sábado, 21 de abril de 2018

"La mujer singular y la ciudad", Vivian Gornick

Después de la magnífica obra autobiográfica, "Apegos feroces" de Vivian Gornick, Sexto Piso España nos trae un nuevo libro también de memorias de esta sagaz y observadora periodista y escritora neoyorquina que, sin dedicarse a escribir novelas, consigue que sus textos de origen e intención memorialista y testimonial, adquieran, por el reparto de personajes y argumentos, un estilo y una esencia muy novelescas.

Lo mejor de Gornick es su agudísima mirada pero también su oído atento, la capacidad extraordinaria de captar voces, escenas y detalles de su entorno más inmediato, momentos en apariencia intrascendentes y cotidianos que al trasladarlos al papel con su estilo pulido y preciso, cobran pleno sentido y adquieren una dimensión testimonial que los convierte en puros fotogramas, instantáneas fotográficas que curiosamente imaginamos en blanco y negro y que, expuestas en una galería o en un álbum se convertirían en un excelente retrato de la ciudad de Nueva York en los últimos años.

Cómo en "Apegos feroces", Gornick vuelve a pasear por las avenidas y las calles, por los barrios en los que transcurrieron su infancia y su juventud: el Bronx, el West Side...y de nuevo despliega toda su capacidad descriptiva para que el lector la acompañe en sus caminatas y viva y perciba los mismos estímulos y sensaciones que ella. Casi sin darnos cuenta, caminamos a su lado, oímos las voces de la gente, retazos de sus conversaciones; nos confundimos entre ellos y captamos ese carácter tan particular, esa impronta tan especial que transmiten el bullicio y el constante ir y venir de las gentes de la Gran Manzana. Quien haya estado alguna vez en Nueva York seguro que entenderá de qué estamos hablando.

Gornick, como toda buena "flaneur" disfruta a menudo andando sola, vagando sin rumbo fijo, abierta a los estímulos que va encontrando a su paso y que le inspiran luego sus textos. Pero también tiene un interlocutor recurrente, su viejo y fiel amigo Leonard, sofisticado pesimista irredento que sirve a Gornick de apoyo y a la vez de contrapunto para armar y contrastar sus reflexiones más íntimas, aquellas que hacen referencia al amor, la amistad, el misterio que siempre envuelve a toda relación humana, entre hombres y mujeres, entre personas del mismo sexo y en la relación más íntima y personal que puede existir: la relación interior con cada uno de nosotros mismos.

Gornick se define como esa "mujer singular" que da título al libro, una feminista que con el tiempo ha ido evolucionando en su actitud y sus ideales y ha ido puliendo sus opiniones, moldeándose a si misma para conseguir llegar a ser la escritora y la intelectual que es. Un camino que no ha sido fácil y que ha estado lleno de frustraciones y dificultades, de dudas y desengaños. No obstante, la tenacidad y el empeño por construirse a si misma y encontrar una voz propia han dado sus frutos.

"La mujer singular y la ciudad" recorre un espacio físico muy concreto, las calles de Nueva York, pero también es un recorrido histórico y cultural a través de personajes de la vida intelectual y cultural neoyorquina que han influido en Gornick de manera que mientras deambula por la ciudad va intercalando sus historias y enriqueciendo así el texto con anécdotas y referencias literarias. No obstante, cuando se acaba el libro lo que permanece en nuestra memoria lectora son las distintas voces de la gente que la autora ha ido captando y transcribiendo en el texto. Ella misma reconoce su propia necesidad vital de escuchar y convivir con esas voces: "Nueva York no es puestos de trabajo, es una forma de ser. La mayoría de la gente está en Nueva York porque necesita muestras -en grandes cantidades- de expresividad humana; y no la necesitan de vez en cuando, sino todos los días. Eso es lo que necesitan. Los que se van a ciudades más manejables pueden prescindir de ello; los que vienen a Nueva York, no. O tal vez debería decir que soy yo quien no puede." Y posiblemente no pueda porque es a partir de todas esas voces que Gornick crea y transmite su propia voz. Escuchadla, vale mucho la pena. 



