sábado, 28 de febrero de 2015

"-¡Ah, qué imaginación tiene usted!-exclamé-. Yo no soy sino un pobre diablo, un hombre de letras que vive al día. ¿Cómo podría alquilar un palacio por tanto tiempo? Mis medios son tan escasos, mis ingresos tan inseguros, que no sé si dentro de unos meses dispondré de lo suficiente para vivir. Me he permitido, por una vez, un lujo enorme. Pero en cuanto a continuar... 
-¿Le parecen demasiado caras sus habitaciones? Si es así, podría usted disponer de alguna más por la misma suma-respondió prontamente- Podríamos arreglarnos, combinare, como dicen aquí. 
-Ya que me lo pregunta, le diré que las encuentro muy caras. Demasiado caras-afirmé-. Evidentemente, me supone usted más rico de lo que soy. Me miró con desconfianza. 
-¿No vende los libros que escribe? 
-¿Quiere decir si la gente los compra? Algo... muy poco. Mucho menos de lo que yo quisiera. Escribir libros, a menos que se sea un genio (¡y ni aun en ese caso!) es el último camino para llegar a la fortuna. Creo, además, que ya no es posible ganar dinero con la buena literatura. 
-Tal vez no elige temas hermosos. ¿Sobre qué escribe?-preguntó ella implacable. 
-Sobre los libros de otros autores. Soy crítico, comentarista, historiador en pequeña escala repuse. Y me pregunté lo que iría a suceder. "

Los papeles de Aspern, Henry James






viernes, 27 de febrero de 2015

Alice Munro: ¿Abuela o lobo feroz?

Hay una anécdota que me sucedió hace ya algunos años, relacionada con Alice Munro que aún recuerdo con cierta perplejidad. Había leído un relato suyo por Internet y me gustó tanto que quise adquirir alguna de sus obras, por lo que me dirigí a una librería del barrio con la esperanza de encontrar alguna disponible.

Tras rastrear las estanterías sin éxito, fui hacia la dependienta (lo digo con toda la intención, porque de librera, poco) que dormitaba junto al ordenador y le pregunté si disponían de alguna obra de Alice Munro.

La chica despertó de su letargo mirándome como si la hubiera picado un mosquito de la especie más molesta (en este caso, yo) y desperezándose sobre el teclado dijo: "A ver que lo miro...Alice...¿Monroe?, ¿Como Marilyn Monroe?..." Obviamente salí de la librería con las manos vacías y sin saber si echarme a reír o a llorar...Supongo que tiempo después, cuando la canadiense ganó el Nobel de Literatura, la iluminada dependienta no volvió a hacerle la pregunta nunca más a nadie.

En fin, por fortuna, adquirí un primer libro de relatos de Munro por otros canales y confirmé que había descubierto a una magnífica e inusual cuentista que, para empezar, rompió por completo los esquemas del personaje que había compuesto en mi imaginación. Y es que viendo las fotos más habituales de Munro, con una edad ya avanzada, el pelo blanco enmarcado con una cinta, los ojillos chispeantes y la dulce sonrisa, inevitablemente a uno le viene a la cabeza la abuelita de la "Caperucita Roja". Pero...¡oh sorpresa!, al ir leyendo sus cuentos descubrimos que no es precisamente la abuelita, si no más bien el lobo feroz, el auténtico autor de los relatos.

¡Cuidado con llevarse a engaño con Munro! No es la candorosa viejecita que nos explica inocentes cuentos con final feliz. Nada más lejos de la realidad. Para empezar, sus relatos no suelen tener final. De hecho, ni principio. Surgen a menudo de una aparente nada, para dibujar retazos de una vida que nos explotan en la cara con más o menos contundencia, o pasan ante nuestros ojos, de puntillas, dejando tras de sí una tenue estela, una sombra a la que nosotros debemos dar consistencia y  corporeidad.

Munro dice muchísimo más de lo que a simple vista parece, porque cada elipsis, cada falta de información está totalmente pensada y buscada para que el lector lleve a cabo un laborioso trabajo de relleno, y cuando autor y lector trabajan conjuntamente para dar pleno sentido a las historias, es indudable que el texto adquiere aún mayor trascendencia.
Canadiense hasta la médula, la literatura de Alice Munro está absolutamente impregnada del carácter duro, extremo, inhóspito que confieren los paisajes y el clima de su tierra.

