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martes, 30 de diciembre de 2014

"Si..." Rudyard Kipling

Recordamos al escritor británico nacido en Bombay, India, el 30 de diciembre de 1865,     Rudyard Kipling,  con este bello poema: "Si..."



Si puedes mantener en su lugar tu cabeza cuando todos a tu alrededor,
han perdido la suya y te culpan de ello.


Si crees en ti mismo cuando todo el mundo duda de ti,
pero también dejas lugar a sus dudas.


Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no te domina el odio
Y aun así no pareces demasiado bueno o demasiado sabio.


Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu amo;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes conocer al triunfo y la derrota,
y tratar de la misma manera a esos dos impostores.
Si puedes soportar oír toda la verdad que has dicho,
tergiversada por malhechores para engañar a los necios.
O ver cómo se rompe todo lo que has creado en tu vida,
y agacharte para reconstruírlo con herramientas maltrechas.


Si puedes amontonar todo lo que has ganado
y arriesgarlo todo a un solo lanzamiento ;
y perderlo, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón y tus nervios y tus tendones,
para seguir adelante mucho después de haberlos perdido,
y resistir cuando no haya nada en ti
salvo la voluntad que te dice: “Resiste!”.


Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, y no distanciarte de los demás.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con sesenta segundos de lucha bravia…


Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.




lunes, 29 de diciembre de 2014

El bigote

"El bigote" es una novela breve de Emmanuel Carrère, publicada por Anagrama, que podría perfectamente haber escrito Kafka. Resulta prácticamente imposible no pensar en el famoso escritor checo leyendo esta historia de equívocos, confusión y locura, que empieza con la que parece una inocente broma absurda y acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla.
Por su estilo y su trama recuerda también a Patricia Highsmith, a Roal Dahl y a Saki.
Toda la historia es un desesperado viaje sin retorno a la más absoluta y total demencia, una espiral que nos absorbe sin clemencia y nos ahoga sin remisión.
He leído algún comentario acerca de esta novela a la que atribuyen un cierto sentido del humor, incluso, provocación de risas. Personalmente, si bien es verdad que un cierto humor negro palpita en la historia, en ningún momento he sentido las más mínimas ganas de reír. La historia avanza provocando un desasosiego en el lector que va "in crecendo". Leer "El bigote" es como entrar en la boca oscura de un túnel del que es imposible ver la salida, vamos avanzando y acompañando al desgraciado protagonista en su irremediable descenso a los infiernos, sabedores de que el final no será feliz pero sin tener tampoco muy claro el desenlace.
Los límites entre realidad e imaginación son muy tenues, entre la cordura y el desvarío, muy frágiles. Carrère construye una muy bien desarrollada historia de la locura a partir de un elemento tan inocente como un simple bigote. Su afeitado tendrá las consecuencias más terribles que uno pueda llegar a imaginar...




martes, 23 de diciembre de 2014

Sobre la lectura, Marcel Proust (fragmento)

"Una vez leída la última página, el libro estaba acabado. Había que frenar la loca carrera de los ojos y de la voz que los seguía en silencio, deteniéndose únicamente para volver a tomar aliento con un profundo suspiro. Entonces, para conseguir con otros movimientos calmar los tumultos desencadenados en mí desde hacía tanto tiempo, me levantaba, me ponía a andar a lo largo de la cama, con los ojos todavía fijos en algún punto que en vano hubiéramos buscado dentro de la habitación o fuera de ella pues estaba situado a una distancia anímica, una de esas distancias que no se miden por metros o por leguas, como las demás, y que es por otra parte imposible confundir con ellas cuando se mira a los ojos "perdidos" de aquellos que están pensando "en otra cosa". Entonces, ¿qué es lo que pasaba? ¿Aquel libro no significaba nada más? Aquellos seres a los que habíamos prestado más atención y ternura que a las personas de carne y hueso, no atreviéndonos nunca a confesar hasta qué punto los amábamos, e incluso cuando nuestros padres nos sorprendían leyendo y parecían reírse de nuestra emoción, cenando el libro con una indiferencia afectada o un aburrimiento fingido; aquellas personas por las que habíamos temblado de emoción y sollozado, no volveríamos a verlas, no volveríamos a saber ya nada de ellas ... Nos hubiera gustado tanto que el libro continuara y, en el caso de que esto fuera imposible, saber alguna cosa más de todos aquellos personajes, conocer algo de sus vidas, emplear la nuestra en cosas que no fuesen tan ajenas al amor que nos habían inspirado y cuyo objeto de pronto nos faltaba, no haber amado en vano, durante una hora, a unos seres que mañana no serían más que un nombre sobre una página olvidada, en un libro sin relación con la vida y sobre cuyo valor nos habíamos equivocado completamente puesto que su función aquí en la tierra, ahora lo comprendíamos y nuestros padres nos lo hubieran hecho saber, si hubiera sido preciso, con una frase desdeñosa, no era en absoluto, como habíamos creído, la de contener el universo y el destino, sino la de ocupar un lugar bastante limitado en la biblioteca...