Fotografía de Boulevard literario    
   


lunes, 16 de abril de 2018

"Kuebiko", Miguel Ángel Carmona del Barco

«Kuebiko: n. Estado de agotamiento inspirado por un acto de violencia sin sentido, que te obliga a revisar tu concepción de lo que puede ocurrir en este mundo antes de apuntalarte en su centro, como un viejo espantapájaros que estalla dentro de sus costuras, pero que carece de poder para hacer cualquier cosa que no sea quedarse ahí y observar.»
JOHN KOENIG. Diccionario de oscuros padecimientos

Grito profundo en blanco y negro. Grito de rabia, de impotencia, de dolor. Grito ahogado del que no comprende nada. Grito silencioso que rompe los tímpanos en mil pedazos. La inocencia quebrada de un niño cansado de llevar sobre sus frágiles hombros el peso de la maldad y la sinrazón de los adultos.

Desde la portada de la novela, este pequeño Mowgli, más protagonista de "El corazón de las tinieblas" que de "El libro de la selva", nos pone sobreaviso con su ceño fruncido y su alarido salvaje: "Kuebiko" nos va a doler, nos va a sacudir, a remover, a partir el alma; y, a la vez, nos va a emocionar y nos enamorará profundamente con su historia y sus personajes. 

Hace ya un par de años, descubrí a Miguel Ángel Carmona del Barco con "Manual de autoayuda", libro de relatos publicado por Salto de Página. Me cautivó por completo su prosa, su manera de narrar, entretejiendo tristezas y tragos poco amables que a veces nos hace beber la vida, con un estilo contenido pero a la vez cargado de emoción y de un profundo lirismo con el que iba salpicando los cuentos. Esta vez, no son relatos sino una novela la que nos llega de la mano de Pre-Textos, cuyo resultado, felizmente, es igual de bueno a "Manual de autoyuda".

"Kuebiko" es tremenda. Una lectura incómoda que sacude y golpea al lector, dándole pocos momentos de tregua. Desde las primeras líneas nos atrapa y no nos suelta hasta el punto final.
Ésta es la historia de una huida. Huida real de unos personajes que, a raíz de una supuesta guerra civil en España, a mediados del siglo XXI, se ven obligados a dejarlo todo para buscar refugio en otros países de Europa. Huida y búsqueda de un nuevo hogar, una nueva patria, una nueva vida; y a la vez, huida personal de unos personajes con cuentas pendientes con su pasado y con la gente que aman. Acompañarlos en su éxodo accidentado y lleno de penurias, privaciones y penalidades, leyendo cómodamente sentados en nuestro sillón favorito arropados con la calidez de una manta, resulta casi obsceno, indecente. 

"Kuebiko" es pues, un viaje de huida pero también de regreso, tanto físico como emocional. Un proceso de cambio obligado y forzado por la violencia de una guerra que llevará a los protagonistas de un escenario a otro. Viaje de huida pero también de regreso, huida de la patria y regreso a la familia, huida del odio y regreso al amor. Un viaje de pérdidas pero también de reencuentros, de perdón y de comienzos. Un viaje personal del que se llegará distinto al que emprendió el camino. No importa casi ni el contexto, ni el motivo, ni las razones del conflicto, ni casi importa dónde o entre quién. En "Kuebiko" lo que en realidad importa es diseccionar, a golpes de bisturí, con la precisión y el pulso firme de un buen cirujano, el verdadero drama humano, el dolor, el miedo, la violencia y el sufrimiento al que son sometidos las victimas de todo conflicto bélico, esos mal llamados "refugiados", los inocentes que son arrancados de sus pueblos y hogares y lanzados al vacío, solos y sin red.
Esto va de los mecanismos de supervivencia, de instinto, de lucha, de ganas de vivir. Y por encima de todo, esta magnífica novela  va de amor, amor en mayúsculas, amor entre padres e hijos, entre hermanos, entre amigos, entre amantes; ese amor que es la fuerza que nos ayuda a seguir adelante pese a todos los sufrimientos y las adversidades que nos puede deparar la vida y que es la verdadera razón por la que vale la pena vivir. Como decía Neruda: "Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida"

