martes, 30 de enero de 2018

"6oo libros desde que te conocí"

Desde el 22 de noviembre de 1906 hasta el 10 de diciembre de 1931, Virginia Woolf mantuvo un intenso intercambio epistolar con su amigo, el también escritor Lytton Strachey que ahora recoge y publica Jus ediciones en un cuidado volumen titulado "600 libros desde que te conocí", título extraído de una de estas misivas escrita el 22 de octubre de 1915 por Virginia a Lytton, en la que señala: "Creo que he leído unos 600 libros desde que nos vimos. Dime por favor qué mérito le encuentras a Henry James". Estas dos simples frases contienen mucha información sobre esta curiosa correspondencia que tenemos entre manos. Vamos a saborear el intercambio epistolar entre dos grandes amigos que además son dos espléndidos escritores, voraces lectores y críticos muy estrictos.

Pero vayamos por partes. Lo primero que llama la atención de esta obra es su esmerada edición y el equilibrio al que tiende la composición de la obra para que en todo momento, ambos autores tengan el mismo protagonismo. Sería fácil por su popularidad que Virginia Woolf eclipsara en interés a su colega pero esta edición, muy sutilmente, reparte por igual el interés entre ambos escritores.

Cierto que en la portada el nombre de Virginia se antepone al de Strachey y que en la faja que envuelve el volumen, una cita suya va delante, la famosa:  "No hay barrera, cerradura ni cerrojo que se pueda imponer a la libertad de mi mente". Todo un reclamo para los fieles admiradores de Woolf, pero en la contraportada, también Lytton tiene su cita, bajo la que el editor del libro equipara a ambos autores como "dos gigantes de la literatura".

Nada más abrir el volumen, nos encontramos con la reproducción de una carta de Woolf, fechada el 26 de noviembre de 1919 en la que anuncia feliz a su amigo las ofertas recibidas para publicar "Noche y día" y "Fin de viaje", pidiéndole además su opinión y sus posibles correcciones antes de presentar las obras a la editorial.

"600 libros desde que te conocí" se cierra también con la reproducción de otra carta manuscrita, ésta de Lytton a Virginia, del 9 de octubre de 1922, en la que el escritor expresa su admiración por "Jacob", novela de Woolf que ha acabado de leer.

Llama la atención las caligrafías de ambos: pequeña y pulcra la de Strachey, algo más precipitada y con alguna tachadura, la de Woolf. Un buen grafólogo tendría mucho que decir a partir de la letra, de la personalidad de ambos escritores pero con leer su correspondencia, nosotros mismos podremos irnos haciendo una cierta idea de cómo debían ser.

Eruditos, con una completa formación intelectual, contenidos, flemáticamente británicos, tremendamente irónicos; despiadados a veces, compasivos otras; comedidos por educación pero impetuosos y entusiastas por carácter; ansiosos por impregnarse de cultura, de estímulos; mundanos pero a la vez profundos, superficiales en apariencia pero en el fondo, sentimentales. Algo vanidosos pero generosos el uno con el otro, fieles, chismosos y crueles con algún conocido en común (la mecenas Lady Ottoline Morrell es blanco permanente de sus burlas, pero nos consta también que al final de sus días, cuando muchos la abandonaron, Woolf permaneció a su lado), críticos implacables (Virginia no puede ser más expresiva cuando habla del "Ulises" de Joyce: "Jamás había leído una chorrada semejante. Dejemos de lado los dos primeros capítulos, pero el segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto...son como si el limpiabotas del hotel Claridge´s se rascara los granos. Bien puede ser que el genio refluja de pronto en la página 652, pero no lo creo probable"), lectores insaciables y escritores concienzudos y aplicados.

En estas cartas tanto se habla de literatura y teatro, como se cotillea sobre fiestas y amigos, pero sea cual sea el tema en todas las misivas se aprecia la urgencia para que lleguen pronto a manos del destinatario y sean contestadas con presteza. La complicidad entre ellos y la sinceridad con la que escriben hace que, como lectores, pasemos de sentirnos unos intrusos curiosos fisgoneando la privacidad de unas cartas personales, a ser cómplices y partícipes  de una amistad sincera y consolidada que solo llega a truncarse por el fallecimiento de Strachey, el 21 de enero de 1932.
Una última carta de Woolf sin contestar, quizá incluso, sin leer, cierra este intercambio epistolar que nos ha acercado y nos ha permitido conocer a sus autores de una manera más íntima, mucho más  personal de lo que podríamos conocerlos consultando cualquier manual de literatura. 