Las narraciones se desarrollan siempre dentro de los límites de lo cotidiano, pero no se quedan en la mera anécdota. Munro va más allá, trasciende lo anecdótico de manera que, a través del acontecimiento puntual, del episodios más rutinario del día a día, desarrolla sentimientos, frustraciones, miedos, reflexiones de todo tipo y condición. 

No esperemos relatos alegres y amables, no esperemos historias simpáticas y positivas. Munro es aparentemente sencilla y puede que a simple vista, incluso intrascendente, pero una lectura atenta nos descubre un universo de pasiones contenidas, anhelos, deseos, contradicciones e incertidumbres que nos sorprenden y posicionan en un punto de vista totalmente opuesto del que partíamos al iniciar nuestra lectura.

Empecé esta entrada con una anécdota y termino con otra: Hace unos días, una señora mayor, libro en mano, me abordó en una gran librería de mi ciudad, para pedirme consejo sobre la obra que había elegido comprar. Me confundió con una de las libreras, pero al ver que el volumen que llevaba en la mano era uno de Alice Munro, me ofrecí igualmente a darle mi opinión. "Muy amable, me dijo, es que quiero leer algo de esta escritora y no sé que libro elegir. No me gustan mucho los cuentos.Quería una novela." Tuve que advertirle que Munro no ha escrito novelas (ni siquiera "La vista desde Castle Rock" se puede considerar como tal), pero que si yo tuviera que elegir un volumen que encerrase y describiese a la perfección el universo "munroniano" sería "Mi vida querida". "Creo que le gustará, pero es algo duro", le advertí a la encantadora viejecita que se marchó la mar de contenta y agradecida con el libro recomendado. Al verla marchar, menuda, delgada y con una mata de rizos blancos coronando su cabeza, no pude evitar pensar en la misma Munro. ¿qué tipo de lectora sería?, ¿abuela o lobo feroz?... Nunca sabré si le gustó el libro, pero yo seguiré recomendándolo.





jueves, 26 de febrero de 2015

Discurso de Víctor Hugo sobre la libertad de enseñanza (1850)

DISCURSO SOBRE LA LIBERTAD DE LA ENSEÑANZA, EN LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE FRANCIA [1]
Víctor Hugo
[14 de Enero de 1850]