Y es ésta, efectivamente, una de las grandes y maravillosas cualidades de los bellos libros (y que nos hará comprender el papel a la vez esencial y limitado que la lectura puede desempeñar en nuestra vida espiritual) algo que para el autor podría llamarse "Conclusiones" y para el lector "Incitaciones". Somos conscientes de que nuestra sabiduría empieza donde la del autor termina, y quisiéramos que nos diera respuestas cuando todo lo que puede hacer por nosotros es excitar nuestros deseos. Y esos deseos, él no puede despertárnoslos más que haciéndonos contemplar la suprema belleza que el último esfuerzo de su arte le ha permitido alcanzar. Pero por una singular ley, providencial por añadidura, de la óptica de la mente (ley que significa tal vez que no podemos recibir la verdad de nadie y que debemos crearla nosotros mismos), aquello que es el término de su sabiduría no se nos presenta más que como el comienzo de la nuestra, de manera que cuando ya nos han dicho todo lo que podían decirnos surge en nosotros la sospecha de que todavía no nos han dicho nada. Por lo demás, si les planteamos cuestiones que no pueden resolver, les estamos pidiendo también respuestas que no nos aclararían nada. Pues no es más que una consecuencia del amor que los poetas despiertan en nosotros por lo que concedemos una importancia literal o cosas que no son para ellos más que la expresión de emociones personales…
Tal es el valor de la lectura y ésta es también su insuficiencia. Es conceder un papel demasiado grande, a lo que no es más que una iniciación, erigirla en disciplina. La lectura se encuentra en el umbral de la vida espiritual; puede introducirnos en ella; pero no la constituye…
Mientras la lectura sea para nosotros la iniciadora cuyas llaves mágicas nos abren en nuestro interior la puerta de estancias a las que no hubiéramos sabido llegar solos, su papel en nuestra vida es saludable…
Sin duda, la amistad, la amistad que con respecto a los individuos es algo frívolo, y la lectura es una amistad. Pero al menos es una amistad sincera, y el hecho de que se profese a un muerto, a un ausente, le da algo de desinteresado, algo casi conmovedor. Se trata además de una amistad desprovista de todo aquello que afea las demás amistades. Como en el fondo todos nosotros, los vivos, no somos más que muertos que todavía no hemos entrado en funciones, todos esos cumplidos, todas esas reverencias en el vestíbulo que llamamos deferencia, gratitud, afecto, con las que mezclamos tantas mentiras, son inútiles y fastidiosas. Más aún –desde las primeras relaciones de simpatía, de admiración, de agradecimiento–, las primeras palabras que pronunciamos, las primeras cartas que escribimos, tejen a nuestro alrededor los primeros hilos de un entramado de hábitos, de una manera de comportarnos, de los que ya no podremos desembarazarnos en las amistades siguientes; sin contar que durante todo ese tiempo las palabras excesivas que hayamos pronunciado permanecen como letras de cambio que deberemos pagar, o que pagaremos más caro todavía con toda una vida de remordimientos el haber dejado protestarlas. En la lectura, la amistad a menudo nos devuelve su primitiva pureza. Con los libros, no hay amabilidad que valga. Con estos amigos, si pasamos la velada en su compañía, es porque realmente nos apetece. A menudo tener que dejarlos contra nuestra voluntad. Y una vez nos hemos ido, ni sombra de esos pensamientos que echan a perder la amistad: ¿Qué habrán pensado de nosotros? –¿No habremos estado faltos de tacto? –¿Hemos gustado?, y el miedo a que prefieran a cualquier otro. Todos estos sobresaltos de la amistad desaparecen en el umbral mismo de esta amistad pura y tranquila que es la lectura ... cuando nos aburre, no nos preocupa parecer aburridos, y cuando estamos definitivamente cansados de su compañía, le devolvemos a su sitio sin miramientos ... La atmósfera de esta amistad pura es el silencio, más puro que la palabra. Pues solemos hablar para los demás, y en cambio nos callamos cuando estamos con nosotros mismos. Además el silencio no lleva, como la palabra, la marca de nuestros defectos, de nuestros fingimientos. El silencio es puro, es realmente una atmósfera. Entre el pensamiento del autor y el nuestro no interpone esos elementos irreductibles, refractarios al pensamiento, de nuestros diferentes egoísmos. El lenguaje mismo del libro es puro (si el libro merece este nombre), transparente merced al pensamiento del autor que le ha aligerado de todo lo accesorio hasta conseguir su imagen fiel; cada frase, en el fondo, se parece a las otras, pues todas son pronunciadas con la misma inflexión de una personalidad; de ahí esa especie de continuidad, que las relaciones de la vida y aquellos elementos extraños que se mezclan con el pensamiento excluyen, permitiendo enseguida seguir la línea misma del pensamiento del autor, los rasgos de su fisonomía que se reflejan en este sereno espejo. 
A veces nos encontramos a gusto en su compañía sin necesidad de que sean admirables, pues supone un gran placer para el espíritu contemplar estas pinturas profundas y profesarles una amistad sin egoísmo, sin frases hechas, desinteresada…" 

Sobre la lectura, Marcel Proust



martes, 16 de diciembre de 2014

Aniversario del nacimiento de Arthur C. Clarke y Philip K. Dick

En alguna ocasión las adaptaciones cinematográficas de algunas novelas llegan a ser más famosas y conocidas que los propios libros. Dos casos que podríamos poner como ejemplo son dos novelas de Arthur C. Clarke y de Philip K. Dick.
Hoy es el aniversario compartido del nacimiento de ambos autores. El primero nació en Minehead, Inglaterra, en 1917,  y el segundo en Chicago, EEUU, en 1928. Ambos autores son muy conocidos por los amantes de la literatura, especialmente por los lectores de ciencia ficción, pero dos de sus obras más importantes posiblemente se hayan hecho más famosas por las películas que se han hecho de ellas, que no por las novelas en sí. Nos referimos a "2001 odisea en el espacio" de Clarke, y "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" de Dick, cuyo título posiblemente no diga mucho a la mayoría, pero si explicamos que pasó a la gran pantalla como "Blade Runner", muchos la habréis visto seguro.
Os dejamos una escena de cada película, pero os animamos a no olvidar su origen literario y a leerlas cuando tengáis ocasión:






domingo, 14 de diciembre de 2014

La Casa Grande

"Cierta noche sonó el timbre. No esperaba a nadie. Ya no hay nadie ni nada que esperar. Aparté el libro a un lado, no sin antes señalar la página con un punto. Lotte siempre dejaba los libros abiertos boca abajo; al poco de conocernos solía decirle que oía un gritito agudo cada vez que le rompía el espinazo a algún volumen. Era una broma, pero tiempo después, cada vez que salía de la habitación o se iba a dormir, yo recogía su libro y deslizaba un punto entre las páginas, hasta que un día ella lo cogió, arrancó el punto y lo dejó caer al suelo. Nunca mas vuelvas a hacerlo, me dijo. Y comprendí que había otro espacio que le pertenecía en exclusiva y al que jamás se me permitiría acceder. A partir de entonces, me abstuve de preguntarle sobre sus lecturas. Esperaba a que me comentara algo por propia voluntad, una frase que la había conmovido, un pasaje deslumbrante, un personaje dibujado con trazo vívido. A veces lo hacía y otras no. Pero yo no era quién para pedírselo."