Al acabar la lectura, tan solo nos queda mirar las fotografías que ilustran el libro y despedirnos de aquellos que a partir de hoy serán un poco como viejos amigos.




Fotografía de Boulevard literario   







domingo, 21 de enero de 2018

La hija de Joyce, Annabel Abbs

Frágil y vulnerable. Lucia. Sueña, vive y respira por y para bailar. Habla poco, pocos son sus amigos, poco su tiempo para salir de fiesta, Lucia tan solo quiere bailar. Su cuerpo esbelto y bien formado se estira y vuela. No hay límites bajo sus pies. Lucia salta, gira, despliega todo su ser y se transforma en movimiento. Lucia es pura danza.

Tiene talento. Ha nacido para bailar y a través del baile se comunica con todos aquellos que la ven, la admiran, la aplauden. Pero el reconocimiento que le llega de amigos y profesores apenas es admitido por su propia familia. Y es que Lucia no forma parte de una familia cualquiera. Ella es Lucia Joyce, "La hija de Joyce", de ese James Joyce, escritor irlandés al que todos admiran y alaban tras publicarse su escandaloso "Ulises".

"¿Qué se siente al ser la hija de un genio?", le pregunta Zelda FitzGerald al coincidir con ella en una academia de baile. Perplejidad. "Está bien... en general", apenas acierta a responder Lucia, pero sabe que su vida no es ni va a ser fácil. Como tampoco lo fue la de Zelda que vivió, enloqueció y murió a la sombra de su marido, sin llegar nunca a desarrollar plenamente el gran potencial artístico que tenía como bailarina, pintora y escritora. 

Obra excelentemente documentada, sobre todo a partir de la biografía "Lucia Joyce: To Dance in the Wake" de Carol Loeb Schloss, en "La hija de Joyce" publicada por Galaxia Gutenberg, Annabel Abbs novela la vida de esta muchacha de apariencia dulce, acomplejada por un ojo estrábico y quizá, acomplejada más aún, por el peso de su apellido. Su padre la adora, la considera su musa, su inspiración y por eso la sobreprotege y la ahoga en un exceso de amor, de posesión o tal vez de egoísmo enfermizo. Su madre Nora no parece quererla, prefiere a su otro hijo Giorgio, quizá por celos, por tener que compartir la atención con ella por su idolatrado Joyce. Y Giorgio, el hermano al que estuvo muy unida en la infancia, acabará convirtiéndose en su máximo detractor, decidiendo su futuro y su destino, un destino trágico, injusto, tristísimo, minuciosamente desgranado en las páginas de esta novela con la que debuta con gran acierto Annabel Abbs. Especialmente bellos y conmovedores, magníficamente escritos son los últimos capítulos de esta novela, del 18 al 21, y muy interesantes el Epílogo, Nota histórica y Posfacio finales para completar esta historia ya de por sí narrada por la autora  con brillantez y minuciosidad, pero que a medida que la trama avanza hacia el desenlace final intensifica estilo y recursos hasta bordar la narración.

Lucia, veinteañera soñadora de mirada ingenua y perdida, solo anhela que la dejen bailar, que la dejen expresar con absoluta libertad todo lo que lleva dentro, lo que ella es de manera inherente, instintiva y visceral: bailarina, acróbata de coreografías imposibles mediante las que expresa sus más íntimos sueños y deseos, versiones oníricas de lo que ve y siente cada día. Lucia insiste y reclama una y otra vez que la dejen bailar, que la dejen vivir su vida a su aire, que la dejen volar...pero los Joyce no están dispuestos a permitirlo y con su intransigencia precipitarán el principio del fin, una carrera truncada y una vida desgraciada abocada a la locura que tendrá otro desencadenante: el amor frustrado que siente Lucia por otro escritor irlandés como su padre, Samuel Beckett.