Yo quiero, lo declaro, la libertad de enseñanza; pero también quiero la vigilancia del Estado, y como yo quiero esta vigilancia efectiva, yo quiero el Estado laico, exclusivamente laico.
Yo quiero, lo repito, la libertad de enseñanza bajo la vigilancia del Estado y no admito que para ejercitarla sean llamados hombres que tienen sobre todo intereses prácticos. Lejos de mí de proscribir la enseñanza religiosa, ¿me comprendéis?, según yo opino ella es más necesaria hoy que ayer. Mientras más grande se hace el hombre, más debe creer. Si más se acerca a Dios más debe verlo.
Yo quiero, pues, y lo quiero sinceramente, firmemente, ardientemente, la enseñanza religiosa de la iglesia y no la enseñanza religiosa de un partido. Yo la quiero sincera y no hipócrita. Yo la quiero con un fin celestial y no con un fin terreno. Yo no quiero que una lámpara destruya a otra; yo no quiero confundir el profesor con el fraile. Sí, si yo consiento una tal mezcla como legislador, la vigilo, abro los seminarios y sobre las congregaciones que enseñan, el ojo del Estado, repito, el ojo del Estado laico, celoso únicamente de su grandeza y de su unidad.
Yo me dirijo pues al partido clerical y le digo: esta Ley es una ley vuestra. Yo no me fío de vosotros. Instruir significa construir.
Yo no quiero confiaros la enseñanza de la juventud, el alma de los niños, el desarrollo de la inteligencia, el desarrollo de las inteligencias nuevas que se abren a la vida, el carácter de las generaciones, es decir, el porvenir de la patria.
Yo no quiero fiaros el porvenir del país, porque fiároslo sería abandonároslo.
Ah, no os confundo con la Iglesia, vosotros sois los parásitos de la Iglesia, sois la maldición crónica de la Iglesia, Ignacio de Loyola es el enemigo de Jesús. Vosotros sois, no los creyentes sino los sectarios de una religión que no comprendéis. Vosotros sois los maquinistas teatrales de la Santidad. No confundáis la Iglesia con vuestros negocios, con vuestras combinaciones, con vuestras ambiciones. No la llaméis Vuestra Madre para hacer de ella vuestra sierva. No la atormentéis y sobre todo, no la igualéis a vosotros. Observad al agravio que le hacéis.
¿No veis como ella, la Iglesia, se ha deprimido desde el día que os tiene sobre sus espaldas?. Vosotros la hacéis amar tan poco que acabaréis por volverla odiosa, os lo digo seriamente; acabará por abandonaros. Dejadle. Cuando hayáis desaparecido, entonces volveremos a ella. Dejadla tranquila a esa venerable Iglesia, a esta venerable madre, dejadla en la soledad, en su abnegación, en su humildad. Es esto lo que forma su grandeza. Su soledad atraerá a la multitud, su abnegación la volverá potente y su humildad la volverá majestuosa.
Vosotros habláis de la enseñanza Religiosa. ¿Sabéis cuál es la verdadera enseñanza religiosa, aquella frente a la cual es necesario postrarse; aquella que no es necesario turbar? Es Vicente de Paul que recoge al niño abandonado. Es el Obispo de Marsella en medio de los coléricos. Es el Obispo de París que se lanza con una sonrisa en los labios en el formidable suburbio de San Antonio y alza el emblema de Cristo sobre la guerra civil y no mira a la muerte con tal de llevar la paz... He aquí la verdadera enseñanza religiosa, real, profunda, eficaz y popular.
Ah, os conocemos, conocemos al partido clerical. Es un partido viejo que tiene su magnífico estado de servicio. Es él quien, para decir verdad, ha descubierto estas dos cosas bellas: la ignorancia y el error. Es él quien prohíbe a la ciencia y al genio ir más allá del misal y que quiere enclaustrar el pensamiento en el dogma. Todos los pasos que ha dado la inteligencia en Europa, los ha hecho a su pesar. Su historia está escrita en el reverso de la historia del progreso humano. Se ha opuesto a todo... no hay un poeta, un escrito, un filósofo, un pensador, que acepten. Y todo lo que ha sido escrito, descubierto, soñado, deducido, ilusionado, enajenado, inventado por los genios, el tesoro de la civilización, la herencia común de las inteligencias, lo rechazan...
Es él quien ha hecho azotar a quien decía que las estrellas no se caerían. Es él quien ha torturado a Campanella por haber afirmado que el número de los mundos es infinito y por haber entrevisto el secreto de la creación.
Es él quien ha perseguido a Harvey por haber encontrado la circulación de la sangre. Para no desmentir a Josué ha encerrado en la cárcel a Galileo; para no desmentir a Pablo ha puesto en prisión a Cristóbal Colón. Descubrir las leyes del cielo era una impiedad; encontrar un mundo era una herejía.
Hace ya mucho tiempo que la conciencia pública se revela contra vosotros y que os pregunta, ¿qué cosa queréis? Hace demasiado tiempo que pretendéis poner una mordaza sobre los labios del espíritu humano.
Ah, Vosotros queréis que os den los pueblos para educarlos. Muy bien; veamos entonces vuestros discípulos, veamos vuestros productos. ¿Qué cosa habéis hecho en Italia? ¿Qué cosa habéis hecho de España? Desde hace muchos siglos vosotros tenéis en vuestras manos, a vuestra discreción dentro de vuestra escuela, bajo vuestra férula, estas dos grandes naciones ilustres entre las más ilustres: ¿Qué habéis hecho con ellas?
Lo digo yo, Gracias a vosotros Italia, de quien ningún hombre que piense puede pronunciar el nombre sin un inexplicable dolor filial. Italia, esta madre de genios y de las naciones que ha esparcido en el universo las más estupefacientes maravillas de la poesía y del arte. Italia que enseño a leer al género humano, Italia hoy no conoce ya el alfabeto.
España, soberbiamente dotada, que había recibido de los romanos su primera civilización y de los árabes la segunda y de la Providencia y a pesar vuestro todo un mundo, América. España ha perdido todo gracias a vosotros, gracias a vuestro yugo embrutecedor, un yugo de degradación y de reblandecimiento. España ha perdido el secreto de la potencia que los romanos le habían enseñado, el genio de las artes que había bebido de los árabes, el mundo que Dios le había dado: En cambio de todo esto que vosotros le habéis hecho perder, ella ha recibido de vosotros mismos: La Inquisición.
La Inquisición que ha quemado sobre las hogueras o sofocado en las prisiones cinco millones de hombres. Leed la historia. La inquisición que exhumaba a los muertos para quemarlos como heréticos. La inquisición declaraba a los hijos de heréticos hasta la segunda generación, infames e indignos de cualquier honor público, exceptuando solamente a aquellas que habían denunciado al padre, la inquisición que, mientras yo hablo, tiene todavía en la biblioteca vaticana los manuscritos de galileo encerrados y sellados con el sello del índice.
Es verdad que para consolar a España de aquello que le habéis dado le habéis puesto el mote de Católica. He aquí vuestras obras maestras. Aquella lumbrera que se llamaba Italia vosotros la habéis extinguido; aquel coloso que se llamaba España, vosotros lo habéis minado. La una es cenizas, la otra es ruinas. ¿Qué cosas queréis hacer ahora de Francia?. Queréis que os diga lo que os molesta. Es esta inmensa luz que hace de la nación francesa la nación que ilumina de tal suerte que sus rayos se extienden sobre todos los puebles del Universo. Y esta luz de Francia y esta libre luz y esta luz que no viene de Roma, sino de Dios, es la que vosotros queréis extinguir y la que Nosotros queremos conservar.
Es un mal juego aquel de hacer entrever, solamente entrever a Francia este ideal -la sacristía soberana-, la libertad traicionada, la inteligencia vencida y ligada, los libros despedazados, el sermón que sustituye a la prensa, la noche cubriendo los espíritus con la sombra del confesionario y de las sotanas y los genios suplantados por los clérigos. Yo lo repito -que el partido clerical se cuide- el Siglo Diecinueve le es contrario.
Con ciertas doctrinas que la lógica inflexible y fatal condena, con doctrinas que dan horror cuando se observan en la historia, sépalo el partido clerical, donde quiera que él esté, donde quiera que él vaya, Cultivará las Revoluciones. Para evitar a Torquemada, caerá en Robespierre. Aquellos que como yo procuran evitar a las naciones los reveses de la anarquía y el adormecimiento sacerdotal, lancen el grito de guerra. Yo soy de aquellos que reclaman en este noble país la libertad y no la opresión, la fe y no el debilitamiento, la fuerza y no la servidumbre, la grandeza y no la nada. ¿Cómo? ¿En este siglo de novedades, de hechos, de descubrimientos, de conquistas, vosotros soñáis en la Inmovilidad? ¿Es en este gran siglo de esperanza que proclamáis la desesperación?
Pues bien, lo repito con profundo dolor, yo que odio las catástrofes, los derrumbamientos, lo repito con la muerte en el alma:
Vosotros no queréis el progreso. Tendréis la Revolución Social.
VÍCTOR HUGO