Fragmento de "La Casa Grande" de Nicole Krauss, Ediciones Salamandra


Varias historias protagonizadas por diferentes personajes se desarrollan en "La Casa Grande" de Nicole Krauss, con un nexo conductor común: un impresionante escritorio que despierta todo tipo de sensaciones y vivencias en los sucesivos propietarios. 
En realidad, la novela es un análisis profundo, detenido y a veces, devastador, de las relaciones personales, ya sea entre amantes, entre padres e hijos o entre las simples relaciones cotidianas y ocasionales que vamos teniendo con todo tipo de personas cada día.
Escarbar en la memoria y revivir o descubrir sucesos que forman parte de nuestro pasado no es siempre agradable pero es un ejercicio a menudo necesario para conocer mejor el mundo que nos rodea, la historia  y a nosotros mismos.
Una novela con un sólido y apurado estilo narrativo, para leer reflexionando sobre las historias que cuenta  y apreciando a la vez, su modo de contarlas.





Aniversario del nacimiento de Paul Éluard

El 14 de diciembre de 1895 nacía en Saint-Denis, el poeta Paul Éluard. Para recordarlo, reproducimos uno de sus más conocidos y bellos poemas, "Libertad"



En mis cuadernos de escolar 
en mi pupitre en los árboles ...
en la arena y en la nieve 
escribo tu nombre. 
En las páginas leídas 
en las páginas vírgenes 
en la piedra la sangre y las cenizas 
escribo tu nombre.


En las imágenes doradas 
en las armas del soldado 
en la corona de los reyes 
escribo tu nombre.


En la selva y el desierto 
en los nidos en las emboscadas 
en el eco de mi infancia 
escribo tu nombre.


En las maravillas nocturnas 
en el pan blanco cotidiano 
en las estaciones enamoradas 
escribo tu nombre.


En mis trapos azules 
en el estanque de sol enmohecido 
en el lago de viviente lunas 
escribo tu nombre.


En los campos en el horizonte 
en las alas de los pájaros 
en el molino de las sombras 
escribo tu nombre.


En cada suspiro de la aurora 
en el mar en los barcos 
en la montaña desafiante 
escribo tu nombre.


En la espuma de las nubes 
en el sudor de las tempestades 
en la lluvia menuda y fatigante 
escribo tu nombre.


En las formas resplandecientes 
en las campanas de colores 
en la verdad física. 
escribo tu nombre.


En los senderos despiertos 
en los caminos desplegados 
en las plazas desbordantes 
escribo tu nombre.


En la lámpara que se enciende 
en la lámpara que se extingue 
en la casa de mis hermanos 
escribo tu nombre.


En el fruto en dos cortado 
en el espejo de mi cuarto 
en la concha vacía de mi lecho 
escribo tu nombre.


En mi perro glotón y tierno 
en sus orejas levantadas 
en su patita coja 
escribo tu nombre.


En el quicio de mi puerta 
en los objetos familiares 
en la llama de fuego bendecida 
escribo tu nombre.


En la carne que me es dada 
en la frente de mis amigos 
en cada mano que se tiende 
escribo tu nombre.


En la vitrina de las sorpresas 
en los labios displicentes 
más allá del silencio 
escribo tu nombre.


En mis refugios destruidos 
en mis faros sin luz 
en el muro de mi tedio 
escribo tu nombre.


En la ausencia sin deseo 
en la soledad desnuda 
en las escalinatas de la muerte 
escribo tu nombre.


En la salud reencontrada 
en el riesgo desaparecido 
en la esperanza sin recuerdo 
escribo tu nombre.


Y por el poder de una palabra 
vuelvo a vivir 
nací para conocerte 
para cantarte 
Libertad



jueves, 4 de diciembre de 2014

Aniversario del nacimiento de Cornel Woolrich


El escritor norteamericano Cornel Woolrich nacía el 4 de diciembre de 1903 en New York. Sus relatos policiacos, firmados con distintos pseudónimos (el más famoso, William Irish), contribuyeron a la renovación del género, siendo adaptados con frecuencia al cine o a la televisión, como el caso de "La ventana indiscreta" de Alfred Hitchcock, basado en un relato de inspiración autobiográfica.

He aquí un fragmento:

"Desde hacía dos días, una especie de inquietud mal definida, de ...sospecha imprecisa, algo que no podría explicar, estaba dando vueltas en torno mío como un insecto que busca un lugar donde posarse.
Varias veces, cuando las vagas ideas que bullían en mi cerebro parecían a punto de tomar forma, algo sin importancia, alguna nimiedad ligeramente tranquilizadora -como, por ejemplo, las persianas anormalmente bajadas durante demasiado tiempo que acababan por alzarse-, intervenía de improviso para dispersarlas y ponerlas en fuga.
Pero mi inquietud continuaba latente, y cualquier cosa podía aclarar las ideas imprecisas que se me ocurrían; y esta cualquier cosa se produjo de pronto en el mismo instante en que aquel hombre recogía la ropa de cama. Con la celeridad de un rayo, las sospechas inconsistentes se convirtieron en una certeza: se trataba de un asesinato.”
La ventana indiscreta y otros relatos, publicada por Austral editorial.