Dividida en 4 partes, cada una de ellas tiene un narrador distinto lo que dota de dinamismo y de diferentes perspectivas al texto. 
En la primera parte, la más extensa, es Ulises quien da voz a los que huyen y va explicando sus peripecias interpelando continuamente a su padre, uno de los personajes que le acompañan hacia el exilio con el que mantiene una tensa y ambivalente relación que pone de manifiesto una situación emocional conflictiva y pendiente de solucionarse. A medida que Ulises nos va contando su historia, iremos descubriendo su pasado y el entramado de acontecimientos y relaciones que hay entre los distintos protagonistas de la novela. En esta primera parte, la narración fluye de manera trepidante, mantiene una tensión que rara vez da tregua al lector. Lo que nos va contando es tan duro y tan brutal que sólo de vez en cuando, alguna pequeña licencia poética, algún destello lírico salpica el texto y nos concede una pequeña bocanada de alivio aunque a su vez, el uso tan delicado y metafórico del lenguaje también sirva para resaltar la crudeza de la trama.
En la segunda parte, el narrador será Tin, el niño acogido por Ulises y su grupo. La estructura narrativa cambia y se transforma en una especie de diario personal explicado de una forma y con un lenguaje adecuado en cierta medida al joven narrador. Es una segunda parte tremendamente dura porque la violencia, explicada por e infringida a los niños siempre resulta más cruel y más injusta.
En la tercera parte, del diario pasamos a una estructura epistolar. Leeremos las cartas de Isabella, el amor de Ulises a quien le escribe confesándole sus sentimientos mientras espera su regreso. El enfoque de esta tercera parte es muy subjetivo, personal e íntimo, un preludio a lo que será la cuarta parte, narrada por Elías, el padre de Ulises que, en apenas un par de páginas, con una emotiva sencillez, pondrá el broche final a una historia que no olvidaremos jamás.

"Kuebiko" es de esas lecturas que dejan huella, en mi caso, de los poquísimos libros que no he tenido más remedio que subrayar, (lo que no acostumbro a hacer nunca), casi impelida por una necesidad apremiante de no olvidar frases, fragmentos memorables a los que poder volver una y otra vez. Hay tantas escenas e imágenes que recordar, tantas reflexiones y pasajes que releer que necesitaba señalar, aun con un respetuoso y levísimo trazo de grafito negro, todo el dolor y la belleza que Miguel Ángel Carmona del Barco ha sabido plasmar en esta espléndida novela que ya ha pasado a formar parte de mi más íntimo y preciado bagaje lector. 


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miércoles, 4 de abril de 2018

"Días sin final", Sebastian Barry

"Bailamos, nos dimos palmadas en las espaldas unos a otros, contamos viejas historias. Los hombres escuchaban, todo oídos, hasta que estimaban que podían soltar una carcajada. Entonces no creíamos que el tiempo fuera un bien que tuviera fin, sino algo que duraba para siempre; todo se había detenido en ese momento. Es difícil explicar lo que quiero decir con eso. Echas la mirada atrás a todos esos años infinitos en que nunca tuviste ese pensamiento. Ahora lo hago mientras escribo estas palabras en Tennessee. Pienso en los días sin final de mi vida."


Leer "Días sin final" del irlandés Sebastian Barry, que acaba de publicar AdN Alianza de Novelas es viajar en el tiempo, no sólo a la década de 1850, que es cuando transcurre la acción de la novela, sino más cerca, a finales de 1960, principios de los 70, cuando las tardes del domingo transcurrían frente al televisor, fascinados por las películas de indios y vaqueros que, desde las más simplonas a los más grandes clásicos del western, congregaban a la familia entera después de comer. 

Despliegue de extras aullando con plumas y "tomahawks" enfrentándose a violentos vaqueros, cuatreros, colonos, caballos galopando y manadas de bisontes corriendo por extensas praderas, carromatos, chicas de "saloon", sheriff,  pistoleros...y el Norte enfrentado al Sur, los casacas azules, los rebeldes, las tribus masacradas y los negros perseguidos...El Lejano Oeste inundaba los salones de nuestras casas y por unas horas también nosotros tomábamos partido y sucumbíamos a la seducción del Gran Cañón del Colorado, las llanuras sin fin y los cielos anaranjados de las grandes películas, algunas de ellas, inolvidables, dirigidas por un norteamericano de ascendencia irlandesa, John Ford y protagonizadas por otro norteamericano, también de ascendencia irlandesa, John Wayne.

