sus protagonistas una dimensión muy humana y una visión de su relación muy realista y conmovedora. 

A través de la lectura, igual que de niños nos sumergíamos en las películas de indios y vaqueros, aquí vivimos los horrores de las masacres indias, luchamos en la Guerra de Secesión y casi sentimos en carne propia las balas de los rifles, las flechas de los pieles rojas, el dolor de la guerra, el hambre, la sed en los inmensos paisajes azotados por el sol y castigados por las lluvias. Magníficas son las descripciones de Barry, imponentes paisajes y terroríficas escenas de lucha entre hombres peleando por la misma tierra. Literatura de dimensiones épicas narrada con una puesta en escena que fácilmente podría convertirse en material cinematográfico. No nos extrañaría que esta novela tuviera una adaptación al cine, el regreso de un género que ilustra una época de la historia de los Estados Unidos marcada por la guerra, el exterminio y la aniquilación de millones de seres humanos que vale la pena no olvidar y que "Días sin final" ha sabido plasmar en toda su grandeza y su crueldad. 




Fotografía de Boulevard literario