En la fotografía, el autor en su mesa de trabajo en la que se aprecia un muñeco de Edgar Allan Poe. Curiosamente a Woolrich se lo ha denominado frecuentemente como "el Edgar Allan Poe moderno".



martes, 2 de diciembre de 2014

Discurso de Aceptación del Premio Nobel de Literatura 1949, William Faulkner

Quien haya leído a Faulkner sabrá que no es un autor precisamente fácil de leer. Su estilo moroso, descriptivo, su prosa pródiga en adjetivos, densa y construida sobre subordinadas interminables, puesta al servicio de unas tramas complicadas, laberínticas, en las que el lector debe descifrar todo aquello que el autor apunta o simplemente insinúa, convierten la experiencia lectora faulkneriana en todo un reto para el lector más avezado.
Cabría suponer que al recibir el Nobel de Literatura, en 1949, el escritor americano se despachara a gusto con un texto a la altura de su verbo grandilocuente. No obstante, no fue así. Más breve de lo que uno podía haber previsto, su discurso fue claro, directo y contundente. Eso sí, sin perder un ápice de la intensidad de su pensamiento y su estilo. Es un mensaje dirigido directamente a los escritores como él, para que traten en sus obras, la esencia de las cuestiones que afectan a la humanidad, pero adecuándolas a su propia época. La literatura debe provocar reflexión,y esa reflexión debe llevar a la acción, a la transformación, progreso y mejora de la humanidad. Sólo así la misión del escritor tendrá pleno sentido.
Éste fue pues, su Discurso de Aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1949 :

"Creo que este honor no se confiere a mi persona sino a mi obra, la obra de toda una vida en la agonía y vicisitudes del espíritu humano, no por gloria ni en absoluto por lucro sino por crear de los elementos del espíritu humano algo que no existía. De manera que esta distinción es mía solo en calidad de depósito. No será difícil encontrar, para la parte monetaria que entraña, un destino acorde con los elevados propósitos de su origen.
Pero también me gustaría hacer lo mismo con el renombre, aprovechando este momento como pináculo desde el cual me escuchen los hombres y mujeres jóvenes que se dedican a la misma lucha y afanes entre los cuales ya hay uno que algún día se parará aquí donde yo estoy.
Nuestra tragedia actual es un temor general en todo el mundo, sufrido por tan largo tiempo que ya hemos aprendido a soportarlo. Ya no existen problemas del espíritu; sólo queda esta interrogante: ¿Cuándo estallaré? A causa de ella, el escritor o escritora joven de hoy ha olvidado los problemas de los sentimientos contradictorios del corazón humano, que por sí solos pueden ser tema de buena literatura, ya que únicamente sobre ellos vale la pena de escribir y justifican la agonía y los afanes.
Ese escritor joven debe compenetrarse nuevamente de ellos. Aprender que la máxima debilidad es sentirse temeroso; y después de aprenderlo olvidar ese temor para siempre, no dejar lugar en su arsenal de escritor sino para las antiguas verdades y realidades del corazón, las eternas verdades universales sin las cuales toda historia es efímera y predestinada al fracaso: amor y honor, piedad y orgullo, compasión y sacrificio.
Mientras no lo haga así continuará trabajando bajo una maldición. No escribirá de amor sino de sensualidad, de derrotas en que nadie pierde nada de valor, de victorias sin esperanzas y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Sus penas no serán penas universales y no dejarán huella. No escribirá acerca del corazón sino de las glándulas.
Mientras no capte de nuevo estas cosas, continuará escribiendo como si estuviera entre los hombres sólo observando el fin de la Humanidad. Yo rehúso aceptar el fin de la Humanidad.
Es fácil decir que el hombre es inmortal porque perdurará; que cuando haya sonado la última clarinada de la destrucción y su eco se haya apagado entre las últimas rocas inservibles que deja la marea y que enrojecen los rayos del crepúsculo, aun entonces se escuchará otro sonido: el de su voz débil e inextinguible todavía hablando.
También me niego a aceptar esto.
Creo que el hombre no perdurará simplemente sino que prevalecerá. Creo que es inmortal no por ser la única criatura que tiene voz inextinguible sino porque tiene un alma, un espíritu capaz de compasión, de sacrificio y de perseverancia.
El deber del poeta y del escritor es escribir sobre estos atributos. Ambos tienen el privilegio de ayudar al hombre a perseverar, exaltando su corazón, recordándole el ánimo y el honor, la esperanza y el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio que han sido la gloria de su pasado.
La voz del poeta no debe relatar simplemente la historia del hombre, puede servirle de apoyo, ser una de las columnas que lo sostengan para perseverar y prevalecer."

Aquí os ofrecemos el enlace de youtube en el que está grabado el discurso en su propia voz. Un auténtico documento histórico :

http://www.youtube.com/watch?v=ENIj5oNtapw




Fotografia: documento original del discurso 


lunes, 1 de diciembre de 2014

Librería EL SIGLO




Este fin de semana estuvimos visitando, y cómo no, comprando libros, en un amplio y fantástico espacio muy cerca de Barcelona: concretamente en Sant Cugat.

Nos referimos a la librería EL SIGLO en el recinto del Mercantic de Sant Cugat, que dispone de 800 m2 dónde se exponen más de 100.000 libros antiguos y modernos de todas las temáticas.

Un espacio único para los amantes del libro, que nos permite
pasear, buscar y seleccionar entre la variadísima y extensa oferta librera, disfrutando a la vez de la  programación cultural que ofrece el mismo espacio: conciertos y música en directo, películas o exposiciones de arte. 

Y no olvidemos la opción de saborear un  buen café, tomarnos una copa o comer algo para completar nuestra visita.

El horario es de miércoles a viernes, de 10h a 14h, y sábados y domingos de 10h a 15h.