Sin ninguna duda la historia de la literatura reconoció el brillante talento de estos dos grandes autores, Joyce y Beckett, cuya obra ha sido y sigue siendo reconocida y leída a través del tiempo. Pero si la literatura ganó dos grandes escritores, la danza posiblemente perdió uno, Lucia. No dejemos de leer su historia porque al menos en nuestra imaginación podremos hacerla bailar eternamente. 




Fotografía de Boulevard literario  


domingo, 17 de diciembre de 2017

"Las mujeres y la literatura", Virginia Woolf

Nació en 1882, en un Londres victoriano en el que las mujeres empezaban a luchar y a ganar sus derechos. Ni fue rápido ni fue fácil, pero ella pudo ser testigo y partícipe de los cambios sociales que irían marcando el camino para la emancipación de la mujer y que abrirían las puertas a su realización personal y laboral, más allá de la familia y el hogar.
Ella fue una privilegiada. Aun cuando no pudo acceder a la universidad como sus hermanos varones, recibió una esmerada y completa formación en casa y tuvo acceso a la magnífica biblioteca particular de su padre, prestigioso hombre de letras que reunía en su casa amistades de la talla de Henry James o Ralph Waldo Emerson entre otros. 
Pero además, cuando ella y sus hermanos abandonaron el hogar familiar, tras la muerte de sus padres, para instalarse en una vivienda muy cerca del Museo Británico, fueron creando su propio círculo de amigos artistas e intelectuales que, contraviniendo los preceptos victorianos, constituirían el que fue conocido como Círculo de Bloomsbury.
Muchos habréis ya adivinado que hablamos de una joven de mirada azul algo triste y porte lánguido que empezó muy joven a dar sus primeros pasos en el mundo de la literatura y que llegó a convertirse con el tiempo, en una de las más grandes escritoras de la historia: Virginia Woolf.

Miguel Gómez Ediciones acaba de publicar un interesante libro de ensayos titulado "Las mujeres y la literatura" que recoge una selección de textos en los que la espléndida escritora británica reflexiona en torno a la escritura, al papel de la mujer a lo largo de la historia de la literatura, analizando su situación en el momento en el que ella escribe y prediciendo el posible futuro de las escritoras que, valorado a día de hoy no resulta para nada desacertado.

Para cualquier amante de la literatura, leer buenos ensayos sobre la materia, o aproximaciones biográficas de escritores (ya sean conocidos o los descubramos gracias a estos textos) siempre es una gratificante lectura que sin duda, nos aportará nuevos conocimientos. Si además, los ensayos en cuestión están escritos con una calidad narrativa de manera que pueden ser leídos como artefactos literarios por sí mismos, la experiencia lectora será incuestionablemente, mejor. Y si la autora de la obra es la magistral e inolvidable Virginia Woolf, la garantía que tenemos entre manos una auténtica joya es irrebatible.

En poco más de 170 páginas, cuidadosamente editadas, tenemos a nuestro alcance una selección de 7 ensayos en los que Woolf reflexiona sobre su propia aventura como escritora y el periplo de sus contemporáneas para realizarse en el mundo de las letras:

"...cuando empecé a escribir, encontré pocos obstáculos materiales en mi camino. La literatura era una ocupación reputada e inofensiva. La paz familiar no se quebraba por el rasguño de una pluma. No se requería dinero del bolsillo familiar. Por diez chelines y seis peniques uno puede comprar el papel suficiente para escribir todas las obras de Shakespeare, por si alguien tiene en mente hacerlo. Un escritor no necesita pianos ni modelos, París, Viena ni Berlín, maestros ni maestras. El hecho de que el papel para escribir sea barato es la razón por la que las mujeres han triunfado como escritoras antes que otras profesiones".