De Irlanda es también el autor de "Días sin final", Sebastian Barry y lo es también su protagonista, Thomas McNultry, un muchacho huérfano que apenas adolescente se ve obligado a buscarse la vida. Su compañero de fatigas será otro joven de su edad, John Cole, que se convertirá en su amigo inseparable, como lo fueron Tom Sawyer y Huckleberry Finn pero su relación seguirá otros derroteros. Vivirán, lucharán y trabajarán juntos, pero también se enamorarán y vivirán una larga e intensa historia de amor. 

Parece ser que Barry tenía en mente desde hacía muchos años, escribir una novela ambientada en el Oeste, en el periplo vital que vivió su propio abuelo y trasmitir de alguna manera sus experiencias y sentimientos desencadenados por la guerra. Cuando el hijo de Barry "salió del armario", el escritor incorporó el tema de la homosexualidad a su protagonista, creando un personaje atípico en una novela de este género que podría resultar chocante, pero Barry maneja la orientación sexual de Thomas y John Cole con tanta sutileza y naturalidad que se incorpora a la historia de una manera absolutamente creíble, dando a sus protagonistas una dimensión muy humana y una visión de su relación muy realista y conmovedora. 

A través de la lectura, igual que de niños nos sumergíamos en las películas de indios y vaqueros, aquí vivimos los horrores de las masacres indias, luchamos en la Guerra de Secesión y casi sentimos en carne propia las balas de los rifles, las flechas de los pieles rojas, el dolor de la guerra, el hambre, la sed en los inmensos paisajes azotados por el sol y castigados por las lluvias. Magníficas son las descripciones de Barry, imponentes paisajes y terroríficas escenas de lucha entre hombres peleando por la misma tierra. Literatura de dimensiones épicas narrada con una puesta en escena que fácilmente podría convertirse en material cinematográfico. No nos extrañaría que esta novela tuviera una adaptación al cine, el regreso de un género que ilustra una época de la historia de los Estados Unidos marcada por la guerra, el exterminio y la aniquilación de millones de seres humanos que vale la pena no olvidar y que "Días sin final" ha sabido plasmar en toda su grandeza y su crueldad. 




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miércoles, 28 de marzo de 2018

"El corzo", Magda Szabó

No soy la primera ni seré posiblemente la única a la que le sorprenda lo poco conocida (y reconocida) que es Magda Szabó en nuestro país. A pesar de que se han publicado ya varias de sus novelas, sigue siendo a mi juicio, una autora que no ha recibido la merecida atención por parte de los críticos ni de los lectores, lo cual es una verdadera lástima a la que invito a todos a ponerle remedio.


Hace ya unos años se publicó en España, su magnífica novela "La puerta" (de la que se puede encontrar además una adaptación cinematográfica protagonizada por la gran Helen Mirren), a la que siguieron "La balda de Iza" y "Calle Katalin", y después, nada más que leer de esta interesante escritora húngara hasta ahora que, felizmente, nos llega de la siempre atinada mano de editorial minúscula, "El corzo", novela publicada originalmente en 1959 y que debido a su carga crítica contra el régimen político vigente en Hungría, tuvo una muy discreta acogida en su propio país, aunque gracias a la intervención del colega y amigo de Szabó, Herman Hesse, fue publicada al alemán y divulgada por toda Europa, lo que le valió a su autora el éxito, por un lado, y la disidencia, por otro.


Pero más allá del más o menos disimulado ejercicio crítico contra el régimen soviético, "El corzo" es un espléndido monólogo en el que Eszter, una actriz de éxito en su país, da un repaso a su vida y, rememorando infancia y juventud, llega hasta el presente, a una madurez que arrastra mucho rencor y resentimientos que han ido fermentando a lo largo de su vida y cuyo mayor acicate ha sido y sigue siendo Angéla, una amiga de la infancia cuya relación discurre a lo largo de los años marcada por una celosa obsesión por parte de Eszter a la que Angéla permanece ajena.