[1] Esta discurso se corresponde con su intervención en la Asamblea Legislativa de Francia en el debate de un proyecto de Ley, en el cual, con el pretexto de organizar la libertad de enseñanza, establecía, en realidad, el monopolio de la instrucción pública en favor del clero.





miércoles, 25 de febrero de 2015

"El jardín", Constance Fenimore Woolson

A veces es bueno, tras la lectura de una novela intensa por su contenido o muy larga, por su extensión, leer algo más bien corto y ligero que nos haga de puente hacia nuevas lecturas que vuelvan a ser también, ya sea por contenido o extensión algo superiores.
"El jardín" de Constance Fenimore Woolson, es una novela breve, un cuento narrado con cierto aire de fábula que además se nos presenta alegremente ilustrado en esta edición de Periférica.
Lo primero que me llamó la atención al tener el libro en mis manos fue el nombre de la autora, que resultó ser sobrina-nieta de Fenimore Cooper, el famoso autor de "El útimo mohicano". Resulta además que la escritora mantuvo una gran amistad (quizá relación sentimental) con el magistral Henry James. Si sumamos estas dos curiosidades a la bonita y cuidada edición de Periférica, fue inevitable caer en la tentación de leer esta historia de una solterona norteamericana que es seducida por un apuesto italiano que la lleva a vivir con él a su país, concretamente al perdido pueblecito de Asís, en el que Prudence, nuestra heroína descubrirá que con su flamante marido va un lote de siete hijos de la anterior mujer fallecida, un sobrino, un desastrado tío y una insoportable y quisquillosa abuela. Al poco tiempo de casada, el marido fallece y su viuda decide quedarse y tirar adelante esta pintoresca y numerosa família de la que cuidará devotamente, sin recibir nada a cambio. Un único sueño, una única ilusión la mantiene para ir viviendo: poder hacer un jardín frente a su casa. ¿Lo conseguirá?... Leed "El jardín" si queréis saber la respuesta, si buscáis una historia agridulce, con un cierto regusto a moraleja, donde no todos son como parecen ser y donde cada uno persigue y encuentra lo que busca en la vida...o no... 




martes, 17 de febrero de 2015

Hay una soledad susceptible de mecerse...