Sobre la creación literaria en general:

"Siempre resulta indiscreto hablar de los sentimientos. ¡Cómo prevalecen, cómo impregnan nuestras relaciones! Al subir a un autobús nos gusta el revisor, en una tienda podemos sentirnos atraídos o no atraídos por la joven que nos atiende, a lo largo de los trayectos y en el día a día, nos guste o no, hacemos lo que nos place y toda nuestra jornada se ve teñida o impregnada por los sentimientos. Y así debe ser con la lectura. El crítico podrá abstraer la esencia y deleitarse en ella sin perturbarse, pero para el resto de nosotros hay algo en cada libro -sexo, carácter, temperamento- que, al igual que en la vida, puede despertar afecto o rechazo, puede persuadirnos y perjudicarnos, e incluso puede resultar difícil de comprender."

Sobre el futuro de las mujeres escritoras:

"... si podemos hacer una predicción, diremos que en el futuro las mujeres escribirán menos pero mejores novelas, y no solo novelas, sino también poesía, crítica e historia. Pero para estar seguros, debemos mirar hacia esa, quizás fabulosa, edad de oro en la que la mujer tendrá aquello que le ha sido negado durante tanto tiempo: tiempo libre, dinero y una habitación propia"

Completándose estos ensayos con 18 esbozos biográficos de distintas literatas , anteriores a Woolf , unas, y contemporáneas otras que ilustran de manera muy acertada las teorías que postula la autora en sus artículos.

"Las mujeres y la literatura", ilustrado además con unas estupendas fotografías digitalizadas, da una completísima visión por parte de Virginia Woolf del papel de la mujer escritora y su futuro, y despliega ese maravilloso estilo cargado de ironía pero siempre extremadamente educado, esa réplica sutil y elegante que caracterizó a la escritura de Woolf.
Una obra sorprendentemente profética por lo que puede comprobarse hoy en día y que, como una bocanada de aire fresco, anima a seguir adelante en el camino por el reconocimiento de la vocación artística de todo individuo más allá de su sexo.
Una  autora, que por sus planeamientos y su decidida carrera literaria, tenemos la obligación de recordar con gratitud y tener siempre como referencia. 
Un volumen que a partir de hoy mismo formará parte de nuestra biblioteca personal, más preciada y valiosa. 





Fotografía de Boulevard literario       


lunes, 4 de diciembre de 2017

La profunda sencillez de Elizabeth Strout

Septiembre de 2016. La mesa está preparada. No es muy grande, el tamaño justo para que quepan apilados, ejemplares traducidos al catalán y al castellano de la novela "Me llamo Lucy Barton" y algo más de espacio para que su autora pueda sentarse a firmarlos. 

Estamos en la librería Laie de Barcelona, en cuya planta superior Elizabeth Strout está atendiendo a la prensa. Cuando termine, bajará a dedicar su libro a quién lo desee. Poco a poco se va formando una cola de lectores, la mayoría mujeres, que esperamos impacientes a esta estupenda escritora norteamericana que se hizo famosa en nuestro país con la brillante "Olive Kitteridge" y que ahora nos ha vuelto a seducir con "Me llamo Lucy Barton" publicada por Duomo Ediciones.

Sencilla y discreta, Strout toma asiento y sonríe. Gracias a la traductora que la acompaña, todos tenemos la posibilidad de comunicarnos con ella. Atiende a cada uno de nosotros sin prisa, con un gesto cálido y sin perder la sonrisa. Cuando llega mi turno le cuento que admiro su obra desde que la descubrí con "Amy e Isabelle" a la que siguieron, "Los hermanos Burgess", "Olive Kitteridge" y ahora "Me llamo Lucy Barton". Strout abre los ojos sorprendida de que haya leído toda su bibliografía y se muestra alegremente agradecida. "Admiro su habilidad por convertir en universal lo más cercano a usted, esa capacidad de contar lo más simple y cotidiano, lo más dramático y terrible y hacerlo llegar al corazón de lectores de todo el mundo. Su humanidad, su profunda sencillez narrando. Muchas gracias por escribir como escribe". Algo así surge atropellado entre mis labios cuando me está firmando el libro, ese que me devuelve dándome a mi las gracias por leer su obra que espera siga leyendo y deseándome, inmortalizados en tinta azul, "my warmest wishes".

