lunes, 4 de diciembre de 2017

La profunda sencillez de Elizabeth Strout

Septiembre de 2016. La mesa está preparada. No es muy grande, el tamaño justo para que quepan apilados, ejemplares traducidos al catalán y al castellano de la novela "Me llamo Lucy Barton" y algo más de espacio para que su autora pueda sentarse a firmarlos. 

Estamos en la librería Laie de Barcelona, en cuya planta superior Elizabeth Strout está atendiendo a la prensa. Cuando termine, bajará a dedicar su libro a quién lo desee. Poco a poco se va formando una cola de lectores, la mayoría mujeres, que esperamos impacientes a esta estupenda escritora norteamericana que se hizo famosa en nuestro país con la brillante "Olive Kitteridge" y que ahora nos ha vuelto a seducir con "Me llamo Lucy Barton" publicada por Duomo Ediciones.

Sencilla y discreta, Strout toma asiento y sonríe. Gracias a la traductora que la acompaña, todos tenemos la posibilidad de comunicarnos con ella. Atiende a cada uno de nosotros sin prisa, con un gesto cálido y sin perder la sonrisa. Cuando llega mi turno le cuento que admiro su obra desde que la descubrí con "Amy e Isabelle" a la que siguieron, "Los hermanos Burgess", "Olive Kitteridge" y ahora "Me llamo Lucy Barton". Strout abre los ojos sorprendida de que haya leído toda su bibliografía y se muestra alegremente agradecida. "Admiro su habilidad por convertir en universal lo más cercano a usted, esa capacidad de contar lo más simple y cotidiano, lo más dramático y terrible y hacerlo llegar al corazón de lectores de todo el mundo. Su humanidad, su profunda sencillez narrando. Muchas gracias por escribir como escribe". Algo así surge atropellado entre mis labios cuando me está firmando el libro, ese que me devuelve dándome a mi las gracias por leer su obra que espera siga leyendo y deseándome, inmortalizados en tinta azul, "my warmest wishes".

Ha pasado un año desde entonces y aquí estoy, con su última novela recién leída y una vez más, disfrutada. Duomo Ediciones nos vuelve a traer a Strout con "Todo es posible" en la que volvemos a encontrarnos con el universo de Lucy Barton  pero esta vez, a los ya conocidos se sumarán  nuevos personajes, nuevas situaciones, más historias y más intensas. La trama de "Todo es posible" se amplía y diversifica respecto a la obra anterior. Si en "Me llamo Lucy Barton" las protagonistas principales eran madre e hija y la narración giraba entorno a su reencuentro en el hospital y la compleja relación entre ambas que se va descubriendo a lo largo de las visitas de Lucy a su madre, hospitalizada, ahora, en "Todo es posible", los recuerdos y los personajes de los que madre e hija hablaban en el hospital se convierten en los protagonistas de la trama, que en realidad es una suma de subtramas porque la historia se ramifica con las múltiples historias de cada personaje. De hecho, aunque reaparece Lucy en escena, lo cierto es que no hay protagonistas principales y secundarios. Esta vez, todos actúan a un tiempo, todos tienen la misma relevancia y aportan por igual contenido al texto.
Como ocurría en "Olive Kitteridge", los capítulos gozan de una autonomía que permitirían leerlos como relatos independientes, pero leídos en conjunto es cuando alcanzan esa fantástica magnitud de novela, de fresco variopinto y sorprendente, lleno de matices y facetas que vale la pena leer en su totalidad.

Strout tiene la fascinante habilidad que caracteriza a los buenos narradores de historias, esa profunda sencillez que le permite escarbar en las más hondas miserias de sus personajes y sacarlas a la luz, sin sentimentalismos pero también sin dramas. En "Todo es posible", y en general, en toda la obra de Strout no se regalan los oídos a nadie, se cuenta lo que se suele esconder, sin concesiones a dulcificar lo más crudo pero sin recrearse en el dolor ni las tragedias cotidianas. Con un estilo austero, directo, natural y fluido, las historias se van desarrollando ante los ojos del lector que, aun alejado de ese entorno rural del Medio Oeste norteamericano en el que siempre localiza Strout sus novelas, empatiza y conecta con sus protagonistas. No hay más secreto que esa profunda sencillez de su autora, que una vez más se despliega en esta maravillosa novela que en el fondo, pese al tono agridulce que la caracteriza, contiene un mensaje esperanzador : "todo es posible para todos". Lean y entenderán...



Fotografía de Boulevard literario 


lunes, 27 de noviembre de 2017

Con rabia, Lorenza Mazzetti

Viste pantalón y jerséis grises de punto grueso, amplios y superpuestos; gorra y bufanda granates que abrigan un rostro arrugado, una sonrisa traviesa, unos ojos escondidos tras enormes gafas de vistosas monturas de color. Se quita la gorra y revolotean rebeldes, unas ondas de un rubio muy claro, casi blanco. Ha cumplido ya 90 años pero mantiene el porte, la mirada y la frescura de la niña que fue algún día, de la adolescente rebelde y dolida que protagoniza esta novela que acabamos de leer, publicada por la Editorial Periférica y cuyo título dice mucho del estilo y la manera en que está escrita: "Con rabia".
¿Y por qué con rabia si parece adorable esta viejecita que hemos encontrado en la red buscando información sobre la autora? Pues porque, como todos, Lorenza Mazzetti tiene una historia, pero en su caso, tan terrible y dramática que no es de extrañar que la haya convertido en testimonio literario desde la más profunda y exacerbada rabia.

Tras quedar huérfana, Lorenza fue adoptada junto a su hermana gemela por sus tíos: Nina Mazzetti y Robert Einstein (primo del famoso científico Albert Einstein) que ya tenían dos hijas. Junto a ellos, las hermanas Mazzetti vivían tranquilamente en Florencia hasta que la SS irrumpió un día en su hogar, asesinando a los tíos y a sus hijas, ante los ojos de las dos adolescentes a las que dejaron vivir.
¿Se puede seguir adelante con la propia vida arrastrando una experiencia así? ¿Cómo pueden gestionarse las consecuencias de tan terrible trauma cuando se es apenas una niña? Sea como fuere, Lorenza siguió adelante y es posible que, años más tarde, se sirviese de la literatura como ejercicio catártico para conjurar demonios, sanar heridas y pasar página, sin olvidar nunca el pasado pero mirando hacia un futuro mejor.

"Con rabia" es pues, una novela con un doble valor: el estrictamente literario y el testimonial. Es un texto autobiográfico pero pasado por el cedazo de la creación artística por lo que el resultado es una narración que rebosa autenticidad y que está escrita, aparentemente, de manera muy directa y natural, aunque a medida que avanzamos en la lectura, se observa un estilo cada vez más literario, más trabajado e incluso poético, de manera que en los últimos capítulos de la novela se suceden pasajes en los que lo onírico y el recuerdo se entremezclan con la realidad más inmediata y se resuelven con un gran poder evocador.

Lorenza Mazzetti, a través de la protagonista, Penny, habla con la voz de la adolescencia más auténtica, más apasionada y visceral que se pueda imaginar. Penny se cuestiona una y otra vez, el entorno histórico, social y cultural que le ha tocado vivir. Se rebela, furiosa, contra los convencionalismos, contra el papel que se atribuye a la mujer italiana de la época, contra el matrimonio, la religión, el pensamiento y la literatura vigentes en la Italia de posguerra. Se muestra inquieta y sumamente curiosa por todo lo que acontece a su alrededor, ya sea, en materia sexual como filosófica, lo que la lleva a buscar experiencias por un lado y a reflexionar y debatir sobre el sentido del Bien y del Mal, por otro.