En "La puerta" la historia giraba entorno a dos mujeres, una escritora y su criada; en "La balada de Iza", la novela reflejaba las relaciones entre una madre y su hija; y de nuevo, en "El corzo", dos figuras femeninas son los personajes principales: Ezster, protagonista principal y narradora activa, con una fuerte personalidad, una mujer dura, poco o prácticamente nada empática, una luchadora nata esculpida con el cincel de la pobreza y las privaciones, que ha conseguido cumplir sus sueños, al menos profesionales y económicos pero a la que le falta equilibrio emocional y capacidad de amar de manera desinteresada; y Angéla, el contrapunto inocente, delicado y sensible que despierta la envidia y los celos más profundos en Ezster cuya malsana fijación por su amiga será motivo de las más diversas revanchas. Resulta curioso que por mucho que avancemos la lectura, es prácticamente imposible entender, aceptar o simpatizar algo con el personaje de Ezster. Nos da pena Angéla, por su ingenuidad y su carácter bondadoso que todo el mundo admira y aprecia. Somos conscientes de la dura vida que ha tenido Ezster, de sus vínculos familiares y afectivos mal consolidados, de los momentos difíciles que ha tenido que pasar por la situación política de su país, pero, ¿justifica todo ello ese ansia desbocada por perjudicar a Angéla, pasando por encima de todo aquello que ambas más aman? Definitivamente, no.

"El corzo" resulta sin duda, un brillante ejercicio introspectivo que, a través del monólogo consigue desarrollar una novela marcadamente realista pero con el intimismo que supone el punto de vista de la narradora. El ritmo de la novela es lento, va avanzando despacio, generando una expectativa y una tensión narrativa que sentimos nos va preparando para un terrible desenlace. Durante el camino hemos intentado entender a Ezster, conectar con ella de alguna manera, buscar algún resquicio de sensibilidad en su interior pero ha sido en vano. Finalmente, solo nos queda dejar la puerta abierta y dejarla ir...




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jueves, 22 de marzo de 2018

"Sobre algunos enamorados de los libros", Philippe Claudel

"El mundo es una bruma de calor que se eleva en el corazón de un verano que no es un verano, sino el sueño de lo que podría ser un verano si existiera, si de verdad existiera, fuera de los libros que son las materias frágiles de nuestra memoria"

Desde que descubrí a Philippe Claudel con su novela "Almas grises", hace ya unos cuantos años, me convertí en una lectora incondicional de cada nuevo título que sacaba al mercado. Cada obra, motivo de alegría y garantía de grandes momentos de lectura.
"Sobre algunos enamorados de los libros" que acaba de publicar editorial minúscula, se suma a esta obra, no demasiado prolífica pero quizá por eso, exquisita y exclusiva del escritor y cineasta francés.

La prosa de Claudel fluye y seduce, atrapa y envuelve con tal tenue suavidad que nos rendimos a su verbo sin apenas darnos cuenta. Es una prosa de murmullo a media voz, de distancia corta, con el tono exacto de equilibrio entre poesía y emoción. Sentimiento controlado a través de una pluma precisa que consigue escribir la palabra exacta para que se desencadene esa sorprendente alquimia que nos deja aturdidos, conmocionados ante un lirismo, en apariencia, sencillo, pero que percibimos, profundamente intenso. 
Conseguir esto en narrativa, en un género que poco o nada tiene que ver con la poesía, impregnando de matices sutiles y sugerentes, el texto, no es fácil. Aunque sean autores totalmente distintos, hay algo en la escritura de Claudel que me hace pensar en otros escritores como Erri de Luca o Eduardo Halfon, felizmente descubiertos hace poco que, posiblemente sin pretender ser poetas, lo son. Más allá de tener talento, que los tres lo tienen y mucho, hay un trasfondo tan callado como obvio: sensibilidad. 