Ha pasado un año desde entonces y aquí estoy, con su última novela recién leída y una vez más, disfrutada. Duomo Ediciones nos vuelve a traer a Strout con "Todo es posible" en la que volvemos a encontrarnos con el universo de Lucy Barton  pero esta vez, a los ya conocidos se sumarán  nuevos personajes, nuevas situaciones, más historias y más intensas. La trama de "Todo es posible" se amplía y diversifica respecto a la obra anterior. Si en "Me llamo Lucy Barton" las protagonistas principales eran madre e hija y la narración giraba entorno a su reencuentro en el hospital y la compleja relación entre ambas que se va descubriendo a lo largo de las visitas de Lucy a su madre, hospitalizada, ahora, en "Todo es posible", los recuerdos y los personajes de los que madre e hija hablaban en el hospital se convierten en los protagonistas de la trama, que en realidad es una suma de subtramas porque la historia se ramifica con las múltiples historias de cada personaje. De hecho, aunque reaparece Lucy en escena, lo cierto es que no hay protagonistas principales y secundarios. Esta vez, todos actúan a un tiempo, todos tienen la misma relevancia y aportan por igual contenido al texto.
Como ocurría en "Olive Kitteridge", los capítulos gozan de una autonomía que permitirían leerlos como relatos independientes, pero leídos en conjunto es cuando alcanzan esa fantástica magnitud de novela, de fresco variopinto y sorprendente, lleno de matices y facetas que vale la pena leer en su totalidad.

Strout tiene la fascinante habilidad que caracteriza a los buenos narradores de historias, esa profunda sencillez que le permite escarbar en las más hondas miserias de sus personajes y sacarlas a la luz, sin sentimentalismos pero también sin dramas. En "Todo es posible", y en general, en toda la obra de Strout no se regalan los oídos a nadie, se cuenta lo que se suele esconder, sin concesiones a dulcificar lo más crudo pero sin recrearse en el dolor ni las tragedias cotidianas. Con un estilo austero, directo, natural y fluido, las historias se van desarrollando ante los ojos del lector que, aun alejado de ese entorno rural del Medio Oeste norteamericano en el que siempre localiza Strout sus novelas, empatiza y conecta con sus protagonistas. No hay más secreto que esa profunda sencillez de su autora, que una vez más se despliega en esta maravillosa novela que en el fondo, pese al tono agridulce que la caracteriza, contiene un mensaje esperanzador : "todo es posible para todos". Lean y entenderán...



Fotografía de Boulevard literario 


lunes, 27 de noviembre de 2017

Con rabia, Lorenza Mazzetti

Viste pantalón y jerséis grises de punto grueso, amplios y superpuestos; gorra y bufanda granates que abrigan un rostro arrugado, una sonrisa traviesa, unos ojos escondidos tras enormes gafas de vistosas monturas de color. Se quita la gorra y revolotean rebeldes, unas ondas de un rubio muy claro, casi blanco. Ha cumplido ya 90 años pero mantiene el porte, la mirada y la frescura de la niña que fue algún día, de la adolescente rebelde y dolida que protagoniza esta novela que acabamos de leer, publicada por la Editorial Periférica y cuyo título dice mucho del estilo y la manera en que está escrita: "Con rabia".
¿Y por qué con rabia si parece adorable esta viejecita que hemos encontrado en la red buscando información sobre la autora? Pues porque, como todos, Lorenza Mazzetti tiene una historia, pero en su caso, tan terrible y dramática que no es de extrañar que la haya convertido en testimonio literario desde la más profunda y exacerbada rabia.

Tras quedar huérfana, Lorenza fue adoptada junto a su hermana gemela por sus tíos: Nina Mazzetti y Robert Einstein (primo del famoso científico Albert Einstein) que ya tenían dos hijas. Junto a ellos, las hermanas Mazzetti vivían tranquilamente en Florencia hasta que la SS irrumpió un día en su hogar, asesinando a los tíos y a sus hijas, ante los ojos de las dos adolescentes a las que dejaron vivir.
¿Se puede seguir adelante con la propia vida arrastrando una experiencia así? ¿Cómo pueden gestionarse las consecuencias de tan terrible trauma cuando se es apenas una niña? Sea como fuere, Lorenza siguió adelante y es posible que, años más tarde, se sirviese de la literatura como ejercicio catártico para conjurar demonios, sanar heridas y pasar página, sin olvidar nunca el pasado pero mirando hacia un futuro mejor.

"Con rabia" es pues, una novela con un doble valor: el estrictamente literario y el testimonial. Es un texto autobiográfico pero pasado por el cedazo de la creación artística por lo que el resultado es una narración que rebosa autenticidad y que está escrita, aparentemente, de manera muy directa y natural, aunque a medida que avanzamos en la lectura, se observa un estilo cada vez más literario, más trabajado e incluso poético, de manera que en los últimos capítulos de la novela se suceden pasajes en los que lo onírico y el recuerdo se entremezclan con la realidad más inmediata y se resuelven con un gran poder evocador.

Lorenza Mazzetti, a través de la protagonista, Penny, habla con la voz de la adolescencia más auténtica, más apasionada y visceral que se pueda imaginar. Penny se cuestiona una y otra vez, el entorno histórico, social y cultural que le ha tocado vivir. Se rebela, furiosa, contra los convencionalismos, contra el papel que se atribuye a la mujer italiana de la época, contra el matrimonio, la religión, el pensamiento y la literatura vigentes en la Italia de posguerra. Se muestra inquieta y sumamente curiosa por todo lo que acontece a su alrededor, ya sea, en materia sexual como filosófica, lo que la lleva a buscar experiencias por un lado y a reflexionar y debatir sobre el sentido del Bien y del Mal, por otro.

Penny ha crecido con una carga muy pesada a sus espaldas, el drama de haber visto morir a su familia asesinada a manos de los nazis y el dolor por esas muertes, el recuerdo de su ausencia y de manera lacerante, el peso de haber sobrevivido y la idea recurrente de venganza. Penny siente que ha de tomar decisiones y actuar en consecuencia, siente que debe algo a sus muertos pero desconoce qué decisiones tomar y qué camino ha de seguir lo que le genera una angustia permanente, una rabia contenida que de vez en cuando, explota.

No cabe duda que a Penny/Lorenza la empuja a vivir esa rabia con la que se enfrenta al mundo, con la que a veces se comporta en su entorno más inmediato, buscando la discusión y la polémica con Elsa, la vieja cocinera de la familia; con Baby, su hermana o con sus amigas. Penny siente tanto y de manera tan intensa que el corazón se le desborda y se relaciona con torpeza y brusquedad con aquellos que más quiere. Algo bulle en su interior y no logrará canalizarlo hasta el final de la novela, un final que obviamente no desvelaremos y que cada uno interpretará como mejor le parezca, pero seguro que todos los lectores coincidiremos en que es un broche final con el que su autora desarrolla en la imaginación su más anhelada venganza y que posiblemente, en la realidad la ayudara a seguir adelante...




Fotografía de Boulevard literaria 




lunes, 20 de noviembre de 2017

Inmersión, Lidia Chukóvskaia

"Estamos en febrero de 1949. Nina Sergeievna, escritora y traductora, es uno de los privilegiados a los que la Unión de Escritores ha concedido un mes de descanso en el campo, lejos de la oscura y ominosa capital, Moscú. Oficialmente, se supone que debe descansar o trabajar en sus traducciones, pero lo que hace, en realidad, es reflexionar sobre la desaparición de su marido durante las persecuciones estalinistas de 1938, para liberarse así, al menos en parte, de su propia pesadilla. En una casa de campo finlandesa, en mitad de bellísimos paisajes nevados, Nina se sumerge en su historia mientras convive con otros traductores, autores o cineastas, más vinculados al régimen que ella."

"Inmersión" de Lidia Chukóvskaia publicada por errata editorial es un duro texto de denuncia, la de la persecución política que sufrieron en los años 40 muchos intelectuales de la época por parte del régimen estalinista, y que acabó con la supuesta desaparición de muchos de ellos, lo que en realidad fue su inmediata codena, ejecución y muerte, encubierta por el régimen ruso.
Lidia Chukóvskaia escribe para recordar y para que nadie olvide, pero lo hace con una novela que trasciende mucho más allá de la simple denuncia, finalidad que por si misma y en exclusiva sería perfectamente legítima y respetable, pero en este caso, el texto se viste y arma con un estilo tan limpio, preciso y contenidamente poético que se transforma en un bellísimo artefacto literario.