Penny ha crecido con una carga muy pesada a sus espaldas, el drama de haber visto morir a su familia asesinada a manos de los nazis y el dolor por esas muertes, el recuerdo de su ausencia y de manera lacerante, el peso de haber sobrevivido y la idea recurrente de venganza. Penny siente que ha de tomar decisiones y actuar en consecuencia, siente que debe algo a sus muertos pero desconoce qué decisiones tomar y qué camino ha de seguir lo que le genera una angustia permanente, una rabia contenida que de vez en cuando, explota.

No cabe duda que a Penny/Lorenza la empuja a vivir esa rabia con la que se enfrenta al mundo, con la que a veces se comporta en su entorno más inmediato, buscando la discusión y la polémica con Elsa, la vieja cocinera de la familia; con Baby, su hermana o con sus amigas. Penny siente tanto y de manera tan intensa que el corazón se le desborda y se relaciona con torpeza y brusquedad con aquellos que más quiere. Algo bulle en su interior y no logrará canalizarlo hasta el final de la novela, un final que obviamente no desvelaremos y que cada uno interpretará como mejor le parezca, pero seguro que todos los lectores coincidiremos en que es un broche final con el que su autora desarrolla en la imaginación su más anhelada venganza y que posiblemente, en la realidad la ayudara a seguir adelante...




Fotografía de Boulevard literaria 




lunes, 20 de noviembre de 2017

Inmersión, Lidia Chukóvskaia

"Estamos en febrero de 1949. Nina Sergeievna, escritora y traductora, es uno de los privilegiados a los que la Unión de Escritores ha concedido un mes de descanso en el campo, lejos de la oscura y ominosa capital, Moscú. Oficialmente, se supone que debe descansar o trabajar en sus traducciones, pero lo que hace, en realidad, es reflexionar sobre la desaparición de su marido durante las persecuciones estalinistas de 1938, para liberarse así, al menos en parte, de su propia pesadilla. En una casa de campo finlandesa, en mitad de bellísimos paisajes nevados, Nina se sumerge en su historia mientras convive con otros traductores, autores o cineastas, más vinculados al régimen que ella."

"Inmersión" de Lidia Chukóvskaia publicada por errata editorial es un duro texto de denuncia, la de la persecución política que sufrieron en los años 40 muchos intelectuales de la época por parte del régimen estalinista, y que acabó con la supuesta desaparición de muchos de ellos, lo que en realidad fue su inmediata codena, ejecución y muerte, encubierta por el régimen ruso.
Lidia Chukóvskaia escribe para recordar y para que nadie olvide, pero lo hace con una novela que trasciende mucho más allá de la simple denuncia, finalidad que por si misma y en exclusiva sería perfectamente legítima y respetable, pero en este caso, el texto se viste y arma con un estilo tan limpio, preciso y contenidamente poético que se transforma en un bellísimo artefacto literario.

A lo largo de la lectura se van desplegando todas las dimensiones y facetas del texto: novela de denuncia política sí, pero también novela autobiográfica, pues la protagonista, la joven escritora y traductora Nina, tiene mucho en común con la autora. Desconocemos cómo sería Chukóvskaia pero Nina se nos presenta más bien huraña, no especialmente simpática, introvertida y reservada pero acabará ganando nuestros corazones por su franqueza y sus nobles principios, por una autenticidad de carácter y de ideología, una pureza de sentimientos y una sensibilidad tan especial que la convierten en un personaje entrañable, una mujer que se encierra en su mundo interior, tremendamente herida por la pérdida de su esposo, en supuesto "paradero desconocido" y que trata de recomponer sus recuerdos y los pedazos que quedan de su pasado a fin de perpetuar su memoria a través de la escritura. Y con este objetivo, se abre otra línea temática en la novela: el poder de la literatura para preservar la memoria.

Buena conocedora de la literatura de su país, Chukóvskaia enriquece la trama con numerosas referencias, fragmentos y reflexiones literarias, a menudo puestas en boca de personajes que discuten y plantean cuestiones tan interesantes como el reconocimiento o la condena al ostracismo de determinados autores rusos o el papel artístico, político o social que debe desempeñar la literatura.

La novela le sirve a su autora pues, como vehículo para hablar de política, de literatura...pero lejos de ser un ensayo, también construye una novela de sentimientos, de análisis psicológico de los personajes, pues, todos ellos, desde la superficial casera hasta los escritores que conviven con Nina en su retiro son retratados con escrupulosa intensidad, revelando todos y cada uno de ellos sus más íntimos dramas personales que arrastran y esconden tanto como les es posible pero que en determinadas situaciones salen a la luz con lo que se demuestra que nada es tan simple como a veces pueda parecernos. 

A destacar también la estructura narrativa de la obra que avanza con un tempo muy marcado, no solo porque la novela está escrita en capítulos que corresponden a las distintas jornadas que Nina pasa en la casa del bosque, lo que le confiere ya una estructura de diario, sino que además parece que al ir leyendo sentimos una cadencia suave y constante que se corresponde a la rutina diaria de la protagonista. Cada capítulo empieza con un nuevo día, con una mirada de reconocimiento desde la ventana de la habitación de huéspedes al exterior, a ese paisaje frío, nevado, esos abetos que Nina busca cada mañana tras el cristal de su ventana. Una naturaleza helada y silenciosa que atrae e invita a la joven cada nueva jornada a hacer largos paseos que la estimulan y le dan la fuerza necesaria para recluirse después en su habitación y llevar a cabo su propósito: esa "inmersión" a la que hace referencia el título de la novela y que es esa búsqueda de recuerdos del pasado con los que reconstruir su propia historia y por extensión la de miles de compatriotas suyos exterminados por la política de Stalin. 

"Un libro...Reposará en una estantería junto con otros, lo tomarán en la mano, lo hojearán, lo volverán a poner en su sitio. Le quitarán el polvo, el polvo que cubrirá el silencio de esta hora, y de este lugar, un silencio a través del cual regresaron a mi la voz de Aliosha y los llantos de la pequeña Katiusha...
Ese libro era yo, mi corazón angustiado, mis recuerdos que nadie podía ver, como no es visible, por ejemplo, una migraña o ese punto doloroso en mi ojo, pero se transformaría en papel, en páginas encuadernadas, en una novedad editorial y, si era capaz de acometer una inmersión audaz, en la nueva alma de alguien. Al crearla, esa alma estaría impregnada de la voz de Aliosha y de los llantos de Katia(...)
No, nadie consentirá que mis recuerdos se conviertan en libro. Ni se lo permitirán a la pregunta que me carcome.
¿Para qué, pues acometo esta inmersión?
Quiero encontrar a mis hermanos, si no ahora, por lo menos sí en un futuro.
Todo lo que vive necesita fraternidad, y yo también la busco. Escribo un libro para encontrar a mis hermanos, aunque sea en un porvenir desconocido."

Ese es el objetivo de Nina, de Lidia, ese es "Las farolas del puente" o "La hija", ese conmovedor relato que aparece finalmente dentro de la novela y que aun no tiene título decidido pero si un fin muy concreto. Un juego de metaliteratura, una historia dentro de una historia que también es autobiografía y que, oculta entre las páginas de un diario conseguirá perpetuar un testimonio dramático para que no se pierda en la memoria y desde luego, en nuestra memoria, "Inmersión" quedará para siempre...






miércoles, 15 de noviembre de 2017

"Jacob, Jacob" , Valérie Zenatti

Hay algo tan íntimo, tan visceral, tan sentido en la escritura de Valérie Zenatti que nos hace pensar, a medida que vamos leyendo "Jacob, Jacob", recién publicada por Armaenia Editorial, que la historia le es a su autora muy cercana. Quizá se la haya contado alguien, quizá los personajes que cobran vida en las páginas de esta obra fueron antepasados suyos, porque si no es así ¿de dónde sale ese sentimiento tan cercano de empatía, esa capacidad tan tremenda de dotar de vida plena a unos personajes supuestamente ficticios?, ¿cómo puede alguien contar una historia como la que nos cuenta Zenatti sin que corra por sus venas la sangre de todos esos hombres y mujeres que viven, luchan, padecen y mueren arrastrados por las circunstancias históricas del tiempo que les tocó vivir?