Más información en : http://www.elsiglo.cat/ 

Os dejamos una selección de fotografías que hicimos de nuestro paso por EL SIGLO :

















viernes, 28 de noviembre de 2014

La fórmula Terradas

Recopilar una ingente cantidad de documentación histórica, científica, literaria ; reunir teorías y personajes reales de distintos ámbitos culturales; inventar una trama policíaca y fusionar realidad y ficción en un cóctel del que resulte una novela negra entretenida, con un ritmo endiablado y que mantiene el interés hasta el desenlace final es lo que ha hecho, y conseguido hacer con muy buena nota, el escritor Daniel Jerez Torns en su segunda novela, "La fórmula Terradas", publicada por Llibres a mida
"La fórmula Terradas" está ambientada en Barcelona, en dos épocas históricas diferentes: los años 20 y la actualidad. En ambos tiempos se van sucediendo toda una serie de acontecimientos que guardarán relación entre sí y que se irán entrelazando hábilmente a lo largo de toda la historia.
Si algo destacaríamos de esta obra, es su ritmo. Jerez Torns consigue mantener la acción a lo largo de toda la trama, sin que en ningún  momento decaiga el interés y el lector pueda bajar la guardia: una vez empezamos la lectura difícilmente la soltaremos hasta que no llegue el final.
Repleta de datos interesantes, desconcertantes acertijos para descifrar, sugerentes enigmas por resolver, escenarios fascinantes por descubrir, presenciando asesinatos, encontrando pistas...los lectores casi pasamos a ser un personaje más de esta historia que, desde la comodidad de nuestras butacas de lectura, nos encontraremos participando y tratando de desentrañar mentalmente las pesquisas detectivescas de los protagonistas.
¿Qué tendrán en común Barcelona, Oxford y Praga? ¿Qué relación hay entre Albert Einstein, Lewis Carroll, Bram Stoker y Sigmund Freud?...Bibliotecas, libros, daguerrotipos, relojes, túneles del metro, mensajes en clave y espejos...Pistas, acción y asesinatos que nos van a garantizar horas de entretenida lectura. 
Novela negra, histórica, bien documentada y escrita con un estilo conciso y sin florituras, "La fórmula Terradas" nos ha convencido y nos ha descubierto a un autor al que le seguiremos la pista...


 
"- Cariño, un vocabulario rico es el auténtico sello de un intelectual. Verás lo que haremos - hurgó en el caos de la mesilla y sacó otro cuaderno y un lápiz-, cada vez que yo diga una palabra, o que tú oigas una palabra que no entiendas, escríbela y te diré lo que significa. Luego la memorizarás y muy pronto tendrás un vocabulario bastante decente. ¡Oh, qué aventura - exclamó extasiada - , moldear una nueva vida! - Hizo otro gesto grandilocuente que le salió mal, pues derribó la cafetera y yo inmediatamente escribí seis palabras nuevas que la tía Mame me pidió que tachara y olvidara."

 Fragmento de "La tía Mame" de Patrick Dennis, publicada por Acantilado 





Imagen de "Auntie Mame" (1958) con Rosalind Russell y Jan Handzlik, película basada en la novela de Dennis.

Aniversario del nacimiento de Stefan Zweig

El 28 de noviembre de 1881 nacía en Viena el magnífico escritor Stefan Zweig. Su obra abarcó novelas, relatos, biografías, ensayos...y tuvo una gran popularidad entre los años 20-30. Tras su suicidio, en 1942, fue cayendo en el olvido, pero afortunadamente para nosotros, actualmente ha recuperado todo el prestigio como escritor que merece.
Todas y cada una de sus obras son más que recomendables para cualquier lector que realmente aprecie y ame la gran literatura. Porque en Zweig hay un perfecto equilibrio entre el fondo y la forma, entre lo que cuenta y cómo lo cuenta, y esa es, a nuestro juicio, la cualidad que hace destacar a un buen escritor por encima de los demás. Zweig cuenta historias que interesan, es un agudo observador del alma y el comportamiento humanos. Sabe de historia, sabe de política, tiene grandes conocimientos culturales, pero también es tremendamente cotidiano y humano. Sabe transformar lo más cercano y simple en maravillosas historias trascendentes en el tiempo, de tal manera que el lector actual vive, percibe y siente el pasado en su presente.
Él mismo definía así su estilo:

"... el inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles, que les quitan tensión y les restan dinamismo."

Recomendar alguna obra de Zweig resulta difícil porque seleccionar siempre implica priorizar unas obras por delante de otras, no obstante nos quedamos con su autobiografia "El mundo de ayer", su ensayo "Momentos estelares de la humanidad" y sus novelas "Mendel el de los libros", "Carta de una desconocida", "Veinticuatro horas en la vida de una mujer" o "Noche fantástica", simplemente por citar quizá sus obras más conocidas.

"Novelista, en el sentido último y supremo de esta palabra, sólo lo es el genio enciclopédico, artista universal que - fijémonos en la envergadura de la obra y en la muchedumbre de sus figuras - modela con sus manos todo un cosmos; que, al lado del mundo terrenal, levanta un mundo propio con leyes propias de gravitación..."     Stefan Zweig





martes, 18 de noviembre de 2014

Almohada de hierba

Leer "Almohada de hierba" de Natsume Soseki, publicada por Chidori Books, ha sido simplemente una delicia. Así de sencillo y claro. Si es posible viajar a través de la lectura, esta pequeña novela es un claro ejemplo de cómo nos vemos inmersos sin apenas darnos cuenta, en el paisaje japonés.
El protagonista nos explica: "El objetivo de mi viaje es separarme de los placeres mundanos y alcanzar la sublimidad como artista..." (p.129), y eso es precisamente lo que define a "Almohada de hierba": un recorrido sutil, tremendamente lírico, plástico, en el que se dan la mano pintura y poesía, ya sea a través de las digresiones del propio protagonista sobre el arte y la cultura, ya sea a través de imágenes directas de una increíble plasticidad, detallismo y belleza, y de unos "haikús" que no por breves dejan de tener toda la intensidad poética propia de la poesía japonesa.
Fluyen las descripciones del paisaje, oímos los gorjeos de los pájaros, olemos las flores, nos embriagamos del espléndido estallido de colores y formas de la naturaleza, pero como espectadores y lectores podemos tomar la distancia necesaria para apreciar este maravilloso espectáculo contemplativo y espiritual, sin dejar de ser humanos.
Porque en "Almohada de hierba" hay una dicotomía constante entre el arte y la realidad, entre el artista y la sociedad, entre Oriente y Occidente, incluso se aprecia, sutilmente solapada entre la descripción pictórica y el ensimismamiento poético, alguna nota jocosa, burlona e incluso, vulgar, que nos conecta a la realidad y nos impide caer en cualquier tipo de exceso de sensiblería.
El argumento es simple, los personajes mínimos, la extensión breve, y no obstante es una novela tan bella e intensa que la experiencia lectora es plena y sumamente gratificante.
Absolutamente recomendable.




jueves, 23 de octubre de 2014

Buenos lectores y buenos escritores


«Cómo ser un buen lector», o «Amabilidad para con los autores»; algo así podría servir de subtítulo a estos comentarios sobre diversos autores, ya que mi propósito es hablar afectuosamente, con cariñoso y moroso detalle, de varias obras maestras europeas. Hace cien años, Flaubert, en una carta a su amante, hacía el siguiente comentario: Comme l'on serait savant si l'on connaissait bien seulement cinq à six livres; «qué sabios seríamos si sólo conociéramos bien cinco o seis libros».
Al leer, debemos fijamos en los detalles, acariciarlos.
Nada tienen de malo las lunáticas sandeces de la generalización cuando se hacen después de reunir con amor las soleadas insignificancias del libro. Si uno empieza con una generalización prefabricada, lo que hace es empezar desde el otro extremo, alejándose del libro antes de haber empezado a comprenderlo. Nada más molesto e injusto para con el autor que empezar a leer, supongamos, Madame Bovary, con la idea preconcebida de que es una denuncia de la burguesía. Debemos tener siempre presente que la obra de arte es, invariablemente, la creación de un mundo nuevo, de manera que la primera tarea consiste en estudiar ese mundo nuevo con la mayor atención, abordándolo como algo absolutamente desconocido, sin conexión evidente con los mundos que ya conocemos. Una vez estudiado con atención este mundo nuevo, entonces y sólo entonces estaremos en condiciones de examinar sus relaciones con otros mundos, con otras ramas del saber.
Otra cuestión: ¿Podemos obtener información de una novela sobre lugares y épocas? ¿Puede ser alguien tan ingenuo como para creer que esos abultados best-sellers difundidos por los clubs del libro bajo el enunciado de «novelas históricas» pueden contribuir al enriquecimiento de nuestros conocimientos sobre el pasado? Pero ¿y las obras maestras? ¿Podemos fiamos del retrato que hace Jane Austen de la Inglaterra terrateniente, con sus baronets y sus jardines paisajistas, cuando todo lo que ella conocía era el salón de un pastor protestante? Y Casa Desolada, esa fantástica aventura amorosa en un Londres fantástico, ¿podemos considerarla un estudio del Londres de hace cien años? Desde luego que no. Y lo mismo ocurre con las demás novelas de esta serie. La verdad es que las grandes novelas son grandes cuentos de hadas... y las que vamos a estudiar aquí lo son en grado sumo.
El tiempo y el espacio, el color de las estaciones, el movimiento de los músculos y de la mente, todas estas cosas no son, para los escritores de genio (por lo que podemos suponer, y confío en que suponemos bien), nociones tradicionales que pueden sacarse de la biblioteca circulante de las verdades públicas, sino una serie de sorpresas extraordinarias que los artistas maestros han aprendido a expresar a su manera personal. La ornamentación del lugar común incumbe a los autores de segunda fila; éstos no se molestan en reinventar el mundo; sólo tratan de sacarle el jugo lo mejor que pueden a un determinado orden de cosas, a los modelos tradicionales de la novelística. Las diversas combinaciones que un autor de segunda fila es capaz de producir dentro de estos límites fijos pueden ser bastante divertidas, pese a su carácter efímero, porque a los lectores de segunda les gusta reconocer sus propias ideas vestidas con un disfraz agradable. Pero el verdadero escritor, el hombre que hace girar planetas, que modela a un hombre dormido y manipula ansioso la costilla del durmiente, esa clase de autor no tiene a su disposición ningún valor predeterminado: debe creados él. El arte de escribir es una actividad fútil si no supone ante todo el arte de ver el mundo como el sustrato potencial de la ficción. Puede que la materia de este mundo sea bastante real (dentro de las limitaciones de la realidad), pero no existe en absoluto como un todo fijo y aceptado: es el caos; y a este caos le dice el autor: «¡Anda!», dejando que el mundo vibre y se funda. Entonces, los átomos de este mundo, y no sus partes visibles y superficiales, entran en nuevas combinaciones. El escritor es el primero en trazar su mapa y poner nombre a los objetos naturales que contiene. Estas bayas son comestibles. Ese bicho moteado que se ha cruzado veloz en mi camino se puede domesticar. Aquel lago entre los árboles se llamará Lago de Opalo o, más artísticamente, Lago Aguasucia. Esa bruma es una montaña... y aquella montaña tiene que ser conquistada. El artista maestro asciende por una ladera sin caminos trazados; y una vez arriba, en la cumbre batida por el viento, ¿con quién diréis que se encuentra? Con el lector jadeante y feliz. Y allí, con un gesto espontáneo, se abrazan y, si el libro es eterno, se unen eternamente. Una tarde, en una remota universidad de provincia donde daba yo un largo cursillo, propuse hacer una pequeña encuesta: facilitaría diez definiciones de lector; de las diez, los estudiantes debían elegir cuatro que, combinadas, equivaliesen a un buen lector. He perdido esa lista; pero según recuerdo, la cosa era más o menos así:

Selecciona cuatro respuestas a la pregunta «¿qué cualidades debe tener uno para ser un buen lector?»:
1) Debe pertenecer a un club de lectores.
2) Debe identificarse con el héroe o la heroína.
3) Debe concentrarse en el aspecto socioeconómico.
4) Debe preferir un relato con acción y diálogo a uno sin ellos.
5) Debe haber visto la novela en película.
6) Debe ser un autor embrionario.
 7) Debe tener imaginación.
8) Debe tener memoria.
9) Debe tener un diccionario.
10) Debe tener cierto sentido artístico.
Los estudiantes se inclinaron en su mayoría por la identificación emocional, la acción y el aspecto socioeconómico o histórico. Naturalmente, como habréis adivinado, el buen lector es aquel que tiene imaginación, memoria, un diccionario y cierto sentido artístico..., sentido que yo trato de desarrollar en mí mismo y en los demás siempre que se me ofrece la ocasión.
A propósito, utilizo la palabra lector en un sentido muy amplio. Aunque parezca extraño, los libros no se deben leer: se deben releer. Un buen lector, un lector de primera, un lector activo y creador, es un «relector». Y os diré por qué. Cuando leemos un libro por primera vez, la operación de mover laboriosamente los ojos de izquierda a derecha, línea tras línea, página tras página, actividad que supone un complicado trabajo físico con el libro, el proceso mismo de averiguar en el espacio y en el tiempo de qué trata, todo esto se interpone entre nosotros y la apreciación artística. Cuando miramos un cuadro, no movemos los ojos de manera especial; ni siquiera cuando, como en el caso del libro, el cuadro contiene ciertos elementos de profundidad y desarrollo. El factor tiempo no interviene realmente en un primer contacto con el cuadro.
Al leer un libro, en cambio, necesitamos tiempo para familiarizamos con él. No poseemos ningún órgano físico (como los ojos respecto a la pintura) que abarque el conjunto entero y pueda apreciar luego los detalles. Pero en una segunda, o tercera, o cuarta lectura, nos comportamos con respecto al libro, en cierto modo, de la misma manera que ante un cuadro. Sin embargo, no debemos confundir el ojo físico, esa prodigiosa obra maestra de la evolución,con la mente, consecución más prodigiosa aún. Un libro, sea el que sea -ya se trate de una obra literaria o de una obra cientí6ca (la línea divisoria entre una y otra no es tan clara como generalmente se cree)-, un libro, digo, atrae en primer lugar a la mente. La mente, el cerebro, el coronamiento del espinazo es, o debe ser, el único instrumento que debemos utilizar al enfrentamos con un libro.
Sentado esto, veamos cómo funciona la mente cuando el melancólico lector se enfrenta con el libro risueño. Primero, se le disipa la melancolía, y para bien o para mal, el lector participa en el espíritu del juego. El esfuerzo de empezar un libro, sobre todo si es elogiado por personas a las que el lector joven considera en su fuero interno demasiado anticuadas o demasiado serias, es a menudo difícil de realizar; pero una vez hecho, las compensaciones son numerosas y variadas. Puesto que el artista maestro ha utilizado su imaginación para crear su libro, es natural y lícito que el consumidor del libro también utilice la suya.
Sin embargo, hayal menos dos clases de imaginación en el caso del lector. Veamos, pues, cuál de las dos es la más idónea para leer un libro. En primer lugar está el tipo, bastante modesto por cierto, que busca apoyo en emociones sencillas y es de naturaleza netamente personal (hay diversas subespecies en este primer apartado de lectura emocional). Sentimos con gran intensidad la situación expuesta en el libro porque nos recuerda algo que nos ha sucedido a nosotros o a alguien a quien conocemos o hemos conocido. O el lector aprecia el libro sobre todo porque evoca un país, un paisaje, un modo de vivir que él recuerda con nostalgia como parte de su propio pasado. O bien, y esto es lo peor que puede hacer el lector, se identi6ca con uno de los personajes. No es este tipo modesto de imaginación el que yo quisiera que utilizasen los lectores.
Así que ¿cuál es el auténtico instrumento que el lector debe emplear? La imaginación impersonal y la fruición artística. Tiene que establecerse, creo, un equilibrio armonioso y artístico entre la mente de los lectores y la del autor. Debemos mantenernos un poco distantes y gozar de este distanciamiento a la vez que gozamos intensamente -apasionadamente, con lágrimas y estremecimientos de la textura interna de una determinada obra maestra.
Por supuesto, es imposible ser completamente objetivo en estas cuestiones. Todo lo que vale la pena es en cierto modo subjetivo. Por ejemplo, puede que vosotros allí sentados no seáis más que un sueño mío, y puede que yo sea una de vuestras pesadillas. Lo que quiero decir es que el lector debe saber cuándo y dónde refrenar su imaginación; lo hará tratando de dilucidar el mundo específico que el autor pone a su disposición. Tenemos que ver cosas y oír cosas: visualizar las habitaciones, las ropas, los modales de los personajes de un autor. El color de los ojos de Fanny Price, protagonista de Mansfield Park, y el mobiliario de su pequeña y fría habitación, son importantes.
Cada cual tiene su propio temperamento; pero desde ahora os digo que el mejor temperamento que un lector puede tener, o desarrollar, es el que resulta de la combinación del sentido artístico con el científico. El artista entusiasta propende a ser demasiado subjetivo en su actitud respecto al libro; por tanto, cierta frialdad científica en el juicio templará el calor intuitivo. En cambio, si el aspirante a lector carece por completo de pasión y de paciencia -pasión de artista y paciencia de científico-, difícilmente gozará con la gran literatura.
La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neanderthal gritando «el lobo, el lobo», con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando «el lobo, el lobo», sin que le persiguiera ningún lobo. El que el pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.
la literatura es invención. La ficción es ficción. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es  la architramposa Naturaleza. La naturaleza siempre o engaña. Desde el engaño sencillo de la propagación de la luz a la ilusión prodigiosa y compleja de los colores protectores de las mariposas o de los pájaros, hay en la Naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la Naturaleza.
Volviendo un momento al muchacho cubierto con pieles de cordero que grita «el lobo, el lobo», podemos exponer la cuestión de la siguiente manera: la magia del arte estaba en el espectro del lobo que él inventa deliberadamente, en su sueño del lobo; más tarde, la historia de sus bromas se convirtió en un buen relato. Cuando pereció finalmente, su historia llegó a ser un relato didáctico, narrado por las noches alrededor de las hogueras. Pero él fue el pequeño mago. Fue el inventor.
Hay tres puntos de vista desde los que podemos considerar a un escritor: como narrador, como maestro, y como encantador. Un buen escritor combina las tres facetas; pero es la de encantador la que predomina y la que le hace ser un gran escritor.
Al narrador acudimos en busca del entretenimiento, de la excitación mental pura y simple, de la participación emocional, del placer de viajar a alguna región remota del espacio o del tiempo. Una mentalidad algo distinta, aunque no necesariamente más elevada, busca al maestro en el escritor. Propagandista, moralista, profeta: ésta es la secuencia ascendente. Podemos acudir al maestro no sólo en busca de una formación moral sino también de conocimientos directos, de simples datos. ¡Ay!, he conocido a personas cuyo propósito al leer a los novelistas franceses y rusos era aprender algo sobre la vida del alegre París o de la triste Rusia. Por último, y sobre todo, un gran escritor es siempre un gran encantador, y aquí es donde llegamos a la parte verdaderamente emocionante: cuando tratamos de captar la magia individual de su genio, y estudiar el estilo, las imágenes, y el esquema de sus novelas o de sus poemas.
Las tres facetas del gran escritor -magia, narración, lección- tienden a mezclarse en una impresión de único y unificado resplandor, ya que la magia del arte puede estar presente en el mismo esqueleto del relato, en el tuétano del pensamiento. Hay obras maestras con un pensamiento seco, limpio, organizado, que provocan en nosotros un estremecimiento artístico tan fuerte como puede provocarlo una novela como Mansfield Park o cualquier torrente dickensiano de imaginación sensual. Creo que una buena fórmula para comprobar la calidad de una novela es, en el fondo, una combinación de precisión poética y de intuición científica. Para gozar de esa magia, el lector inteligente lee el libro genial no tanto con el corazón, no tanto con el cerebro, sino más bien con la espina dorsal. Es ahí donde tiene lugar el estremecimiento revelador, aun cuando al leer debamos mantenemos un poco equidistantes, un poco despegados. Entonces observamos, con; un placer a la vez sensual e intelectual, cómo el artista construye su castillo de naipes, y cómo ese castillo se va convirtiendo en un castillo de hermoso acero y cristal.