A lo largo de la lectura se van desplegando todas las dimensiones y facetas del texto: novela de denuncia política sí, pero también novela autobiográfica, pues la protagonista, la joven escritora y traductora Nina, tiene mucho en común con la autora. Desconocemos cómo sería Chukóvskaia pero Nina se nos presenta más bien huraña, no especialmente simpática, introvertida y reservada pero acabará ganando nuestros corazones por su franqueza y sus nobles principios, por una autenticidad de carácter y de ideología, una pureza de sentimientos y una sensibilidad tan especial que la convierten en un personaje entrañable, una mujer que se encierra en su mundo interior, tremendamente herida por la pérdida de su esposo, en supuesto "paradero desconocido" y que trata de recomponer sus recuerdos y los pedazos que quedan de su pasado a fin de perpetuar su memoria a través de la escritura. Y con este objetivo, se abre otra línea temática en la novela: el poder de la literatura para preservar la memoria.

Buena conocedora de la literatura de su país, Chukóvskaia enriquece la trama con numerosas referencias, fragmentos y reflexiones literarias, a menudo puestas en boca de personajes que discuten y plantean cuestiones tan interesantes como el reconocimiento o la condena al ostracismo de determinados autores rusos o el papel artístico, político o social que debe desempeñar la literatura.

La novela le sirve a su autora pues, como vehículo para hablar de política, de literatura...pero lejos de ser un ensayo, también construye una novela de sentimientos, de análisis psicológico de los personajes, pues, todos ellos, desde la superficial casera hasta los escritores que conviven con Nina en su retiro son retratados con escrupulosa intensidad, revelando todos y cada uno de ellos sus más íntimos dramas personales que arrastran y esconden tanto como les es posible pero que en determinadas situaciones salen a la luz con lo que se demuestra que nada es tan simple como a veces pueda parecernos. 

A destacar también la estructura narrativa de la obra que avanza con un tempo muy marcado, no solo porque la novela está escrita en capítulos que corresponden a las distintas jornadas que Nina pasa en la casa del bosque, lo que le confiere ya una estructura de diario, sino que además parece que al ir leyendo sentimos una cadencia suave y constante que se corresponde a la rutina diaria de la protagonista. Cada capítulo empieza con un nuevo día, con una mirada de reconocimiento desde la ventana de la habitación de huéspedes al exterior, a ese paisaje frío, nevado, esos abetos que Nina busca cada mañana tras el cristal de su ventana. Una naturaleza helada y silenciosa que atrae e invita a la joven cada nueva jornada a hacer largos paseos que la estimulan y le dan la fuerza necesaria para recluirse después en su habitación y llevar a cabo su propósito: esa "inmersión" a la que hace referencia el título de la novela y que es esa búsqueda de recuerdos del pasado con los que reconstruir su propia historia y por extensión la de miles de compatriotas suyos exterminados por la política de Stalin. 

"Un libro...Reposará en una estantería junto con otros, lo tomarán en la mano, lo hojearán, lo volverán a poner en su sitio. Le quitarán el polvo, el polvo que cubrirá el silencio de esta hora, y de este lugar, un silencio a través del cual regresaron a mi la voz de Aliosha y los llantos de la pequeña Katiusha...
Ese libro era yo, mi corazón angustiado, mis recuerdos que nadie podía ver, como no es visible, por ejemplo, una migraña o ese punto doloroso en mi ojo, pero se transformaría en papel, en páginas encuadernadas, en una novedad editorial y, si era capaz de acometer una inmersión audaz, en la nueva alma de alguien. Al crearla, esa alma estaría impregnada de la voz de Aliosha y de los llantos de Katia(...)
No, nadie consentirá que mis recuerdos se conviertan en libro. Ni se lo permitirán a la pregunta que me carcome.
¿Para qué, pues acometo esta inmersión?
Quiero encontrar a mis hermanos, si no ahora, por lo menos sí en un futuro.
Todo lo que vive necesita fraternidad, y yo también la busco. Escribo un libro para encontrar a mis hermanos, aunque sea en un porvenir desconocido."