"Jacob es un muchacho judío, dulce y alegre, en la Argelia colonial francesa de los años cuarenta. Culto y sensible en un mundo de hombres duros, coléricos e ignorantes, es reclutado en junio de 1944 para liberar a Francia. Los suyos lo ignoran todo de la guerra en la que va a participar. Esa gente modesta, pobre y tosca aguarda con impaciencia el regreso de su hijo pródigo, su orgullo, un valiente y un héroe. Pero también ignoran que pronto los acontecimientos históricos se precipitarán, provocando el destierro de toda la familia."

"Jacob, Jacob" es una narración tan sentida y delicada, y a la vez, tan potente y desgarradora que solo puede brotar de una genética compartida entre la escritora y los protagonistas de la historia, combinada con un espléndido talento literario capaz de transformar la vida misma en pura literatura. 

Tenemos entre manos una historia de esas que no se olvidan, de esas que te mantienen literalmente pegado al sillón de lectura mientras te hacen viajar en el tiempo y el espacio, concretamente, en este caso, a la Argelia colonial de los años 40. El texto te hace vibrar, te hace vivir con los protagonistas sus aventuras, te hace sentir sus miedos, su dolor. Es una lectura que en algún pasaje te oprime de rabia y pena la garganta, que te empaña los ojos de tristeza, que te hace vibrar con el entusiasmo adolescente y te hace sufrir con los temores maternales. Leyendo la novela puedes oler los aromas, ver los colores, sentir las emociones de una tierra lejana y exótica por la que sentiremos la terrible ambivalencia de querer estar y querer huir de ella. Porque mientras dure la lectura, sufriremos pero a la vez disfrutaremos con intensidad de un torrente de imágenes y sensaciones que no dan tregua.

Leer teniendo el alma en vilo, el corazón atenazado en un puño mientras la historia avanza tan soberbiamente narrada que somos capaces de hacer de la lectura una representación cinematográfica en la mente. Es fácil visualizar todo lo que nos cuenta Zenatti en su novela. Es fácil visualizar y conocer a sus protagonistas, ponernos en su piel. Sufrir el dolor de una vieja madre a la que la guerra le arrebata un hijo o el de otra joven madre que pierde un bebé por enfermedad; el dolor de una muchacha que no llegará nunca a ser amada por aquel al que siempre ha amado en secreto, esperando; el miedo de la juventud enfrentada a los horrores del campo de batalla, pero también sentir el deseo, el amor, la amistad, la esperanza...

No es la primera vez, ni será posiblemente la última que leeremos sobre personajes y acontecimientos parecidos, pero Zenatti ha sabido convertir su narración en una pieza de tan pura, trabajada y exquisita literatura que ha conseguido un merecido lugar en nuestra biblioteca personal... y en nuestro corazón. 




lunes, 6 de noviembre de 2017

La canción de la llanura, Kent Haruf

En su día resultó una grata sorpresa descubrir una novela tan breve como intensa titulada "Nosotros en la noche" que el escritor norteamericano Kent Haruf, decidió escribir al enterarse por sus médicos que le quedaba poco tiempo de vida. A los 71 años y tras haber entregado las pruebas de este emotivo pero contenido canto al amor entre dos personas de avanzada edad, su autor falleció, aunque afortunadamente no nos dejó esta única novela sino también la llamada "Trilogía de la Llanura", tres obras ambientadas en Holt, un pueblo perdido entre las extensas llanuras de Colorado, del que Literatura Random House nos trae ahora el primer volumen, "La canción de la llanura" que, al igual que nos sucedió con "Nosotros en la noche" (publicada por la misma editorial), nos ha atrapado desde las primeras páginas y nos ha resultado imposible abandonar hasta llegar al final.


Nada sabíamos de Haruf  pues posiblemente sea más conocido en su país que en el nuestro, pero desde luego es un autor que está a la altura de cualquier narrador norteamericano contemporáneo, de esa estirpe de escritores que, aun localistas por el contexto de sus historias, tienen la asombrosa capacidad de trascender más allá de sus fronteras y hacer llegar al imaginario de cualquier lector de cualquier parte del mundo, ese paisaje de llanos, desiertos, carreteras de Colorado, ganaderos, maestras de escuela, pequeñas comunidades perpetuadas en sus costumbres locales, en las que se suceden acontecimientos y se desarrollan emociones comunes a cualquier ser humano esté dónde esté: conflictos familiares, primeros amores, el descubrimiento del sexo, desengaños, el paso de la niñez a la adolescencia, la soledad, la búsqueda del calor humano, la pérdida de la inocencia, el avance implacable de la vejez...en definitiva, ese variado y cambiante caleidoscopio del que se compone la vida, esa que gira y avanza de manera similar para todos.


Haruf es un escritor sencillo en su estilo narrativo, directo, claro y libre de artificios pero eso no resta fuerza a la construcción de su artefacto literario pues con aparente facilidad va surgiendo ante nuestros ojos una espléndida novela coral sostenida por un plantel de personajes cuyas vidas se van entrecruzando de tal manera que unos se irán integrando en el presente de los otros para trazar un futuro en común que se irá desvelando a lo largo de esta novela, e imaginamos, también a lo largo de las otras dos que completan la "Trilogía". Pero aunque ignoráramos la existencia de esa continuación, "La canción de la llanura" funciona a la perfección como obra independiente. Hay una presentación de los protagonistas, unos nudos narrativos y sus correspondientes desenlaces de manera que la novela es unitaria, independiente y redonda aun cuando su lectura quede abierta a una segunda parte y aun cuando nos quedemos con unas ganas inmensas de seguir en compañía de ese íntegro profesor de instituto que es Guthrie; de sus hijos, los pequeños pero espabilados Ike y Bobby; la adolescente Victoria que tras su embarazo se ve obligada a buscarse la vida fuera de casa; la decidida Maggie Jones siempre dispuesta a echar una mano a los demás...y, de manera especial, echaremos de menos a los huraños, entrañables y bondadosos hermanos McPheron que se verán obligados a abrir las puertas de su casa y sus corazones a alguien más que a su ganado.


En el fondo, todos ellos son solitarios cuyos destinos Haruf  juega a poner en contacto con una sorprendente naturalidad. La narración fluye de un hogar a otro, del instituto a la granja y al café del pueblo, de la estación del tren a las llanuras donde pace tranquilo el ganado...el pueblo de Holt es un pequeño escenario donde cada nuevo día se suceden pequeños dramas y tragedias cuya crónica es recogida en las páginas de "La canción de la llanura" bajo la que vibra un sentimiento y una intención muy clara por parte de su autor: evidenciar que en el fondo, todos buscamos compañía, afecto, comprensión, cariño y amor. Todos necesitamos amar y ser amados porque es lo que da sentido a la vida y nos hace plenamente humanos. Y Humanidad, en mayúsculas, es la principal característica de esta novela y nos atreveríamos a aventurar, que la principal característica de su autor porque alguien capaz de escribir con esta tremenda, simple, llana y contundente humanidad ha de ser no solo un gran escritor, sino una excelente persona. 

Esperando ya la próxima novela. ¡No tardéis Literatura Random House




Fotografía de Boulevard literario 





miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los portadores de sueños, Gioconda Belli

"En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo.

Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción.

Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores,
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.

Desde pequeños venían marcados por el amor.
Detrás de su apariencia cotidiana
Guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Las madres los encontraban llorando
por un pájaro muerto
y más tarde también los encontraron a muchos
muertos como pájaros.
Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
por un invierno de caricias.
Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías
habladoras
de catástrofes.
los llamaron ilusos, románticos, pensadores de
utopías
dijeron que sus palabras eran viejas
y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso
es antigua
el corazón del hombre.
Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los
multiplicaban
y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también había engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol.
Los portadores de sueños sobrevivieron a los
climas gélidos
pero en los climas cálidos casi parecían brotar por
generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias
torrenciales
Tuvieron algo que ver con esto,
La verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se
ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad.

Eran felices en su mundo de azúcar y de viento
de todas partes venían a impregnarse de su aliento
de sus claras miradas
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños
soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
Por el contrario, los científicos diseñarían
puentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.

Son peligrosos - imprimían las grandes
rotativas
Son peligrosos - decían los presidentes
en sus discursos
Son peligrosos - murmuraban los artífices de la guerra.

Hay que destruirlos - imprimían las grandes
rotativas
Hay que destruirlos - decían los presidentes en sus
discursos
Hay que destruirlos - murmuraban los artífices de la guerra.

Los portadores de sueños conocían su poder
por eso no se extrañaban
también sabían que la vida los había engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías
y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
Los profetas de la oscuridad se pasaban noches
y días enteros
vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche.
Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de
sueños
que no pueden detener los traficantes de la muerte;
por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazones
en amplios vestidos de maternidad
donde piesecitos soñadores alborotan los vientres
que los albergan.

Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arcoiris
y sopló de fecundidad las raíces de los árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías. "


Los portadores de sueños, Gioconda Belli




Fotografía de Boulevard literario 


martes, 24 de octubre de 2017

"El zar del amor y el tecno", Anthony Marra

Hay libros que le llegan a uno sin buscarlos, libros de cuyo autor nunca antes habíamos oído hablar , libros con títulos cuanto menos desconcertantes y con portadas que aun despistan más. ¿Nos lanzamos a leer un libro con estas características?, ¿valdrá la pena cuando tenemos tantos otros títulos pendientes que nos inspiran más confianza o de los que tenemos más referencias?
Pero vamos mirando con atención este volumen que tenemos entre manos. Lo publica Armaenia editorial, una pequeña editorial de la que llevamos ya un par de títulos leídos que han sido muy buenos descubrimientos. Esto ya es un punto a favor de este libro que ahora nos planteamos leer. Su título, "El zar del amor y el tecno" despista. La imagen de portada, una cinta de casete en estridentes tonos azules, aun nos desconcierta más, así que vamos a ver lo que nos cuentan en la contraportada: 

"Este impactante y exquisito tour de force, a medio camino entre novela coral y colección de relatos, se extiende a través de un siglo, un continente y un reparto de personajes extraordinarios cuyas vidas se entrecruzan de manera en ocasiones cómica y desgarradora.
Un censor soviético de los años treinta corrige meticulosamente fotografías oficiales en los búnkeres de Leningrado, perseguido por la imagen de una prima ballerina caída en desgracia. Un coro de mujeres cuenta sus historias y las de sus abuelas, antiguas prisioneras de un gulag, que fundaron su propio pueblo en Siberia. Dos hermanos comparten un amor feroz y protector en pleno derrumbamiento de la URSS; y un mercenario es hecho prisionero en un pozo de Chechenia junto con una casete de mezclas que podría contener el último mensaje de su familia."

¿Novela social?, ¿política?, ¿histórica?, ¿drama psicológico?...¿Qué nos va a contar su autor, un joven norteamericano llamado Anthony Marra, cuya carta de presentación nos informa que es ésta su segunda novela, después de "Una constelación de fenómenos vitales" (publicada también por Armaenia editorial) con la que ha conseguido numerosos premios? Finalmente, decidimos leer "El zar del amor y el tecno" y descubrimos que Marra nos cuenta lo que ya intuíamos y más, porque tras leer el primer capítulo, casi pugna por salir de la garganta un rugido de satisfacción digno de "El leopardo" que da título a este primer relato, episodio o parte de la novela. Podéis considerarlo como queráis porque tan bien funciona como cuento independiente que como capítulo que irá enlazando con los siguientes. 

La lectura de "El zar del amor y el tecno" arranca con una potente historia en la que se cuestionan ideologías políticas y creencias religiosas, en la que se pone en evidencia el hecho de que  la experiencia humana está llena de matices, de tonalidades, de decisiones y sentimientos que relativizan los grandes conceptos del Bien y del Mal, pero en cualquier caso, somos lo que elegimos ser y con nuestros actos construimos (o destruimos), nuestro futuro y el de los demás. 

Una vez iniciada la lectura, os garantizamos que resulta imposible dejar de leer. Un capítulo nos lleva a otro, a través de una trama y unos personajes que se van relacionando unos con otros hasta configurar un rompecabezas enorme en el que todo encaja con una pasmosa facilidad. Poco a poco, todo cobra sentido: el título de la obra, la imagen de la portada. Nada hay gratuito en esta espléndida novela que transcurre desde los años 30 hasta nuestros días en el marco de una Unión Soviética cuya historia va cambiando y con ella, los personajes que protagonizan la obra, aborrecibles algunos, dignos de compadecer o admirar otros, entrañables, odiosos...pero todos inolvidables gracias al estilo decidido, vigoroso e incluso, en algunos pasajes, poético, de este joven autor al que ha valido la pena conocer y del que esperamos siga proporcionándonos obras tan gratificantes como ésta. 




viernes, 13 de octubre de 2017

El club de los mentirosos, Mary Karr

Seamos sinceros, aunque Mary Karr en el Prólogo de esta obra diga que su familia no es ni mucho menos un caso único o especial , y que a raíz de la publicación de "El club de los mentirosos" en 1995, miles de personas se animaron a contarle sus propias historias, tan o más peculiares que la suya, lo que resulta innegable después de haber leído estas memorias que Periférica y errata naturae publican ahora traducidas al español,  es que la infancia y adolescencia de esta escritora norteamericana fue de todo menos fácil y aunque, ciertamente todos tenemos trapos sucios que lavar en casa, los suyos desbordarían la capacidad de cualquier lavadora convencional.

Porque si algo no es esta familia Karr, protagonista de "El club de los mentirosos" es convencional. El padre, Pete, bebe y aprovecha la menor ocasión para ausentarse del hogar y alejarse de su familia. La madre, Charlie, bebe aun más que su marido y pierde a menudo el control que sus hijas, Lecia y Mary se ven obligadas a tomar pese a su corta edad. Junto a sus padres, una abuela autoritaria, amigos del cabeza de familia, vecinos y una pandilla de compañeros de correrías transcurre la infancia de Mary Karr y su hermana, que van creciendo y madurando a marchas forzadas en este universo cerrado y determinante que les ofrece el pueblo petrolero perdido en Texas en el que viven. 

Como lectores asistimos a un despliegue de acontecimientos tan variopinto como impactante. Resulta imposible despegarse de la lectura porque la narración es simplemente arrolladora y el interés por lo que se nos cuenta ya no radica solo en las sorprendentes andanzas de esta peculiar familia, sino en la manera como se narra la historia.

Disculpad la comparación que nos sugiere la lectura de "El club de los mentirosos", pero nos parece que su autora vomita. Y no lo decimos porque el texto sea malo, ni mucho menos, lo decimos porque sale de lo más profundo de su autora, de las entrañas, un ejercicio exorcizante que sana y limpia al poder volcar en el papel todo lo que lleva dentro, un cúmulo de ácidos y desagradables recuerdos que, como un vómito, salen expulsados de manera imparable. Un auténtico ejercicio de sanación mental, de limpieza a fondo de experiencias pasadas que Karr quiere hacer públicas posiblemente para superar de manera definitiva el pasado y asumir mejor el presente. Eso sí, reavivando también los buenos recuerdos que, aunque a simple vista parezcan escasos, también los hay.

En el título de la obra se hace alusión a la mentira. En concreto, el club de los mentirosos, es el nombre con el que Mary alude al grupo formado por su padre y sus amigos con los que se reúne a menudo para beber y contar historias, las que cuenta él, normalmente, mentiras, pero unas mentiras que la pequeña Mary que asiste, de manera privilegiada a estas reuniones, escucha fascinada. Posiblemente, sin ser consciente de ello, a través de la voz de Pete, su hija estará aprendiendo a fabular, a convertir, en un futuro, la realidad en literatura. Pero la mentira no sólo campa a sus aires en este club masculino, también hay mentiras dentro de la misma familia Karr y entre sus antepasados. Hay mentiras y secretos, y verdades a medias, así que ¿quién nos asegura que lo que nos está contando la propia escritora en este libro no es también una mentira? Sabemos que Karr presentó su obra, al publicarse, como unas memorias pero lo cierto es que aunque dudáramos de la veracidad de lo que nos cuenta, el estilo es tan vehemente, tan auténtico que si lo que nos narra es verdad o no casi es lo de menos.

En palabras de la propia autora, con esta obra pretendía "conectar al lector a un enchufe y poner en marcha esa máquina psicológica y personal que le proporciona una vida con más sentimiento." Os garantizamos que lo consigue, vaya que sí.







martes, 26 de septiembre de 2017

"Apegos feroces", Vivian Gornick

Todos los seres humanos vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida, una serie de afectos o inclinaciones hacia otras personas que contribuirán, en mayor o menor medida, en la formación del carácter, en nuestra capacidad de amar, de odiar, de expresar los más variados sentimientos y emociones que definirán nuestra identidad.

Todo ser humano, desde la infancia -y sobre todo, durante la adolescencia-, va estableciendo vínculos con los seres más allegados, con los padres, hermanos, abuelos, amigos, vecinos...y según sea cada individuo, esa vinculación será más o menos fuerte y más o menos determinante para su futuro.

"Apegos feroces" de Vivian Gornick, publicada originalmente en los años 80 y que ahora, nos llega gracias a Sexto Piso, es un texto autobiográfico con un más que notable nivel literario, perfectamente equilibrado en cuanto a forma y contenido. Una historia que gira, como indica el título, entorno a esas inclinaciones, a esos vínculos que la narradora establece a lo largo de su vida, especialmente, aunque no tan sólo, con su madre. Son vínculos o lazos "feroces" por lo intensos, arrebatadores y viscerales que son, porque en Gornick se adivina una personalidad tan apasionada y vital que esos apegos no pueden darse de otra manera. Si eso es bueno o no para su equilibrio emocional, no lo podemos saber, pero desde luego, como motor narrativo resulta tan potente que el resultado literario es excelente.

Una Gornick ya adulta pasea con su madre octogenaria por las calles de Nueva York, en unos encuentros deseados pero forzados, tensos pero emotivos, en los que ambas recuerdan acontecimientos y personas del pasado en un posible intento de encontrar un lugar cómodo en el que establecer cierta comunicación, a salvo de los constantes reproches y confrontaciones que caracterizan el diálogo entre madre e hija.

Y es que el principal "apego feroz" de Gornick es el que siente por su madre, una ama de casa que renunció a toda aspiración fuera del hogar para casarse y cuidar de sus hijos, y que al enviudar, cuando Gornick tenía 13 años, cayó en una profunda depresión que siguió arrastrando a lo largo de su vida, convirtiéndose en una mujer frustrada, anulada y resentida, un espejo en el que su hija abomina verse reflejada y que tendrá como referencia de la que huir.

Madre e hija son, aparentemente, muy distintas, dos polos opuestos, dos concepciones de lo que es o debería ser,  la condición femenina, dos visiones antagónicas de lo que representan el trabajo, el matrimonio, el amor; dos adversarias que chocan sin remedio, una y otra vez, a la más mínima ocasión y que parecen condenadas a no llegar a entenderse jamás. Pero quizá ese rechazo no sea más que el miedo a afrontar lo que cada una de ellas siente, lo que en el fondo las hace ser a cada una como es, una esencia que las conecta como madre e hija que son y aunque las circunstancias las hace distintas, también las conecta como si fueran dos caras de una misma moneda.

Pero los apegos vitales de Gornick no se resumen a los que la unen con su madre. También se proyectan en Nettie, esa vecina atractiva y fascinante que despierta la sensualidad y la sexualidad de la escritora durante la infancia; en los sucesivos hombres que irán formando parte de su vida: Stefan, Davey, Joe...y mientras ese bagaje vital transcurre en un ir y venir de afectos y desapegos, se va desarrollando un vínculo fundamental, quizá el más feroz de todos: la vocación literaria.

Paralelamente a las historias familiares que Gornick nos desvela en los encuentros con su madre, también nos cuenta ese magnífico descubrimiento que supone el amor por la literatura, las lecturas voraces en las que se inicia cuando va a la universidad y esa compulsión latente en su interior que la llevará a escribir. 

Es una verdadera lástima que Gornick haya centrado su obra en la producción de ensayos, críticas y memorias, pues estamos plenamente convencidos de que late en ella una espléndida escritora de ficción que nos hubiera proporcionado muchas alegrías en forma de novelas o cuentos. Afortunadamente, "Apegos feroces" son más que unas memorias, son literatura en estado puro, destilada para saborear sin prisas, un paseo por las calles de Nueva York donde las voces del pasado se funden con el presente y una mujer desnuda el alma, como hija y como escritora. Un testimonio lúcido y atemporal sobre la experiencia de ser mujer, antes, ahora y siempre. 




lunes, 11 de septiembre de 2017

La composición de la sal, Magela Baudoin

Hace unos días tuve ocasión de ver y escuchar por televisión una entrevista al magistral escritor italiano Erri de Luca en la que dijo: "Las historias son un resto de la vida. Por eso mantienen ese formato de residuo. Las sobras, un resto. Yo las imagino como si llegara el agua del mar y llenara un pozo en medio de los escollos y luego este agua se evapora y queda la sal. Esa sal es el relato, la historia. Mi escritura. Ese resto de vida evaporada. Por eso es tan denso, porque es un poso."

Ha sido inevitable recordar y reflexionar sobre estas palabras a raíz de la lectura de los 14 relatos que conforman "La composición de la sal" de Magela Baudoin, publicada por Navona Editorial y que llega con dos cartas de presentación de lo más potente: la concesión del Premio García Márquez de Cuento 2015, y un prólogo del gran Alberto Manguel.

Y ha sido inevitable recordar la entrevista a Erri de Luca, no tan solo por la obvia referencia a la sal, sino por la concepción misma de la idea sobre la creación literaria del relato, ese poso que queda cuando se evapora la vida, ese recuerdo concentrado e imborrable que resiste cuando todo ha terminado y cuya huella genera la construcción del cuento, ni más ni menos, el resto de vida evaporada hecho escritura.

En este sentido, en el de la permanencia a través del tiempo, de la voluntad de recrear y de eternizar los episodios más íntimos o significativos de nuestra memoria, a fin de perpetuarnos de algún modo como seres humanos, más allá del tiempo, destacaríamos de entre todos los que componen este volumen, los relatos de Baudoin que, autobiográficos o no, parecen elaborados a partir de sentimientos y emociones provocadas por la evocación de recuerdos o episodios del pasado, especialmente de la infancia. Son esos cuentos protagonizados por ancianos entrañables, nietos ávidos de protección, niñas huérfanas de madre que necesitan el calor familiar, personajes solitarios que sueñan por conocer a su amor platónico, abuelas aparentemente severas que intentan transmitir su amor por la literatura y las palabras...todos esos cuentos que la autora narra desde la más íntima y conmovedora ternura, impactan de lleno en la más recóndita entraña del lector y lo sacuden con suavidad pero firmeza. Son "La noche del estreno", "Un verdadero milagro", "Borrasca", "Un reloj. Una pelota. Un café" y especialmente, esa pequeña joya que da título al libro, "La composición de la sal", un engranaje preciso y delicado en el que trama, estructura, estilo y desenlace funcionan a la perfección. 

Afortunadamente, en estos últimos tiempos, el cuento, como género, está recuperando el prestigio que históricamente la novela le suele arrebatar. Y esto está siendo posible, gracias a la apuesta de algunas editoriales por publicar relatos, por el reconocimiento que supuso el Premio Nobel de Literatura a una de las más destacadas cuentistas contemporáneas como es Alice Munro, así como por la aparición de nuevos escritores y la reedición de los grandes clásicos cultivadores del cuento. Poco a poco, los aficionados al relato estamos de enhorabuena y cada vez vamos siendo más los adeptos a este género.

Magela Baudoin llega ahora a las librerías españolas en un momento en el que se están dando a conocer otras escritoras latinoamericanas de su misma generación que también escriben relatos como por ejemplo Samantha Schweblin, Mariana Enríquez o Vera Giaconi. Todas ellas, con un estilo propio y definido, pero igualmente notable e interesante, que sin duda están colaborando a enriquecer el panorama cuentístico actual. Os recomiendo seguirles la pista y leerlas. Con toda seguridad, empezar conociendo a Baudoin y "La composición de la sal" es sin duda, un buen comienzo. 



jueves, 7 de septiembre de 2017

"Un lugar pagano", Edna O'Brien

Leer a Edna O'Brien es como deslizarse en canoa por el curso de un río largo, caudaloso, en el que se alternan momentos tranquilos y rápidos inesperados, remansos plácidos y torrenteras desbordantes. Así es su estilo y así es su prosa, ligera, persistente, avanzando siempre adelante, una corriente subterránea que vibra bajo nosotros, rebosante de vida, un caleidoscopio de sensaciones plasmadas en una minuciosa y plástica descripción de paisajes y un desfile de personajes alejados de los arquetipos y singularizados más que por sus características físicas, por sus vicios y virtudes. 

Autobiográfica, pero con las debidas licencias poéticas propias de la ficción, "Un lugar pagano", recién publicada por errata naturae, narra la historia de la infancia y adolescencia de una joven nacida y criada en un pueblo irlandés en los años 30-40, cuya familia y entorno rural, marcados por la religión y las costumbres locales, condicionarán su vida y su futuro.

La historia se va construyendo a partir de la conciencia de la autora, de su capacidad evocativa, su potencial para exprimir la memoria y volcar sus recuerdos sobre el papel.

Después de haber leído la dura, conmovedora y reivindicativa "Las sillitas rojas", "Un lugar pagano" (publicada ahora pero anterior cronológicamente), se lee con menos tensión, con más placidez pues, incluso en los pasajes más dramáticos de la historia el tono es más suave e incluso se permite cierta comicidad, o como mínimo, un enfoque irónico no exento de amargura pero que le permite con ese punto de entrañable sentido del humor, afrontar las desgracias de la vida.

En algún momento, me ha venido a la memoria otra espléndida obra autobiográfica, "Sidra con Rosie" de Laurie Lee, publicada por Nórdica libros, en la que también el autor evoca su infancia en un entorno rural parecido al que vivió Edna O'Brien, aunque en el caso de Lee transcurriera en la campiña inglesa. Entornos y paisajes similares pero si bien el tono de "Sidra con Rosie" es más tierno y lírico, en la novela que aquí nos ocupa, la intensidad emocional está dosificada al milímetro para conmover al lector pero evitando caer en sentimentalismos.

Posiblemente O'Brien no solo pretenda recuperar los mejores recuerdos de su adolescencia, sino todo aquello que de un modo u otro, la marcó y la hizo madurar y convertirse en la mujer que llegó a ser, venciendo las ataduras e imposiciones propias de su familia y entorno.

El sexo como tabú, la religión marcando implacables normas morales y de comportamiento, los roles masculino y femenino firmemente diferenciados y representados por sus padres: un padre bebedor y algo violento, autoritario y amenazador; una madre severa y distante con sus hijas; una hermana mayor, Emma, que huye a la gran ciudad para buscarse la vida tras un embarazo no deseado y un hijo entregado en adopción; vecinos chismosos, curas seductores, una naturaleza que estalla por todas partes y embriaga los sentidos, los prados infinitos, el clima, la lluvia, los olores del campo y del ganado, las rutinas del día a día...todo ello forma parte del mundo de la protagonista hasta que un desagradable incidente será el detonante para decidir marchar del pueblo y convertirse en monja misionera. ¿Se ha despertado una repentina vocación en ella o necesita huir de todo y de todos para comenzar una nueva vida?...

No hay duda que, como dijo Emily Dickinson, "No hay mejor nave para viajar que un libro", y "Un lugar pagano" es un viaje inolvidable en el tiempo y el espacio que nos traslada a la Irlanda rural más profunda, en la que resuenan los avances de la Segunda Guerra Mundial y en cuyos verdes parajes, las gentes sencillas trabajan, viven, aman, odian y mueren, ignorando que una tímida pero despierta muchachita pelirroja inmortalizará con su talento, su propia historia y la de todos ellos en "Un lugar pagano", o lo que sería lo mismo, en una gran novela.



Fotografía de Boulevard literario 



viernes, 7 de julio de 2017

Basti, Intizar Husain

El 16 de diciembre de 1971, el ejército indio entró en la ciudad de Daca poniendo fin a una larga guerra con Pakistán y declarándose la independencia de Bangladesh.
En este turbulento y trágico contexto, previamente marcado por los disturbios, manifestaciones y enfrentamientos entre partidarios y contrarios de ambos países, se sitúa la acción de "Basti" del escritor paquistaní Intizar Husain, uno de los autores contemporáneos más importantes en su país y prácticamente desconocido en el nuestro, que nos llega ahora traducido al español gracias a Armaenia Editorial.

Zakir, el protagonista, es un profesor universitario que ante el inminente estallido de la guerra, recuerda su infancia y adolescencia de manera que la crónica en tiempo real de los acontecimientos histórico-políticos que amenazan la paz en Pakistán, se entremezclan con evocaciones cargadas de poesía, de mística y religión, impregnadas de melancolía y nostalgia por los tiempos pasados y por las ciudades, personas, paisajes y vivencias que quedaron atrás.

Es ésta una historia de huidas, pérdidas y regresos, una historia de búsqueda de un lugar en el que vivir en paz y en el que tengan cabida todos los seres humanos, sin distinciones por su origen, religión o etnia, así que más que una historia se diría que "Basti" es un sueño, una utopía ideal enmarcada en una época concreta pero aun con plena vigencia en nuestros días.

Zakir pasa su infancia en Rupnagar para más tarde trasladarse a Vyaspur, enclaves imaginarios creados por el autor en los que se describe los años más tranquilos y felices del protagonista, los cuales van siendo evocados de manera constante a lo largo de la novela a través de una curiosa y sugerente combinación de recuerdos reales e imágenes oníricas fruto de sus sueños.
Más tarde, un joven Zakir llega a Pakistán donde estudiará y se convertirá en profesor universitario, sufriendo muy de cerca los avatares de la guerra con la India.

Husain utiliza su crónica para recrear hechos históricos reales pero también para reflexionar entorno a la fuerza de los lazos familiares, el peso de la tradición y la asimilación de las innovaciones y cambios que comporta el progreso, analizando las distintas maneras con las que nos enfrentamos, según nuestra edad o creencias políticas o religiosas, a unos mismos acontecimientos portadores de ruptura y cambio.
La novela es también una reflexión acerca del fenómeno de la emigración, esa marcha forzada a la que muchos se ven obligados a emprender persiguiendo mejores condiciones de vida, huyendo de la pobreza o de la guerra. Husain plantea los sentimientos que se despiertan en el emigrante, desde la ilusión y la esperanza por un futuro mejor, al desconcierto, el desarraigo o la melancolía por la tierra abandonada y la incapacidad de reconocer como propio, el nuevo destino de llegada.

Esta crónica histórica, en la que hábilmente se entrelazan realidad y ficción, está fuertemente impregnada de elementos religiosos, mitológicos, reales o folklóricos, de la cultura india y musulmana, una mezcla que puede desconcertar o confundir en un principio al lector pero que una vez situado éste, le da una dimensión más profunda y sugerente al texto en el que irán fluyendo imágenes evocadoras vinculadas al paisaje y a las leyendas que resaltan el íntimo e intenso vínculo del hombre con la Naturaleza y su propia cultura.

"Basti" es también un canto a la familia, a la amistad y al amor, pero ante todo, es una llamada y toque de atención a todos y cada uno de nosotros para recordarnos y despertar eso que late en lo más profundo de nuestro ser, seamos quienes seamos, y que se llama Humanidad.




Fotografía de Boulevard literario


domingo, 2 de julio de 2017

Agua salada, Charles Simmons

Ya antes de abrir el libro, simplemente leyendo el título y mirando/admirando la fotografía de la portada, nos ponemos en situación. Verano, mar, aguas cristalinas que invitan a nadar y a salir en barco, brisa marina, ese inconfundible olor a sal que lo impregna todo y que embriaga los sentidos, sol, aventura, espacios abiertos y libertad sin límites.
La lectura promete y casi que nos ponemos el bañador para zambullirnos en el texto, cuando al empezar a leer, ésta es la primera frase: "En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó". Quizá no será esa refrescante y lúdica lectura veraniega que creíamos, pero la frase nos atrapa y nos hace avanzar con tiento a través de las páginas de esta novela que se irá convirtiendo en una maravillosa travesía en la que acompañaremos a un muchacho adolescente que descubre por primera vez el amor y entra en el mundo de los adultos empujado por una serie de acontecimientos cuyo desenlace, aunque anunciado desde la primera línea, no resultará menos interesante y sorprendente.

Con un estilo sencillo, sin artificios ni florituras innecesarias, Charles Simmons desarrolla en "Agua salada", publicada por errata naturae, la historia de un primer amor, revisionando la novela de Turguénev que se titula precisamente así, "Primer amor", pero poniéndola al día, 100 años después, situando la acción en una península norteamericana llamada Bone Point y desplegando una serie de personajes a través de los cuales, el narrador y a la vez, protagonista principal de la historia, rememora unos episodios de su adolescencia marcados por el descubrimiento del amor y poco tiempo después, la pérdida del mismo, así como la pérdida física de su padre.

Por la sencillez, franqueza y profundidad con la que Simmons se expresa, todo hace pensar que mucho debe haber de autobiográfico en esta obra pues Michael, el muchacho adolescente que desde la madurez nos narra la historia está tan afinadamente definido y el autor controla y muestra tan certeramente cada uno de sus gestos y emociones que solo puede ser fruto de la propia experiencia.

Michael se enamora de Zina, una joven resuelta y decidida que nos evoca con sus gestos y proceder a las nínfulas a las que se refiere constantemente Nabokov en su famosa novela "Lolita". La tensión entre ambos jóvenes, ingenuo y sin dobleces Michael y seductora y apasionada Zina, irá creciendo al compás de ese paisaje marino que los envuelve.

La trama avanzará al ritmo del oleaje, más breve, más profundo, más suave o más intenso según las corrientes que se desencadenan en el océano, según las tensiones que van creciendo y relacionando a los distintos personajes que arropan y secundan a la joven pareja. La presencia física del paisaje es constante en la novela y parece influir de manera más o menos directa y evidente en el comportamiento de los protagonistas y en su actitud frente a las decisiones que toman y a los actos que realizan.

Simmons despliega su visión de lo que supone el amor desde la inexperiencia y la inocencia de un adolescente pero también nos habla a través de los demás personajes: los padres de Michael, la madre de Zina, los jóvenes amigos de Misha, Melissa o Hillyer; Henry, el galerista...A través de todos ellos, se nos plantean muchas y distintas maneras de entender y vivir la pasión amorosa, ya sea desde la seducción innata del atractivo padre de Michael, de la actitud sumisa y tradicional de su esposa, de la despreocupada y liberal Sra. Merzt, de la ingenua y poética actitud de Melissa, de la primaria espontaneidad de Hillyer, o desde la pasión homosexual de Henry...Si leemos con atención la novela, Simmons despliega tal variedad de modos y maneras de entender y vivir el amor que la historia central se ve enriquecida y bien arropada para sostener con eficacia y entender en toda su intensidad, el dramático desenlace anunciado desde el principio.

"Agua salada" es una novela planteada sin excesivas pretensiones, pero precisamente por su modestia desprende una naturalidad tan sincera y auténtica que deviene una pequeña obra maestra a la hora de narrar una historia con eficacia, equilibrada emocionalmente pero desbordante de eso que cada uno entiende a su manera, pero todos llamamos "amor".




jueves, 29 de junio de 2017

Dos escritoras: Una ciudad, una casa y una isla

Natalia Ginzburg y Elsa Morante: ambas fueron mujeres, italianas, vivieron y sufrieron los mismos acontecimientos históricos, fueron contemporáneas en una época marcada por el fascismo que afectó a sus vidas y contra el que manifestaron su más profundo rechazo.
Ambas fueron escritoras, grandes escritoras con estilos muy diferentes pero generados a partir de una misma pasión por la literatura.

Repasamos las fotografías que quedan de ellas. La expresión grave, la mirada profunda, incluso ceñuda de Natalia revelan contención, dureza, introspección y firmeza de carácter. Un cierto pesimismo inevitable por las circunstancias, pero no exento de una intensa humanidad.
Los grandes ojos oscuros de Elsa y su apenas esbozada sonrisa sugieren un carácter seductor, un rico mundo de ensoñaciones y fantasías, pero a la vez un sentido observador y crítico de la vida.
¿Fueron realmente así, tal como nosotros nos imaginamos?... Tal vez, en realidad, sea así como a nosotros nos gustaría que hubieran sido, como las percibimos y las entendemos a través de su escritura.
Quien haya leído a estas dos magníficas escritoras habrá podido comprobar que sus estilos, y quizá podría decirse incluso, que sus actitudes vitales y su concepción de la vida, sus miradas y caracteres, son totalmente distintos.