Toda la producción literaria de Claudel destila el mismo aliento narrativo, la misma escritura minuciosa, pulida e inspirada y "Sobre algunos enamorados de los libros" no es una excepción. El título evoca el estilo de los tratados clásicos y ese aire se mantiene en la estructura del libro que es un variopinto desfile de personajes que aspiraban a ser escritores y se perdieron por el camino. Entre la realidad y la ficción, la ironía y la ternura,  lo que fue y lo que podría haber sido, Claudel retrata todo tipo de "enamorados de los libros" que fracasan en sus ansias de convertirse en literatos célebres. Desde un tímido japonés que en un ataque de hambre devora un libro de haikús en una librería de barrio, hasta el escritor que intentaba reclutar lectores para su obra por medio de anuncios en la prensa, pasando por una lectora que solo hacía el amor con escritores para conseguir engendrar un libro o aquel celebérrimo profeta que fue asesinado antes de poder revisar su obra, la cual sigue teniendo éxito más de 2.000 años después...el catálogo de personajes curiosos y entrañables desfila ante nuestros ojos hasta llegar al propio autor: "En cuanto a mí, yo sigo mi camino dudando siempre entre proseguir el hilo de los relatos, que son mis amigos queridos y sin rostro. No soy más que un hacedor de humo, y solo vivo un poco, un poquito, no por mí mismo, sino en el alma de aquellas y aquellos que me dan su amor y su estima."






Fotografía de Boulevard literario 


miércoles, 14 de marzo de 2018

"Biblioteca Bizarra", Eduardo Halfon

Un orondo pistolero matón que luce una estridente camisa amarilla y un pantalón acampanado rojo, nos desafía desde la cubierta del último libro de Eduardo Halfon. Llegamos a él después de la sobria y elegante edición de esa absoluta belleza de texto que es "Saturno" y el contraste entre la portada de éste y la colorida imagen de "Biblioteca Bizarra" no puede ser más desconcertante. Como es aconsejable hacer siempre con los libros publicados por Jekyll & Jill, hay que sacar  cubiertas y explorar a fondo el libro. Siempre hay sorpresas. Gratas y originales. Este pequeño volumen no es una excepción. Las portadas son amarillas y en un periodístico collage se recogen distintas acepciones del término "bizarro" ¿Pero qué tenemos exactamente entre manos? ¿Dónde está ese Halfon delicado y grave, conmovedoramente sobrio que conocimos en lecturas anteriores? Pues leyendo las 6 crónicas que componen "Biblioteca Bizarra", ese Halfon que tanto nos gusta está ahí mismo. Lo único que ha pasado es que, posiblemente confabulado con su editor, ha dejado volar su vena más lúdico-festiva, jugando ingeniosamente con nosotros al equívoco, que no, al engaño. 

Empezar a leer "Biblioteca Bizarra", el primero de los textos que da título al libro, significa relajarse y respirar tranquilos. Es empezar a leer y dejarse llevar a través de una interesante visita por curiosas bibliotecas personales seleccionadas por el autor que dan pie a las primeras reflexiones sobre el papel del escritor y la literatura.
¿Debe la literatura reflejar la realidad, comprometerse con ella, denunciar lo denunciable? ¿Hasta qué punto el escritor solo debe ficcionar o debe implicarse en la realidad que conoce?

En "Los desechables", la segunda crónica de "Biblioteca Bizarra", el autor establece un diálogo con las voces marginadas y olvidadas de la sociedad, un diálogo entre realidad y literatura, entre el escritor y la vida. Halfon hurga en el drama cotidiano y las miserias de unos individuos perdidos por causa propia o ajena y de ese contacto, del intercambio de presuntas preguntas y respuestas, la empatía y la humanidad trascienden más allá de las palabras.

En "Halfon, Boy", esa profunda humanidad enlaza con la condición cercana del propio escritor que va a ser padre. Asistimos al despliegue de un preciso y precioso andamiaje literario en el que se van alternando las reflexiones entorno a la obra del poeta Williams Carlos Williams que Halfon está traduciendo, con los miedos e ilusiones que le genera la responsabilidad de su próxima paternidad.

El niño siempre presente. El que va a tener y el que él mismo ha sido. La infancia como lugar de búsqueda y encuentro. Recuerdo y evocación de un tiempo en el que el escritor va en busca de sus orígenes, como persona y como literato. Así, en "Saint-Nazaire" y "La memoria infantil", la escritura adquiere dimensión de respuesta, explicación y posible redención, paseo por los recuerdos y las imágenes recuperados del pasado a partir de pequeños destellos de la memoria sobre los que se proyecta y construye el relato, el artefacto narrativo que cobra todo su sentido.