Del "Curso de literatura europeo" de Vladimir Nabokov 



    Nabokov cazando mariposas cerca de su casa, Suiza, 1966. Foto: Philippe Halsman

miércoles, 22 de octubre de 2014

Lady Susan

"Lady Susan" es una novela breve, escrita en forma epistolar por Jane Austen, que se publicó póstumamente.
No es quizá de sus obras más conocidas, ni quizá tampoco de las mejores, pero hay que destacar una serie de cualidades que hacen de esta pequeña novela, un buen ejemplo de cómo contar una completa y compleja historia en la que aparecen bastantes personajes y ocurren muchas cosas, exponiéndola sólo a través de un intercambio de cartas entre los diferentes protagonistas.
Es a partir de las voces de cada personaje y del punto de vista con el que van planteando lo que pasa y la opinión que les merece cada implicado en la trama, lo que va dando forma a la novela.
El lector no tarda en hacerse una idea muy clara de cómo son cada uno de los protagonistas, siendo inevitable tomar partido y sentir simpatías o rechazo por unos u otros, destacando por encima de todos, esa Lady Susan que da título al libro y que se perfila como una terrible y egoísta manipuladora.
Uno de los méritos principales de Austen, además de sintetizar una historia bastante compleja en poco espacio, es también el haber sabido mantener el interés por el desenlace hasta el final.
"Lady Susan" es la lectura perfecta para una tarde tranquila, saboreando, como no, un británico té...Sin apenas darnos cuenta casi habremos leído la novela en el tiempo que tarda en enfriarse nuestra taza.



lunes, 20 de octubre de 2014

Sidra con Rosie

Hay libros a los que uno llega sin demasiada información previa, salvo la recomendación de alguien a quien, por su buen criterio, hacemos caso. Empezamos la lectura con curiosidad pero sin demasiadas expectativas, cuando, sin apenas darnos cuenta, nos quedamos absoluta y totalmente enganchados, absorbidos, literalmente seducidos por el texto.
"Sidra con Rosie", del escritor inglés Laurie Lee, publicada por Nórdica libros, ha sido un gran descubrimiento. Una novela de memorias, en las que el autor describe los años de su infancia en un pueblecito inglés en el que se refugia con su madre y hermanos al final de la Primera Guerra Mundial. 
Lo que bien podría ser una autobiografía más, costumbrista y sin demasiada originalidad, se convierte, por el arte de una prosa lírica, evocadora y descriptiva, en un viaje en el tiempo por los paisajes, la gente y las costumbres que vivió Laurie Lee y del que hace participar al lector de una manera tan sugerente que la experiencia lectora casi se transforma en experiencia vivida.
Leyendo "Sidra con Rosie" nos vemos sumidos en el mundo de Lee y participamos plenamente de él. Nos despertamos y desayunamos en la cálida cocina de su hogar, compartimos charla y risas con su numerosa familia, lo acompañamos en sus correrías por los bosques, sentimos el intenso frío del invierno y contemplamos los cambios de la naturaleza a través de las estaciones. Acudimos a la iglesia, cantamos villancicos, aprendemos a volver a observar el mundo que nos rodea con ojos de niño, y vamos creciendo con él hasta llegar a la adolescencia y a lo que eso supone.
Con este crecimiento personal y con los cambios que empieza a sufrir el pueblo con los primeros avances del progreso, termina este primer volumen de lo que son los tres libros de memorias que escribió Lee. 
Si los otros dos volúmenes están a la altura de "Sidra con Rosie", habremos descubierto ya no solo una gran novela, sino un magnífico escritor.