La prosa de Ginzburg es sobria, sencilla, pero a la vez, contundente y demoledora. No se anda por las ramas, no se recrea en artificios y florituras, reniega de la retórica vacía y el ornamento. Natalia es directa en sus planteamientos, en lo que nos quiere contar y traza un camino recto y llano para darnos a conocer lo que siente y piensa. Determinación pero sensibilidad, sentimiento sin afectación.

El universo Morante es lo opuesto al universo Ginzburg. Elsa se deleita con las palabras, se recrea con el sonido, los colores, los aromas, las emociones, los matices que le brinda el amplio abanico de recursos narrativos puestos a su disposición. Su prosa rezuma sensualidad, sugerencia, plasticidad. Donde en Ginzburg, 2+2 suman directamente 4 , en Morante  las sumas también cuadran pero tras un largo recorrido donde la reflexión y la descripción hasta del más nimio detalle cobran una trascendencia fundamental a la hora de captar todo el sentido del texto.

No se trata de comparar. Las comparaciones suelen resultar odiosas, injustas o imprecisas. Más bien se trata de relacionar a ambas escritoras tras haber leído recientemente "La ciudad y la casa" de Natalia Ginzburg y "La isla de Arturo" de Elsa Morante, ambas publicadas en las cuidadas y bellas ediciones de la Editorial Lumen. Nada que ver, salvo la maestría literaria que se aprecia en ambas obras. Las dos, excelentes muestras para conocer el estilo de cada autora y las dos, igualmente recomendables.

"La ciudad y la casa" de Ginzburg es una novela epistolar sencillamente ambiciosa. ¿Es posible definirla así? No es una paradoja. Es la evidencia de la capacidad de Natalia por construir una historia coral, donde hay más de un protagonista, a través de un intercambio de cartas que se establece de manera múltiple, entre diversos personajes, y en eso difiere de dos clásicos del género epistolar que nos vienen a la memoria: "84 Charing Cross Road" de Helene Hanff y "Paradero desconocido" de Kressman Taylor en las que la correspondencia es entre dos personas. Aquí no, en la novela que nos ocupa, la autora abre el canal de comunicación a toda una serie de emisores y receptores que se escribirán unos a otros, principales y secundarios, misivas largas y breves, más íntimas o más informativas...en un variado despliegue de información que le permitirá a Ginzburg reflejar todo un pequeño cosmos de amigos relacionados entre sí por buenos y malos momentos, alegrías y tristezas, derivadas de unos acontecimientos que crearán entre ellos vínculos afectivos muy especiales. Los personajes se definen por lo que cuentan en sus cartas y el lector va vistiendo el armazón argumental con toda la información que le proporcionan las misivas. El universo de Ginzburg girará entorno a los lazos familiares complejos y a menudo, conflictivos; las desavenencias e incomprensiones que suelen surgir entre padres e hijos, las relaciones sentimentales fallidas, las aventuras eróticas más o menos pasajeras. la búsqueda de la propia identidad. Todos los personajes fluctúan entre la ida y el regreso, la huida, el desconcierto, la insatisfacción vital, la duda, la inseguridad frente al futuro...exceptuando a la equilibrada y sólida Roberta que permanece firme y decidida mientras todos a su alrededor parecen ir a la deriva, ávidos de encontrar su rumbo, su razón de vivir en un mundo en el cual se sienten desprotegidos.

Hay tanto para reflexionar en estas páginas, tanto por asimilar y digerir en esta novela, que desembarcar después en "La isla de Arturo" es como emprender unas vacaciones idílicas, en un exótico paraje, en compañía de apenas tres personajes, en un entorno marcado por el mar y el sol. El cambio de registro es radical pero...no nos llevemos a engaño, pues la aparentemente tranquila y soleada isla de Prócida no será el destino más apacible para el lector, sino el escenario en el que tendrá lugar una historia de pasiones, amor, odio, incomunicación y secretos entre un muchacho adolescente y su enigmático padre, a raíz de la llegada de una joven madrastra.
Si en algo es pródiga Morante es en las descripciones de los ambientes que en esta novela son fundamentalmente dos: el caserón donde viven los protagonistas, tan imponente como ruinoso, y la isla en todo su esplendor mediterráneo, siempre soleada y con la constante presencia del mar. Pero además del detallismo descriptivo que roza la poesía en muchos momentos a la hora de hablarnos del entorno, también Morante afina con precisión cuando nos habla de sentimientos, emociones, silencios y arrebatos, miradas y gestos, haciéndonos tan reales a los personajes que parece que estemos conviviendo con ellos, bajo el mismo techo, paseando por las mismas habitaciones, cenando en su modesta cocina y durmiendo junto a ellos para compartir sus miedos. Arturo, Wilhelm y Nunziata nos atrapan en su vida de tal manera que, acabada la novela, permanecerán para siempre en nuestra memoria...igual que lo harán Giuseppe, Lucrezia, Roberta, Alberico...los personajes que habitan "La ciudad y la casa" de Ginzburg. Y esa pervivencia y ese recuerdo solo son posibles cuando hemos leído buena literatura. De la mejor.



Fotografía de Boulevard literario





miércoles, 21 de junio de 2017

Querida niña, Edith Olivier

"Siempre le resultó difícil dar forma a sus pensamientos, que por lo general se deslizaban indefinidos por el fondo de su mente, sin esperar nunca que los vistieran con palabras. En ese momento, sentada en medio del difuso discurrir de sus meditaciones, Agatha se fue dando cuenta de que ya en otra ocasión había tenido aquella misma sensación de soledad. Su vida, en la que parecía no haber habido nunca nada, ya había estado, sin embargo, vacía como hoy, y vacía de compañía. En silencio buscó en el pasado.
Entonces, un nombre atravesó su conciencia, como algo que de repente cobrara vida: ¡Clarissa!
Sí, era Clarissa, olvidada durante muchos años, y que ahora volvía a su mente no como el recuerdo de una posesión, sino de una pérdida.
Había ocurrido mucho tiempo atrás, y no había sido más que una fantasía infantil"


En la contraportada de "Querida niña" de Edith Olivier, publicada por Editorial Periférica, se define a esta obra como "una novela de 1927 en parte cuento de hadas oscuro y en parte novela psicológica." Y ciertamente, no es ni más ni menos, esto.

"Querida niña" se desarrolla como un cuento o fábula en la que la protagonista, Agatha, una mujer solitaria de 32 años, que acaba de perder a su madre, revive en su mente a Clarissa, su amiga imaginaria de la infancia, a fin de encontrar consuelo y compañía en su soledad, pero lo que en un principio es un juego íntimo y personal acabará convirtiéndose en realidad, y Clarissa tomará forma y cuerpo ante los ojos de todos.
A partir de esta creación imaginaria hecha realidad, empieza a narrarse una especie de fábula sobre la soledad, la necesidad de afecto y compañía, la incapacidad de comunicar y empatizar socialmente, la dificultad por expresar sentimientos, la proyección de ideales y deseos propios en otra persona, la protección llevada al celo extremo, la posesión enfermiza de aquellos a los que amamos.

Es además una fábula sobre la fidelidad, la gratitud, la dependencia, el sentido de la amistad y el amor. Una fábula entorno a los sueños y a lo ideal que de tan perfecto resulta huidizo y fácil de perder.

Una bella historia que se lee como un plácido e incluso aparentemente ingenuo cuento, pero que encierra un profundo y dramático contenido emocional, presentado con un cierto aire de misterio y un sorprendente y ambiguo desenlace.




Fotografía de Boulevard literario