"Hay una soledad susceptible de mecerse. Los brazos cruzados, las rodillas levantadas; mantener este movimiento, a diferencia del de un barco, serena y contiene al mecedor. Es algo interior...apretadamente envuelto como la piel. Y hay una soledad que vagabundea. El vaivén no logra retenerla. Tiene vida propia. Es una cosa seca y expansiva que hace que el sonido de los propios pies yéndose parezca provenir de un lugar distante."

Beloved, Toni Morrison 




lunes, 16 de febrero de 2015

Del color de la leche

Hay novelas que te atrapan y seducen (o abducen) de tal manera que empiezas a leerlas y es imposible dejarlas hasta que no terminas por completo su lectura.
Me ha sucedido con "Del color de la leche" de Nell Leyshon, publicada por la editorial Sexto Piso, una novela a la que llegué gracias a la recomendación de una buena amiga cuyo criterio literario comparto a menudo. No obstante, informada del argumento, debo reconocer que no me atrajo especialmente y en un primer momento, incluso me echó para atrás..¿Sería una historia melodramática, sensiblera, trágica?...¿Qué me iba a encontrar?
Afortunadamente, le presté la debida atención, entré de pleno en la lectura y me sedujo como hacía tiempo no me seducía una historia y una protagonista tan especial y singular como Mary.
Dice Valeria Luiselli al final del Prólogo: "Lo que sí hay, y lo digo sin temor a la hipérbole irresponsable, es un libro escrito con la urgencia palpitante de un pequeño clásico -pequeño por lo compacto y concentrado de su universo- y una historia poderosa que desciende al bajo fondo de una vida que se disolvió en la escritura y que sólo puede recobrarse en el silencio de nuestra lectura. Un silencio largo, estremecido y lleno de rabia. Pero también, un silencio esperanzado y lleno de admiración"
Totalmente cierto. Tenemos entre las manos una historia inmensa en apenas 170 páginas que nos dejan sin aliento, noqueados, indignados...pero cautivados y llenos de esperanza.
Una vez cerrado el libro, tenemos la certeza de que la historia se va a quedar para siempre en nuestro recuerdo; que el personaje de Mary, esta chiquilla de cabellos blancos, con un defecto en la pierna , una lengua afilada y un verbo desbordante como lo son sus ganas de vivir y aprender, se quedará para siempre entre nuestros personajes de ficción favoritos.
Lo primero que llama la atención de esta novela es su estructura formal, su modo narrativo planteado como si leyéramos directamente el diario escrito por la propia mano de Mary.
La acción es tremendamente ágil. Ambientes y personajes son trazados con precisión, con las pinceladas necesarias para situarnos en cada escenario y para despertar en nosotros, odio o simpatía por aquellos que forman parte de la vida de la protagonista.
Las escenas bucólicas se van sucediendo con las más realistas. Los momentos más dulces y los encuentros más simpáticos, como el de Mary y su abuelo, se solapan con los episodios más amargos, como los violentos arrebatos del padre de la protagonista. Hay personajes que evolucionan, cambian, no siempre para bien, algunos serán meras comparsas y otros, secundarios decisivos para el desenlace de la historia...
A lo largo de la lectura ,cualquier lector perspicaz irá captando indicios que le advertirán que no va a encontrar un final feliz en esta novela. No obstante es un final potente que cierra una novela brillante por lo que cuenta y por lo bien que lo cuenta.
Muy recomendable.






jueves, 12 de febrero de 2015

"Instrucciones para subir una escalera" por Julio Cortázar

Recordamos al inigualable Julio Cortázar, en el aniversario de su fallecimiento en París, el 12 de febrero de 1984, y lo hacemos reproduciendo este breve y original cuento suyo:

Instrucciones para subir una escalera

"Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso."