miércoles, 26 de diciembre de 2018

"La vuelta al mundo del rey Zibeline", Jean-Christophe Rufin

¿Qué tienen en común obras y autores cómo "La isla del tesoro" de Robert L. Stevenson, "Moby Dick" de Herman Melville, "Viaje al centro de la Tierra" o "La vuelta al mundo en ochenta días" de Julio Verne, "Colmillo blanco" de Jack London, "Robinson Crusoe" de Daniel Defoe o "Sandokán" de Emilio Salgari? Todos ellos y muchos más que se podrían añadir a la lista son grandes clásicos de la literatura, leídos generación tras generación por todo tipo de lectores, ávidos de buena narrativa pero, especialmente, ávidos de aventuras. Y es que todas las novelas que he seleccionado como ejemplo son novelas de aventuras, novelas con héroes, villanos, marineros, piratas, aventureros de todo tipo y pelaje que surcan mares, descubren islas, sobreviven en selvas, y viven las más increíbles y maravillosas aventuras en parajes exóticos y lejanos.

Hoy en día, hay quién podría cuestionarse la validez y vigencia de este género literario cuyo imaginario se vea posiblemente superado por el cine y los videojuegos, por esa explosión de efectos especiales y sagas interminables de odiseas galácticas y superhéroes del espacio a los que se entregan con devoción incondicional millones de seguidores en todo el mundo. Hoy en día, ¿alguien sigue leyendo novelas de aventuras "como las de antes"? Y lo que es aun más importante, ¿alguien sigue escribiendo este tipo de literatura con el mismo nivel de calidad? He de confesar que desconozco la situación de este tipo de ficción narrativa dentro del panorama literario actual, pero lo que sí puedo garantizar es que "La vuelta al mundo del rey Zibeline" de Jean-Christophe Rufin, publicada por Armaenia editorial, no sólo recuerda al gran Julio Verne por el título sino porque despliega una biografía ficcionada que nada tiene que envidiar a los grandes clásicos. No es casualidad que Rufin sea miembro de la Academia Francesa y que haya ganado distintos premios literarios de la importancia del Goncourt, otorgado ya en dos ocasiones. Su estilo y su prosa, su manera de narrar, de describir ambientes y personajes, de transportarnos a países y lugares desconocidos, combinando hábilmente ficción y realidad dan como resultado una espléndida novela de aventuras de esas que atrapan desde el primer momento y no te sueltan hasta el final.

Al igual que el viejo Benjamin Franklin, que al principio de la novela se arrellana en su sillón, con el fuego de la chimenea encendido y una taza de té humeante, dispuesto a escuchar esta extraordinaria vuelta al mundo por boca de sus protagonistas, yo os recomiendo seguir su ejemplo y disfrutar este invierno, desde la comodidad de casa, de esta trepidante y maravillosamente escrita novela de aventuras. 



Fotografía de Boulevard literario     

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