Ese es el objetivo de Nina, de Lidia, ese es "Las farolas del puente" o "La hija", ese conmovedor relato que aparece finalmente dentro de la novela y que aun no tiene título decidido pero si un fin muy concreto. Un juego de metaliteratura, una historia dentro de una historia que también es autobiografía y que, oculta entre las páginas de un diario conseguirá perpetuar un testimonio dramático para que no se pierda en la memoria y desde luego, en nuestra memoria, "Inmersión" quedará para siempre...






miércoles, 15 de noviembre de 2017

"Jacob, Jacob" , Valérie Zenatti

Hay algo tan íntimo, tan visceral, tan sentido en la escritura de Valérie Zenatti que nos hace pensar, a medida que vamos leyendo "Jacob, Jacob", recién publicada por Armaenia Editorial, que la historia le es a su autora muy cercana. Quizá se la haya contado alguien, quizá los personajes que cobran vida en las páginas de esta obra fueron antepasados suyos, porque si no es así ¿de dónde sale ese sentimiento tan cercano de empatía, esa capacidad tan tremenda de dotar de vida plena a unos personajes supuestamente ficticios?, ¿cómo puede alguien contar una historia como la que nos cuenta Zenatti sin que corra por sus venas la sangre de todos esos hombres y mujeres que viven, luchan, padecen y mueren arrastrados por las circunstancias históricas del tiempo que les tocó vivir?

"Jacob es un muchacho judío, dulce y alegre, en la Argelia colonial francesa de los años cuarenta. Culto y sensible en un mundo de hombres duros, coléricos e ignorantes, es reclutado en junio de 1944 para liberar a Francia. Los suyos lo ignoran todo de la guerra en la que va a participar. Esa gente modesta, pobre y tosca aguarda con impaciencia el regreso de su hijo pródigo, su orgullo, un valiente y un héroe. Pero también ignoran que pronto los acontecimientos históricos se precipitarán, provocando el destierro de toda la familia."

"Jacob, Jacob" es una narración tan sentida y delicada, y a la vez, tan potente y desgarradora que solo puede brotar de una genética compartida entre la escritora y los protagonistas de la historia, combinada con un espléndido talento literario capaz de transformar la vida misma en pura literatura. 

Tenemos entre manos una historia de esas que no se olvidan, de esas que te mantienen literalmente pegado al sillón de lectura mientras te hacen viajar en el tiempo y el espacio, concretamente, en este caso, a la Argelia colonial de los años 40. El texto te hace vibrar, te hace vivir con los protagonistas sus aventuras, te hace sentir sus miedos, su dolor. Es una lectura que en algún pasaje te oprime de rabia y pena la garganta, que te empaña los ojos de tristeza, que te hace vibrar con el entusiasmo adolescente y te hace sufrir con los temores maternales. Leyendo la novela puedes oler los aromas, ver los colores, sentir las emociones de una tierra lejana y exótica por la que sentiremos la terrible ambivalencia de querer estar y querer huir de ella. Porque mientras dure la lectura, sufriremos pero a la vez disfrutaremos con intensidad de un torrente de imágenes y sensaciones que no dan tregua.

Leer teniendo el alma en vilo, el corazón atenazado en un puño mientras la historia avanza tan soberbiamente narrada que somos capaces de hacer de la lectura una representación cinematográfica en la mente. Es fácil visualizar todo lo que nos cuenta Zenatti en su novela. Es fácil visualizar y conocer a sus protagonistas, ponernos en su piel. Sufrir el dolor de una vieja madre a la que la guerra le arrebata un hijo o el de otra joven madre que pierde un bebé por enfermedad; el dolor de una muchacha que no llegará nunca a ser amada por aquel al que siempre ha amado en secreto, esperando; el miedo de la juventud enfrentada a los horrores del campo de batalla, pero también sentir el deseo, el amor, la amistad, la esperanza...

No es la primera vez, ni será posiblemente la última que leeremos sobre personajes y acontecimientos parecidos, pero Zenatti ha sabido convertir su narración en una pieza de tan pura, trabajada y exquisita literatura que ha conseguido un merecido lugar en nuestra biblioteca personal... y en nuestro corazón.