Por desgracia, "Biblioteca Bizarra" se nos está acabando. No queremos abandonar sus páginas, demoramos el final  y sentimos ya la necesidad de una segunda relectura. Cierra el libro, "Mejor no andar hablando demasiado", donde percibimos y recuperamos la imagen de la cubierta, volvemos al chulesco personaje que pistolón en mano nos recibía en la portada y su presencia cobra sentido. 
El miedo y la amenaza consiguen callar bocas, silenciar plumas y quemar papel, pero allí donde haya un escritor, y si ese escritor es Eduardo Halfon, seguro que siempre habrá un lugar, aunque sea lejos de sus raíces, en el que pueda encontrar su propio "pedacito árido de tierra" para seguir hilvanando retazos de memoria que se conviertan en literatura. 



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sábado, 10 de marzo de 2018

"Objeto de amor", cuentos de Edna O'Brien

"Empezaba a chispear, y entre la lluvia, el agua bendita y el frondoso serbal rojo, cargado de vida, pensé que la nuestra era una tierra de vergüenza, una tierra asesina y una tierra de extrañas mujeres expiatorias."

Mujeres frágiles que acaban siendo más fuertes de lo que aparentan. Mujeres poderosas que terminan por quebrarse bajo el peso de las circunstancias. Mujeres que trabajan, que luchan, que sufren, que aman, que utilizan y son utilizadas, que seducen y son seducidas. Mujeres que construyen con esfuerzo un universo femenino, cimentado en experiencias tan intensas como dramáticas. Bellas mujeres por dentro o por fuera, o simple y totalmente, bellas. Únicas. Mujeres que se forjan a si mismas a golpe de sueños y esperanzas pero que a veces se pierden a lo largo del camino. Mujeres que se hunden y renacen. Todas y cada una de ellas son Edna O'Brien.

Quien ya haya leído sus magníficas memorias "Chica de campo" publicadas por errata naturae, reconocerá en esta selección de cuentos a cargo de Marta Orriols, publicada en Lumen bajo el título "Objeto de amor", muchos elementos autobiográficos, tan firmemente entretejidos en el discurso narrativo que resulta difícil, sino imposible, delimitar y saber dónde acaba la realidad y empieza la ficción. Lo que resulta evidente es que todas las historias nacen de un mismo sustrato vital, de la vida real de esta magistral escritora irlandesa que, con sus más de 80 años a cuestas, acumula vivencias para llenar miles y miles de páginas convertidas en relatos y novelas. 

En estos cuentos, nos encontramos con protagonistas femeninas a las que acompañamos en su infancia, su juventud o su madurez. Niñas que descubren el mundo, que viven sus primeras experiencias y sufren sus consiguientes desengaños. Aprenden a golpes de realidad. Aman, sueñan y despliegan sus primeros sueños y ambiciones en su entorno más cercano, en la familia, la escuela, el pueblo o el convento, en una Irlanda rural tan sobria como verde, tan salvaje y dura como embriagadora y sugerente. En el punto de inflexión hacia la adolescencia se cuestionan emociones y sentimientos, como en ese magnífico y conmovedor relato que es "Una rosa en el corazón de Nueva York" dedicado a la figura materna, esa madre idolatrada de la que el tiempo y las circunstancias alejan, de forma irremediable, de su hija. 

Desconocemos si esta selección de relatos sigue un orden cronológico pero leyendo los cuentos tal cómo están dispuestos se observa una evolución formal. Los primeros presentan una estructura más tradicional, más ordenada; parecen tener un origen oral, con aires de fábula. Pero a medida que vamos leyendo aquellas historias cuyas protagonistas ya no son niñas, sino mujeres adultas, emancipadas, los textos van adquiriendo una estructura más compleja que a veces deriva en monólogos interiores que, sin perder un ápice de la carga emocional que transmiten los relatos protagonizados por niñas, sí presentan más complejidad, más trabajo formal. Sea como sea, O'Brien consigue llegar siempre a lo más hondo del lector, sean cuales sean los caminos y recursos que utilice.

Cada relato es una pequeña pieza de orfebrería con un broche final que cierra y remata las historias de una manera impecable y muy acertada. Si Edna O'Brien ya ha demostrado con creces que es una espléndida novelista, ahora, con los relatos recogidos en "Objeto de amor" también hay que reconocerle su talla como cuentista. 20 relatos imperdibles. Inolvidables. 




Fotografía de Boulevard literario